viernes, 13 de mayo de 2016

Innovación Social Empresarial



RSC e Innovación Social Empresarial
VÍCTOR MESEGUER
EDUCADOR
Diario “La Verdad, 12 de mayo de 2016

Fue un acto emotivo, cargado de contenidos y simbología. Uno de esos espacios improbables de los que habla Marchioni. Los allí presentes llegaban de sitios muy distintos: unos venían del gobierno, otros de los partidos políticos y los sindicatos, también había un grupo muy significativo de miembros del tejido empresarial y la economía social; tampoco faltaron de las universidades, los medios de comunicación y, por supuesto, la gente del tercer sector de lucha contra la pobreza y la exclusión, así como de atención a personas con capacidades diferentes. Un amenazante cielo gris cubría el jardín del Claustro de los Jerónimos… ¿Y qué hacíamos allí? Esperar la lluvia (que era lo único que no podíamos planificar) e iniciar una alianza para construir juntos pensamiento, innovación social y proyectos compartidos vinculados al territorio. 
En el ambiente se mascaba una pregunta: ¿Cuáles son las razones por las que un joven que acaba de terminar la carrera universitaria y quiere entrar en el mundo laboral debe darle importancia al concepto Responsabilidad Social Corporativa?
1.       Responsabilidad: La RSC busca que las organizaciones y personas se preocupen por algo más que la mera consecución de beneficios económicos. Los recién ingresados en el mundo laboral tienen que procurar comportarse con responsabilidad, puesto que deben saber que su desarrollo profesional dependerá de la medida en que los demás perciban que les preocupa algo más que el salario.
2.       Sostenibilidad: El mundo de la RSC es el mundo de la sostenibilidad entendida como la búsqueda del desarrollo de las personas y organizaciones a largo plazo. Los recién ingresados en el mundo laboral –si quieren desarrollarse en sus organizaciones- deben preguntarse de qué forma pueden contribuir a que su organización sea sostenible, porque su crecimiento, empleabilidad y desarrollo profesional está indisolublemente unido al desarrollo y crecimiento sostenible de su organización.
3.       Visión y sentido: Las organizaciones y las personas necesitan tener un sentido para seguir ligados a los demás. Sólo las organizaciones preocupadas y ocupadas en conocer el impacto de sus acciones en las personas y comunidades son capaces de procurar un sentido a largo plazo a sus clientes y trabajadores. Los recién ingresados en el mundo laboral se sentirán más comprometidos con los fines de su organización si esta les reporta un sentido de trabajo basado en la responsabilidad de “hacer mejor para todos”, y al mismo tiempo ellos mismos también sabrán “para qué” trabajan.
4.       Reputación: El principal valor de las empresas es su reputación y credibilidad. Sólo sobrevivirán a largo plazo aquellas organizaciones con reputación. La reputación, imagen o credibilidad es la confianza que despiertan las personas y organizaciones en los demás: sólo si existe confianza existe relación a largo plazo. Los recién ingresados en el mundo laboral tienen que considerar de qué modo pueden ellos contribuir a que su organización sea percibida como más confiable; esto implica que son ellos mismos los primeros que tienen que ser apreciados como confiables por sus compañeros y por los clientes.
5.       Medio ambiente: La conservación del medio ambiente es ya uno de los puntos clave de nuestro tiempo. Lo que antes era visto como infinito hoy es observado como escaso y, en consecuencia, como valioso. Esta lógica está ya presente en las empresas de vanguardia, que mediante sus políticas ambientales vinculadas a la RSC buscan profesionales que atiendan a todas las repercusiones ambientales generadas por su actividad.
6.       Futuro: El futuro está por llegar, pero sólo se puede concebir en el siglo XXI desde el nosotros. La RSC aporta a los trabajadores, y sobre todo a los recién ingresados en el mundo laboral, un nosotros que les permite trabajar en equipo, innovando con los demás, aportando y compartiendo, creando nuevas formas de satisfacer las necesidades y expectativas de todos a los que sirven.
La RSC es el distintivo de todos aquellos que quieren aprovechar las oportunidades que ofrece un mundo cambiante, complejo, lleno de riesgos, pero también de oportunidades de crecer y aportar.
Al final no llovió. Hasta hubo momentos de un sol radiante que iluminaba los muros del claustro. Hablamos de muchas cosas, también de responsabilidad social universitaria, o lo que es lo mismo, de docentes que no sólo forman médicos, psicólogos o economistas, sino también personas: libres, con sentido crítico y comprometidas, a sabiendas de que los sueños se hacen realidad cuando pasión y profesionalidad van juntos.
Conforme caía la tarde una suave brisa nos envolvió como regalo de despedida. Nos fuimos con la satisfacción del deber cumplido: la presentación a la sociedad de la Cátedra Internacional de Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad Católica de San Antonio, que yo tengo el honor de dirigir. Gracias.


