viernes, 18 de marzo de 2016

CONGRESO UGT



A Pepe Álvarez
(Nuevo secretario general de UGT)

Víctor Meseguer
La Verdad 10-03-2016
"El sindicato ha dado un paso extraordinariamente positivo para que este país se entienda", estas fueron las primeras palabras de Pepe Álvarez como nuevo secretario general de la UGT. El problema no es que Cataluña y el resto de España se entiendan, sino que nos entendamos los españoles, con independencia de donde hayamos nacido o donde pensemos jubilarnos.
El problema de los trabajadores del barrio de La Mina de Barcelona no está en Madrid, más bien puede estar en Pedralbes. El problema de los asalariados de allí y de aquí no es la temporalidad laboral, sino la eternidad ociosa. El empleo en nuestro país esta viciado por una gravísima retirada de las leyes que deberían protegerlo y por unos gobiernos que, a diestra y siniestra, ponen su mirada en otro lado: su precioso ombligo. Mientras tanto, la temporalidad se acerca velozmente a la precariedad y esta a la pobreza laboriosa: personas que, pese a tener una relación laboral normalizada, se sitúan por debajo del umbral de pobreza. Los previsibles pactos de gobierno no van a contribuir a mejorar la situación de los trabajadores. Pero siempre habrá quien dirá que se puede profundizar aún más en la inquietud. Que nadie se extrañe escuchar en los próximos días que lo que hace falta es liberalizar aún más el mercado laboral, es decir, roer el hueso hasta la médula.
Es el juego de siempre, con las reglas de siempre y con los ganadores y perdedores de siempre. Estamos en el mes de marzo  y quienes viven de un sueldo ya están perdiendo poder adquisitivo. Uno tiene la sensación de que el sudor cada vez vale menos y las cosas cuestan más.
Las dificultades de muchas familias en el barrio de La Mina no traen causa del sinvivir de muchos asalariados andaluces, extremeños, murcianos,… Ni de aquellos cuya vida vale menos que la patera que les volvió a parir. Los inmigrantes han generado muchísimos beneficios económicos a Cataluña y al resto de nuestro país. Lo lamentable de la inmigración (hoy como ayer) es que una gran parte de las plusvalías generadas por su sudor no repercuten en la sociedad, dada la escandalosa irregularidad en la que se mueve su trabajo.
La diferencia de un inmigrante marroquí en Murcia frente a un murciano en Cataluña es que a este último nunca se le pudo ilegalizar. Hoy, quienes están realmente interesados en poner trabas a la legalización de un inviable escenario no son tan ingenuos como para pretender poner puertas al campo, conocen perfectamente lo ineludible del mismo.
Además de beneficiarse de su necesidad para imponer condiciones laborales de servidumbre y semiesclavitud, no paga impuestos. Cuando un gobierno intenta ignorar esta realidad favoreciendo su juego, cabe el riesgo de introducir una espiral de abusos (no integración-rechazo-violencia). La historia nos enseña que siempre termina en violencia. Si queremos evitarla hay que cumplir dos premisas irrenunciables: legalizar su situación, facilitando y exigiendo las mismas condiciones laborales que al resto de los trabajadores, y reinvertir parte del beneficio obtenido en programas de integración y concienciación ciudadana.
Álvarez pidió a la mayoría de izquierdas del Congreso de los Diputados que "se deje de tonterías y se ponga a trabajar". Conozco a Pepe Álvarez desde hace muchos años y no tiene nada de ingenuo. Él sabe que la nueva forma de hacer política no busca objetivos sino titulares de prensa. El futuro es irreversible si los sindicatos no recuperan su capacidad de amenaza creíble y, a mi juicio, previamente hay que afrontar dos cuestiones de vital importancia para el sindicalismo:
Corregir una cierta involución desde el sindicalismo de clase hacia el sindicalismo de oficio, propio de finales del S. XVIII. Bajo la apariencia de la defensa de los intereses de los trabajadores como clase social, muchas veces, subyace la defensa de intereses corporativos.
La otra cuestión es la necesidad de remontar la escasa representación derivada de una disminuida base social asociativa y una pérdida real de influencia o representatividad. Los sindicatos mayoritarios han perdido más de 300.000 afiliados durante la crisis. En el caso de UGT, el proceso judicial de los ERE sobrepasa todas las exectiativas esperadas…





