sábado, 25 de junio de 2016

A doña Josefina




A DOÑA JOSEFINA
VÍCTOR MESEGUER. 
La Verdad, 25 de junio de 2016
La Sra. Josefina es una mujer de edad no inferior a 90 años, que elabora comidas tradicionales a un grupo reducido de privilegiados en su casa, a la que se accede por la puerta de carros y tiene todo el aspecto de haber sido una venta. 

Recorriendo el patio y después de atravesar una estancia se llega al comedor, que tiene una mesa rectangular, diez sillas, una mesa camilla que hace las veces de mueble auxiliar, un sofá de escay y una catalítica para el invierno. Ah, y colgando de las paredes las orlas de sus sobrinas nietas, que todas tienen sus buenas carreras. También tiene una tele nueva, para que podamos ver los partidos de balompié del campeonato de Europa. 

Las viandas son prolijas y copiosas, empiezan con unos entrantes de guarra, lomo de orza, costillas de orza, morcilla, careta… Unas abundantes ensaladas, con unos tomates que quitan el sentido. Después viene el plato principal. Aquí es donde uno rompe a llorar, siendo imposible decantarse por alguna de las especialidades que previamente le hemos encargado a Doña Josefina:  

Atascaburras: Un suave puré de patata, hecho a mano y paciencia, con bacalao, una generosa aportación de un buen aceite de oliva de la tierra, huevos duros de gallina y nueces del terreno.  

Ajo mataero: Una delicia, en la que una vez fritos los tacos de tocino, hígado y asadura de cerdo, se retiran y en ese aceite se cocina miga de pan especiado con pimentón dulce, pimentón picante, clavo, canela, pimienta… Cuando la sémola está hecha se sirve, colocando encima piñones y los trozos de carne de la fritura.

Y muchos más… judías con perdiz, entre cuyos ingredientes siempre te encuentras algún perdigón. Arroz caldoso (que no aguado) con conejo, cuya mejor tajá son las orejas sacadas y peladas del animal. Y gazpachos manchegos, que el que más y que menos lo habrá probado, pero no tan ricos, el asado de cordero (que no de borrego), la olla de cerdo… Entre estos manjares y el postre siempre hay una fuente de costillas de cordero manchego, por si alguien se ha quedado con hambre.

¿Y los postres? Mi delirio son las natillas hechas a la lumbre con huevos de verdad. Después café de puchero y brandy Terry Centenario. Para terminar, rematan unas pastitas y un plato de nueces peladas junto a otro de miel para rebañar los frutos.  Placeres únicos y en vías de extinción…

jueves, 23 de junio de 2016

26j



26j
MADE IN MURCIA
La Verdad, 23 de junio de 2016
Víctor Meseguer
Educador

Óscar Urralburu estaba en el uso de la palabra. Su discurso tenía ritmo y alma. Su tono era suave y refrescante, como la colonia de un bebé. Algunas de sus propuestas me recordaban a los discursos de Felipe González y Alfonso Guerra cuando, enfundados en pana, aspiraban a gobernar las instituciones. Después tuvieron que hacerse cargo del país y el resto ya lo conocen ustedes: OTAN de entrada no y de salida sí.  Las palabras de Óscar no tenían nada que ver con la radicalidad sino con la buena fe de quien no ha perdido la esperanza de transformar las cosas, tirando de todo lo que sea útil para movilizar energías a favor del cambio. Algunas de las cosas que decía no las podía compartir, otras sí. En lo mejor de la intervención… ¡Zas!, mi vecino de butaca me atizó donde más me podía doler: «¡Qué pena que Urralburu no sea el secretario general del PSOE!» Fue un golpe duro. Tardé en reponerme. Al menos 10 segundos. No quería perder ripio de la intervención de Óscar. El hombre no me pareció un militante de “la vieja y vetusta izquierda comunista”.
No. Urralburu siempre fue una persona vinculada al mundo cultural y social del ámbito socialdemócrata, comprometido moralmente con su gente, la nuestra, la que siempre ha querido representar el socialismo democrático. Como líder sindical de los STEs seguro que más de una vez anduvo por los aledaños del PSOE asesorando a los compañeros de la organización sectorial de educación ¿Qué vería él para no quedarse a nuestro lado? Seguro que cosas muy distintas de las que a mí me apartan de la formación morada (Véase Meseguer, V. y Valdés, T. (21 de enero de 2016). Podemos…, pero no queremos. La Verdad, p.33).
No obstante, mi preocupación es otra: ¿Por qué Óscar Urralburu no se quedó en el PSOE? ¿Por qué se fue? ¿Eh? ¿Por qué?
No hace tanto tiempo que los socialistas formábamos un corro muy grande alrededor del fuego de un partido (PSOE) que nos calentaba a todos. De pronto, el fuego empezó a apagarse y los más listos del lugar aplicaron raudos y veloces su solución: en vez de organizar una partida para ir a buscar leña, iban y repartían una mano de cocotazos y apartaban del grupo a los más folloneros y peligrosos. Así el círculo se hacía más pequeño y la lumbre volvía a avivar las sonrientes caras de los supervivientes. Los inventores de tan sublime estrategia la celebraban con grandes risotás. Pero el fuego, una y otra vez, seguía consumiéndose y, una y otra vez, los listos aplicaban su singular remedio… Y el círculo se fue estrechando más y más. Un día, para no aburrirnos, nos cogimos todos de las manitos y dando vueltas a las cenizas nos pusimos a cantar: “Al corro Manolo, mi padre está en los toros, mi madre más allá, que me caigo una culá”. Y echamos muchas risotás y eso.  
Pero… ¿Por qué se fue Óscar? ¿Eh? ¿Por qué? Y muchos más: intelectuales, artistas, emprendedores...  ¿Por qué no vienen o por qué se van? La descapitalización política del PSOE es consecuencia de la pérdida de muchos de sus militantes de antaño, así como de la premeditada ausencia de permeabilidad con los nuevos protagonistas de la innovación política y social. Cerrar las puertas del partido a quienes podían cuestionar el poder establecido ha sido un craso error. Un acto de mediocridad imperdonable. Un ejercicio de autolisis.
Iñigo Errejón afirma que “los comunistas y los socialdemócratas son especies del pasado”, pero a mí me gustaría tenerlo de compañero de partido en el PSOE. Creo que es el político más brillante de la nueva camada política. Como diría Antonio Machado, tiene “…el timbre inconfundible de la verdad humana”. Sus palabras nunca caen en saco roto, brotan y crecen en las cabezas de muchos ciudadanos.   
Decía Salvador Allende que la historia la hacen los pueblos, y la vida del PSOE ha estado siempre ligada a la del pueblo. Esto le ha asegurado más de cien años de historia, atravesada por conquistas sociales conseguidas colectivamente, desde el partido, pero también desde movimientos sindicales, sociales, desde asociaciones de vecinos, desde intelectuales comprometidos; en definitiva, desde y por nuestra gente. Esperemos que este PSOE no pase a ser historia cuando los pueblos y sus gentes (como Óscar) miran ahora hacia otro lado, cansados de esperar que les devolvamos la mirada.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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