sábado, 7 de mayo de 2016

A mi madre...



LA COCINA DE LA JUANCHINA
Víctor Meseguer
La Verdad, 7 de mayo de 2016
Vicepresidente de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia
Arroz con leche, ¡qué bueno que está! pasan las cabras y no me dan… Al salir de la escuela parroquial, todos los días sacaba a pastorear a mis tres cabras. Al regresar a casa, visitaba el gallinero y recogía los huevos que habían puesto las gallinas e investigaba nuevos nidos en el huerto, para evitar que las muy tontas se pusieran cluecas (ya saben, les sube la temperatura corporal, dejan de poner y se asientan a empollar como si no hubiera mañana) ¡Qué tiempos tan felices!  
A mi madre se le ocurrían muchas cosas para cocinar aquellos manjares. Por las mañanas, sopas de pan duro con leche caliente (a la que yo le retiraba la fina tela de nata que criaba) y café de malta; en San José, buñuelos; el día de Todos los Santos, gachas con arrope… Y muchas delicias más: paparajotes, flanes de huevo al baño maría, pastel de manzana, etc. Mi debilidad era el bizcocho que hacía en la olla horno, que tras bañarlo toda una noche en agua de almíbar embadurnaba con crema pastelera por dentro y chocolate por fuera.  Lo guardaba en el trinchante y yo me levantaba por las noches para darle una vuelta.  También usábamos la leche como ingrediente base para el remedio de las fiebres. La receta era muy simple: un tazón de leche, con un par de yemas de huevo, azúcar al gusto y un buen chorro de brandy Soberano ¡Es cosa de hombres! Será por eso que mi padre se lo tomaba, aunque no tuviera calentura.
Pero el postre estrella para mis hermanos (Pepito y Jesusín) era el arroz con leche. Mi madre lo preparaba en la cocina de butano que había sobre el poyo de la hornilla. Primero ponía la cazuela al fuego, echaba el arroz y lo cubría con agua para que –según me decía- se hinchará antes de agregarle la leche. Después echaba la leche, un trozo de corteza de limón, una ramita de canela y esencia de vainilla y lo removía con un cucharón de madera para ayudar al arroz a soltar el almidón.  A continuación, añadía un poco más de leche y el azúcar, hasta que ella consideraba que estaba hecho.
La leche, los huevos, la matanza, pollos y gallinas constituían la fuente proteínica de la familia. Muy de tarde en tarde, los domingos y otras fiestas de guardar, entraban otras carnes en la fresquera.  ¡Qué maravillosos tiempos aquellos!

