viernes, 15 de abril de 2016

THE PANAMA PAPERS



LOS TAPADOS DE PANAMÁ
Víctor Meseguer
Educador
Diario “La Verdad” 15-04-2015
Con tantos trajines en mi vida no tengo tiempo ni para escribir este artículo, así que le he pedido a un amigo mío bastante quisquilloso que se invente uno para esta sección. Él es periodista de investigación.  Ahí va y que sea lo que Dios quiera.
Cuando en los medios de comunicación aparece un escándalo, todos nos escandalizamos.  Parece una perogrullada, pero no lo es: la cosa existe aunque no se publicite, pero sólo nos llevamos las manos a la cabeza cuando alguien decide que ocurra.
Y todo esto va por lo de los famosos Papeles de Panamá. Diciéndolo de otro modo, lo preocupante no es que existan los paraísos fiscales sino, 1º) que se les deje existir, y 2º) que nos escandalicemos que existan y alguien los utilice.  La famosa escena de “Casablanca”, cuando el jefe de Policía le dice a Rick que se acaba de enterar que en ese café ¡Se juega!… me recuerda que con una mano muchos nos persignamos y con la otra cogemos del cazo (“lo que haga tu mano derecha que no lo sepa tu mano izquierda”).
Bien, todo el mundo lo sabe y ahora –con estos papeles hasta en la sopa y a modo de goteo- los conocemos más. Sin embargo, ¿qué sabemos? Por desgracia, sólo lo que nos cuentan. Dicen por ahí que con Internet se acabaron los intermediarios y ahora todos podemos acceder a todo. ¿Seguro? ¿Quién es el guapo capaz de leerse 11 millones de documentos del despacho de abogados Mossack y Fonseca de Panamá, o lo que es lo mismo: 2,6 terabytes de información, 2,6 * 1012 bytes de información? Un poco excesivo para ojeárselo en una tarde de sábado. Quizás es mejor pasarse esa tarde olisqueando entre los 60 Gigabytes (1 Gb= 106 bytes) de los papeles de Snowden. Por cierto, se cree que este consultor tecnológico estadounidense robó aproximadamente 1,5 millones de documentos, de los cuales sólo compartió unos 200.000 con los periodistas, así que todavía queda carnaza para varios años… siempre y cuando alguien nos dé de comer.
Yo ya me estoy mareando con tantas cifras, pero algo voy teniendo claro: en primer lugar, que saber no ocupa lugar, aunque desde luego si espacio; en segundo lugar, cuando creemos saber mucho, en realidad no sabemos nada; en tercero, sabemos lo que nos dejan saber (los filtradores de los papeles de Panamá, Snowden y su amigo Putin, Wikileaks… tantos y tantos intermediarios); y en cuarto, lo que nos dejan saber probablemente no sea más que la puntita de la puntita de un iceberg de relaciones, compadreos, “amigos de”, “yo te hago un favor y tu otro”, regateos, compromisos, cambalaches, y demás formas de ganar todos y no pagar nadie.
Entre tanto papel hay mucho que se tapa y muchos que se quedan tapados. Aquellos que no son interesantes para el gran público (banqueros, folclóricas, futbolistas, actores y directores, algún que otro escritor despistado…), aquellos cuyos trapicheos no venden porque no les conoce más que su vecino del quinto, aquellos cuya manta alguien ha decidido no levantar (aún), aquellos que tuvieron el buen tino de crear sociedades “inactivas y yo ya las regularicé” en otros despachos de abogados de Panamá… muchos aquellos. En fin, que aquí parece que los únicos que no tienen problema en estar a la vista de todos y bien destapados son los abogados de Panamá, porque si vamos a cifras, en el país centroamericano hay 4 veces más abogados que médicos, ¿a qué se dedicarán 22.500 letrados, uno por cada 183 panameños? Si en España el lugar de reunión es el bar de la esquina, allá debe ser el despacho del ático alquilado, realquilado y finalmente vendido a un político de la Madre Patria.
Seré malpensado, pero entre tanto tapado será mejor no rebuscar no sea que me encuentre yo mismo o mi buen amigo. Y eso por mi parte, sí que sería paradójico porque –que yo sepa- el dinero donde me lo tienen escondido es en Hacienda.
Visto lo visto, creo que no voy a volver a invitar a colaborar a mi amigo. Aunque él es mi héroe: “Sin periodistas, no hay periodismo y sin periodismo, no hay democracia”.