sábado, 5 de marzo de 2016

UN ARTICULO QUE VALE PARA ANILIZAR EL AYER Y EL HOY....EN EL MAR Y EN LA TIERRA



Portmán
(26º aniversario)
Víctor Meseguer
Educador
La Verdad, 3 de marzo de 2016
Greenpeace le ganó la batalla a la "Societé minière et métallurgique de Peñarroya” el 30 de marzo de 1990: más de treinta años contaminando el Mediterráneo. Venció a pie de mar lo que perdió en el terreno judicial…

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Jared Diamond es un pensador inclasificable. En su libro “Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen” aborda la problemática de la contaminación de suelos y aguas vinculada a las explotaciones mineras. Destaca el capítulo “La Montana moderna”, en la que hace un recorrido por los problemas medioambientales de este Estado norteamericano en apariencia bucólico y próspero, pero con un gravísimo problema de contaminación a largo plazo, derivado de la irresponsabilidad de las empresas mineras que actúan en ese Estado. El análisis se centra en los factores medioambientales y en las actitudes ante la regulación de esta actividad por parte de los habitantes, empresas y autoridades de Montana. Se trata de uno de los relatos más sugerentes para explicar cómo lo que ahora parece ganancia económica, a la larga se convierte en una losa que puede acabar con la prosperidad de las sociedades e incluso con ellas mismas.
Según la teoría de difusión de la responsabilidad, a partir de una masa crítica de testigos, actúa la difusión de la responsabilidad que disuade a los testigos de un hecho a actuar ante el mismo. Este concepto se acuñó para intentar explicar cómo se dejó morir a una mujer violada en Nueva York, a pesar de que cientos de personas oían sus gritos de terror desde sus casas y durante horas.  Trasladado este concepto a la responsabilidad social corporativa, en sociedades complejas y extensas en número donde sea fácil ocultarse en la masa (aunque la ocultación sea participando en redes sociales) es más fácil abstraerse de los problemas sociales, y delegar la responsabilidad en otros (autoridades, leyes…) o en acciones de protesta-espectáculo, pero de poco cambio. La forma de acabar con la difusión de la responsabilidad pasa por encontrar de qué manera lo que afecta a la sociedad en general también te afecta a TI en tus actividades más cotidianas (esta estrategia está en el éxito de las famosas “mareas” verdes, azules, blancas, etc… de protestas contra políticas privatizadoras del Partido Popular). ¡Ojo! porque es muy fácil caer en diferir nuestra responsabilidad: ¿Actuaremos si es nuestra propia vida la que está en juego?; pues no siempre. Si el grupo del que formamos parte decide no actuar, nosotros antes de enfrentarnos a la mayoría preferiremos arriesgar nuestra vida; parece como si al ser humano la aprobación del grupo le interesara más que su propia vida (normal, para muchas personas el sentido de su vida se la proporciona el grupo al que pertenece, con lo que sin grupo… no hay vida).
La “Tragedia de los Comunes” de Garrett Hardin constituye un magnifico constructo para explicar la “irresponsabilidad” social de empresas, instituciones, gobiernos y ciudadanos: “Un grupo de agentes económicos racionales que persiguen sus intereses personales de manera independiente explotarán un recurso común de manera ineficiente hasta agotarlo”. Diciéndolo de otra manera, cuando un recurso se considera común (e inagotable), todos creen tener derecho a consumirlo o gastarlo sin límites, puesto que nadie está dispuesto a “reprimir” sus ansias de consumo. ¿Cómo conseguir acabar con esta idea tan perversa?, ¿poniendo un precio a todo?, ¿o que todo tenga propietario, y así nadie pueda consumir nada gratis?, ¿también en el caso del agua y con los recursos naturales como el aire? Más allá de la reducción al absurdo habría una posibilidad: hay recursos que por su propia naturaleza pública son de todos, sin que ello implique que no son de nadie; al ser de todos, tienen un propietario (Estado nación, Estado mundo…). Ostrom lo ha estudiado preguntándose, ¿de qué manera explotar los bienes comunes de forma sostenible?
Greenpeace  y la "Societé minière et métallurgique de Peñarroya" podrían ser objeto de una tesis doctoral sobre las relaciones de simbiosis entre estos dos tipos de “multinacionales”, que al final se necesitan más de lo que parece… pues trabajan en una espiral acción-reacción muy simpática: los destructores intentan ajustarse a la ley y no verse interpelados por los denunciantes, (porque saben que las denuncias destruyen su reputación y posibilidad de hacer negocios), mientras que los denunciantes no tienen reparos en aliarse con los destructores si con ello consiguen minorar los daños; sirva como ejemplo el caso del papel certificado por Greenpeace como ecológicamente responsable, dentro del proyecto “Libros amigos de los bosques”. Mientras abogan por preservar los bosques primarios, lo hacen a costa de certificar que hay árboles que pueden ser destruidos para crear papel. Por cierto, ¿la actuación de estas “multinacionales de la denuncia ecológica” (Greenpeace) se centra más en lo medioambiental o considera también la degradación de los derechos humanos a un medio ambiente sostenible y sano?”; diciéndolo de otra manera, ¿dónde poner el foco: en el daño ambiental o en daño comunitario?