domingo, 1 de mayo de 2016

LA CORPORACIÓN



LA CORPORACIÓN
Diario “La Verdad”, 27 de abril de 2026
Víctor Meseguer
Educador
Si los científicos de Greenpeace no se equivocan, nuestros hijos tendrán que bucear para avistar algunas zonas de La Manga del Mar Menor. La subida del nivel del mar anegaría gran parte de la lengua de tierra que separa el Mar Menor del Mediterráneo. Si pasamos de los efectos a las causas, descubriríamos que 90 empresas transnacionales lideran la emisión de dos tercios de los gases de efecto invernadero que amenazan con cambiar el mundo.
Es significativa y relevante la profunda desvinculación social, cultural e histórica existente entre las grandes corporaciones transnacionales y el territorio donde sitúan sus actividades económicas, con un objetivo de generación de plusvalías que no revierten sobre el propio territorio, ni sobre las personas que lo habitan. Empresas transnacionales que se ubican donde detectan una veta de valor y que se marchan cuando la veta se ha agotado.
Es necesario marcar la diferencia entre un balance empresarial positivo basado en el mero crecimiento económico, de aquel que se basa en el desarrollo sostenible. Para ello es preciso avanzar hacia una nueva conceptualización de territorios socialmente responsables, considerados como aquellos donde las personas, las instituciones, las organizaciones y las empresas que se sitúan en su seno apuestan por un modelo de desarrollo integrador, sostenible e inteligente, incorporando de forma equilibrada y voluntaria los diferentes retos y objetivos que se presentan a nivel social, económico, cultural y medioambiental. Se hace necesario propiciar, impulsar y liderar, desde el gobierno local, la colaboración y la relación entre los actores diferentes, la participación e implicación de la ciudadanía y del conjunto de actores sociales presentes en el territorio en el abordaje de los retos que afectan colectivamente a ese territorio, apostando por la ciudadanía, la igualdad, la diversidad, la gobernanza democrática, la cohesión social, la pertenencia y la convivencia como objetivos.
Supone otra forma de gobierno, un gobierno relacional, superador e integrador del normativo, del facilitador y prestador de servicios. Supone una nueva cultura territorial, un nuevo modelo empresarial, un nuevo modelo de organizaciones sociales y, por consiguiente, un nuevo modelo de gobernanza territorial, a la vez que de gobernanza global.
Para su consecución habría que superar el déficit de control social de las actuaciones de las empresas sobre el territorio y el medio ambiente, reflejado en continuas renuncias de las organizaciones que vertebran política y socialmente a la ciudadanía, a cambio del empleo o pan para hoy...
Si queremos avanzar en la capacidad de ejercer el control social se hace necesario avanzar en la construcción de una ciudadanía cívica capaz de generar pensamiento propio, así como cauces de participación en la gestión de los asuntos públicos.
Cuando los individuos pierden la referencia con su entorno, considerando sus intereses particulares y su propio bienestar por encima de los intereses comunes y comunitarios, estamos ante un modelo social enfermo que requiere actuaciones de urgencia.
El status de ciudadano o ciudadana en un Estado democrático ha de incluir la participación en la vida pública, la capacidad de ejercer un nivel de control social sobre la actividad de las empresas y su impacto en el territorio.
Se podría afirmar que al poder económico y a las empresas transnacionales les pudiera interesar la existencia de sociedades con altos niveles de inopia intelectual, así como de exclusión social en el territorio donde intervienen a nivel económico. De esta forma evitarán la capacidad de control social del impacto de las actividades económicas sobre el territorio, promocionando una aparente actividad social en clave de Responsabilidad Social de la Empresa, basada en un mero asistencialismo social que solo provoca dependencia y pérdida de autonomía en la población, incapacitando el empoderamiento de la ciudadanía, la participación social y, por tanto, la capacidad de defensa de sus intereses comunitarios vinculados con el territorio. Las empresas transnacionales necesitan mano de obra, no cabezas que piensen, ni ciudadanía que controle.
Se constata la necesidad de caminar hacía un nuevo modelo de Gobernanza Global, incorporando a la gestión de los poderes públicos, de las empresas, de las organizaciones y a los procesos de toma de decisión de los principios de apertura participación y corresponsabilidad; apostando por una nueva forma de gobiernos, distinta al modelo de control jerárquico, caracterizado por un mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los diferentes actores sociales, empresas, ONGs, sindicatos, universidades, etc., en el marco de redes de cooperación mixtas entre lo público y lo privado, que apuesten por la identificación y preservación del bien común.
Ya lo dijo Al Gore: “Es la falta de participación pública lo que proporciona poder a los corruptos”.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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