viernes, 1 de abril de 2016

SOBRE LO SUCEDIDO EN BRUSELAS



Unos días en Bruselas
La Verdad, 31 de abril de 2016

VÍCTOR MESEGUER
EDUCADOR
Una vez más, hemos pasado unos días en Bruselas, de visita a nuestro hijo, que vive allí. Un viaje planeado desde hace mucho y que los atentados del día 22 no consiguieron alterar. Es una obviedad, pero quizá haga falta decirlo: Bruselas no es Damasco, ni Alepo, ni una ciudad en guerra. Bruselas, como Madrid, Londres o París, es una ciudad frágil, como todas, herida por un puñado de asesinos suicidas, pero que no renuncia a la normalidad, a la dignidad del herido que sigue vivo, riendo y, a veces, llorando.
No estamos en guerra, tampoco somos inmunes al odio y a la violencia que destilan. Bruselas sigue viviendo y llorando a quienes perdieron la vida en el aeropuerto, a punto de iniciar su viaje, de vuelta a casa o hacia cualquier otro destino, principalmente vacacional, también a los que se la arrebataron en el metro, de camino a la oficina. Vidas quebradas, que dan más valor a los que seguimos vivos. Como dijo en la televisión belga francófona, Michel Visart, periodista de la cadena que perdió a su hija Lauriane en la estación de Maaelbeck: “Lauriane era una jurista que defendía con ahínco valores como la equidad, la justicia, la tolerancia o la igualdad de sexos (…) No debemos construir muros de exclusión, si cultivamos el odio vamos hacia el muro. En el futuro, si queremos un mundo distinto serán necesarios el respeto y la tolerancia, además de, sin caer en el patetismo, el amor. Esto es lo que les debemos a todas las Lauriane del mundo”.
Afirmaba Visart, que la seguridad es fundamental y es principalmente responsabilidad de las autoridades. No obstante, los que seguimos vivos debemos a las víctimas la construcción de un mundo mejor. Quizá no podamos desterrar el odio y la violencia, inherentes a la condición humana, pero sí reducirlos a la mínima expresión. Estas situaciones me recuerdan que, ante el desafío, debemos sacar lo mejor de nosotros mismos, sentimientos e inteligencia, y mantener bien atados a nuestros demonios: el miedo no conduce a ninguna parte, al contrario, nos impide ser mejores, nos bloquea y no nos deja pensar y construir juntos.  
Por lo que he visto, no parecen estar a la altura de las circunstancias algunos políticos, como el ministro belga de Interior, el nacionalista flamenco Jan Jambon, más preocupado en echar balones fuera y en sobrevivir, que en mostrar cierta dignidad y atajar las causas del desafío. Recuerdo que algo parecido ocurrió en España, los ciudadanos demostramos entonces que a menudo, en medio de la tragedia, estamos por encima de muchos de nuestros gobernantes. Lo que sí parece es que Jambon y sus predecesores, así como buena parte de las autoridades belgas, no lo han hecho bien en los últimos años. Las madres de los llamados foreign fighters (soldados extranjeros) lamentan amargamente que sus hijos partieran hacia Siria ante la indiferencia de las autoridades. Ellas mismas denunciaron y alertaron de la radicalización de sus hijos, del miedo a que se marchasen a una guerra lejana, que en esos días no atinábamos a calibrar. Del otro lado de la mesa… frialdad: “Sra. su hijo es mayor de edad, no podemos retenerle”. Esta es una historia repetida demasiadas veces. Bélgica es el país con más combatientes desplazados a Siria por habitante y con más mujeres  que se han marchado a aquel país, en términos absolutos. Una historia que los belgas y buena parte de los españoles conocemos, ya que estas madres han repetido su quejido en distintas televisiones… un lamento con ánimo preventivo, para despertar a las autoridades de la indiferencia ante el monstruo que ha crecido entre nosotros, afrontando el gran reto de la gestión de las llamadas segundas generaciones de inmigrantes, que siendo belgas no tienen un sentimiento de pertenecía a su país.  
Como dice Visart, toca ahora mirar al futuro, aprendiendo eso sí de los muchos errores del pasado. Recurrimos al absurdo: Hay quienes afirman que les hemos llevado la guerra a sus casas y que ellos nos la han traído a las nuestras. No es verdad […]  O asumimos la verdad desprovista de malas intenciones: No parece que sean los refugiados, que huyen de una barbarie mucho mayor que la que aquí vivimos, quienes traigan masivamente el terror a nuestras casas. Son chicos de aquí, vecinos nuestros, de los que han pasado olímpicamente los políticos de aquí, no trabajando y abordando la realidad de los barrios segregados, la construcción de la convivencia intercultural, la adecuada gestión de la diversidad y los elementos simbólicos que construyen pertenencia  en los jóvenes. No me refiero solamente a la exclusión social, una excusa poco sólida, hablo de los procesos de radicalización obviados por las autoridades y a las causas de los mismos. Es preciso que sigamos viviendo, sin miedo, sin olvidar nuestros principios, sin descuidar la seguridad y la prevención. No alimentemos el odio y el terror…
VIDEO COMPLETO:
http://www.antena3.com/noticias/mundo/michel-visart-padre-fallecida-22m-cultivamos-odio-nos-quedaremos-atrapados_2016032700052.html


VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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