jueves, 8 de diciembre de 2016

Pedro Sánchez o el PSOE



Pedro Sánchez o el PSOE
Víctor Meseguer | Educador
La Verdad, 29 de septiembre de 2016
@victormexeguer
Aunque Pedro Sánchez Pérez-Castejón no lo sabe, la mejor manera de ganarle a Mariano Rajoy es apoyándole. Sánchez se encuentra atrapado por un dilema diabólico, que cierra cualquier solución fácil a la encrucijada en la que ha metido al PSOE. Analicemos el puzzle perfecto construido con los votos de los ciudadanos. 
La aparición de Podemos como fuerza emergente de la izquierda dificulta la centralidad del Partido Socialista, tal y como reclaman algunos de sus dirigentes territoriales. Una realidad que ha permitido que Pedro Sánchez construya un discurso populista de izquierdas a gusto de muchos militantes y progresistas de pacotilla, pero, quizá, no tanto al de sus electores. No obstante, una alianza de Pedro Sánchez con Podemos tendría un resultado letal para el primer partido de la izquierda, un liderazgo fulminado por los resultados de las elecciones gallegas y vascas. La estrategia de la facción mayoritaria de Podemos es tragarse a los socialistas y hasta la fecha no se puede decir que les haya ido muy mal.  De nada sirve que Iñigo Errejón -que acredita el único discurso innovador de la izquierda- tenga otra propuesta, su viabilidad pasaría por una inevitable marcha del joven líder al PSOE, que, de producirse, se toparía de frente con el rechazo de sus dirigentes.   
Además, ante el portazo de Ciudadanos, el PSOE se quedaría a merced del secesionismo catalán.  Todo un desatino. Nuestra idea de España no tiene nada que ver con los intereses de la pequeña burguesía del Partido Demócrata Europeo Catalán (más catetos, imposible) y de la clase media trabajadora venida a más de Izquierda Republicana de Cataluña. El independentismo de izquierdas es un oxímoron y al PSOE no le queda más remedio que seguir siendo de izquierdas, aunque nada más sea porque el espacio a su derecha ya está ocupado. Y decir izquierda es lo contrario de lo que defienden los independentistas, me explico: Cataluña es a España lo que Pedralbes a Barcelona. El barrio alto dispone del 215,7% de la renta media de la ciudad y una esperanza de vida 11 años superior a la del Barrio Trinitat Nova, que sólo dispone del 34,7% de la renta media. ¿Qué hacemos los socialistas chapoteando en este charco? Hasta Iñigo Urkullu, líder de los “señoritos de aldea, que no aldeanos”, del PNV, ha cogido distancias del desiderátum secesionista: «Yo creo que, si sólo teorizamos sobre la independencia según conceptos que pudieran ser de finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, nos estamos equivocando en todo lo que es el planteamiento de unas mayores cotas de soberanía que es a lo que aspiramos» (sustitúyase soberanía por pasta). En fin, un subidón de estupidez sólo superada por el rancio nacionalismo español, virtuosamente interpretado por el Partido Popular y algunos dirigentes socialistas.
Y para redondear la faena, la puntilla sería recabar el apoyo de BILDU.  El polo soberanista vasco -Reunir(se)-, donde algunos de sus miembros salen de las ruinas del filo terrorismo etarra de Batasuna. Estos tampoco son nuestros aliados, ¿no? Sería tirar por la borda muchos años de lucha contra la sinrazón y la cobardía de los asesinos de la paz.
Así las cosas, Pedro Sánchez tiene que elegir entre el susto o la muerte. Un gobierno en minoría del Partido Popular constituye una oportunidad para afrontar las reformas que este país necesita y que los conservadores niegan cada vez que acceden al poder con mayoría absoluta o con la posibilidad de conformarla con otros apoyos de la derecha parlamentaria. Un gobierno del PP que resuelva los problemas que previamente ellos mismos han creado o acelerado: Rajoy es, sin lugar a dudas, el mayor responsable del incremento del secesionismo, así como del acrecentamiento de la lacerante lacra de la corrupción. También ha abanderado la ausencia de sensibilidad hacia las necesidades de las personas a las que la crisis ha desahuciado de su dignidad. 
El PSOE, aunque en menor medida, no es ajeno a estos problemas (corrupción, frivolidades soberanistas, etc.) y debería aprovechar su actual capacidad para condicionar las políticas de un eventual gobierno del PP, para devolverle a las instituciones del Estado la autoridad perdida por los abusos consumados por los dos partidos mayoritarios e intentar recuperar el voto de los millones de ciudadanos enojados con sus políticas y dobleces.  
Pedro Sánchez no se juega su futuro político porque hace tiempo que, simplemente, no tiene futuro. Pero si se juega el de su partido y, sobre todo, el de su país.  Quizá, demasiado peso para una espalda frágil y rota por los intereses de sus leales, que le arrastran hasta un pozo sin fondo. Sin luz.   
¡Vaya panorama!! Todo está demasiado liado y a veces debería primar la generosidad y el sentido común... aunque vaya contra los propios intereses personales. Da mucha pena ver al partido socialista en esta situación.

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