LA DIETA DE LA BELLOTA



LA DIETA DE LA BELLOTA
Víctor Meseguer. Vicepresidente de la Academia de Gastronomía
La Verdad, 5 de marzo de 2016

Mi padre pasaba largos y asfixiantes días de sol encorvado sacando tierra de la tierra. Él nunca pensó que podía tratarse de un remedio para el cuerpo y para el alma, aunque todos en la familia sabíamos que el vínculo que tenía con la tierra era lo más parecido al vínculo con Dios. Se trataba de una conexión sobrenatural con la naturaleza.
 De él aprendí que la belleza de la vida se encuentra en las cosas sencillas y simples. Su pasión era levantarse muy temprano, sobre las 6 de la mañana, todos los días y salir a la huerta con el “Pequeño Bartolo” y el “Juanchin” a trabajar; él era uno más, ellos no eran compañeros de trabajo sino amigos.
Cada día y a un ritmo pendular bajaban las azadas al unísono, como si se tratara de la representación de una gran ópera. De sus ojos entrecerrados por los rayos de sol emanaba el sudor más limpio que nunca antes la piel ofreció, ese sudor que a la vez lavaba sus camisas y sucios pantalones de trabajo. A primera hora de la mañana sacaban los almuerzos (mi padre tenía devoción por la sémola de harina con tropezones) y sentados en un margen de la tierra contaban sus historias, sus logros y también sus fracasos, nunca nadie les tuvo que decir ¡En pie! con una exactitud extraordinaria se levantaban todos a seguir con la faena. Solo paraba para comer (su plato preferido era el mondongo).
 Mi padre trabajaba de sol a sol en contacto con la vida más pura, su mente solo se dirigía a terminar el día de faena, nada de entresijos mentales, nada de competiciones malsanas, en absoluto mentiras ni actos perversos, él creía en las personas honestas y confiaba en ellas.
Sin haber estudiado ética ni moral fue la persona que mejor me enseñó valores como la integridad y la honradez.  Para Jesús -mi padre- el trabajo, la vida familiar y la felicidad iban de la mano. Hace unos días, en una revisión médica, un reputado doctor me dijo que me faltaba el 50% de la dieta mediterránea: la de la bellota. Me prescribió una azada marca “La Bellota”. El bancal quedó a mi cargo. De repente, un millar de recuerdos vinieron a mi mente… La bellota es resistente al desgaste y a la rotura del espíritu… Me brinda la oportunidad de reencontrarme con la tierra y, después, con mi amado padre.  

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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