jueves, 8 de diciembre de 2016

LITERATURA, PERIODISMO Y GASTRONOMÍA (A Pachi Larrosa)



LITERATURA, PERIODISMO Y GASTRONOMÍA
(A Pachi Larrosa)

Víctor Meseguer
Vicepresidente de la Academia de Gastronomía
La Verdad, 10 de noviembre de 2016


«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda…». Y así es como da comienzo El Quijote, una de nuestras grandes obras maestras. La comida forma parte inexorablemente de la literatura y también a la inversa. En no pocas novelas, cuentos o poesías, la comida y el arte de comer se funden en un tropel de palabras, de sensaciones que, al juntarlos, nos deleitan convertidas en auténticas obras de arte.
No solo Miguel de Cervantes ofrece un papel primordial en su obra a la comida, también lo hacen autores como Scott Fitzgerald, quien en su novela El Gran Gatsby describe múltiples cenas en las que se reunía la alta sociedad. Ora banquetes ampulosos, ora íntimas cenas recatadas, pero siempre la comida como hilo conductor. Elemento en torno al cual se forjan los cimientos de una pareja, se charla distendidamente, se juega, se canta, en definitiva, se vive.
Dickens, en su Cuento de Navidad centra una triste historia alrededor de la cena de Nochebuena. Una mezcla de sentimientos donde el protagonista rechaza a su sobrino, sumido en el recuerdo de la soledad, la invitación a sentarse a su mesa, aunque finalmente impera la razón y se torna en amabilidad y generosidad, terminando por comprarle y regalarle un pavo.
El vino también ha servido a Roald Dahl como elemento central para trazar un relato de punta fina, un brillante juego de adivinación que, arengado por pura bravuconería, puede llevar al protagonista a obligar a su hija a que se case con uno de los comensales, un famoso gastrónomo.
La gastronomía, como puede observarse, ha sido una constante en la literatura. Podemos recordar que Homero en La Iliada desata la Guerra de Troya en un banquete. Y también rememorar con ternura como en la novela de Proust, En Busca del Tiempo Perdido, una simple magdalena mojada en café se convierte en el símbolo evocador de la infancia del protagonista, punto de inflexión a partir del cual el personaje rebuscará capítulos de su vida perdidos en los rincones más recónditos de su memoria.
El mismísimo Borges contó una vez —con ese tono de sorna mentirosa que usaba en algunas ocasiones para burlarse de sí mismo— que había decidido divorciarse de su primera mujer la noche en que ella le sirvió para cenar, al mismo tiempo, un plato de ensalada y un café con leche. Lo consideró, con toda razón, un menú abominable. «Me di cuenta —dijo— que no me quería».
También García Márquez en El Coronel no tiene quien le escriba utiliza ese gallo como símbolo de poder, objeto también de disputa, pues la mujer del Coronel, cansada de pasar hambre, le exigía a diario matar el gallo para poder comer.
Periodismo, literatura y gastronomía están íntimamente relacionados. Afirmaba el autor de Cien años de soledad que el periodismo es “una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”. Para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica y también mucha ética. Cualidades extrapolables a la gastronomía, reflejo de la cultura y costumbres de una sociedad, en definitiva, todo un arte. Y es que la cocina, es alquimia de amor, como acertadamente la definiera Guy de Maupassant.
La comida es un elemento inherente a nuestra cultura, algo insustituible en nuestras vidas, que, en ocasiones, dista mucho de ser un simple alimento, convirtiéndose en componente estético, sensitivo, en un factor clave en el arte. Y para algunos, también en nuestro trabajo o vocación: el oficio de juntar palabras. 
Y como sostiene Daniel Greve que “para dedicarse al periodismo gastronómico hay que vibrar con la cocina. Con lo simple, con lo complejo. Con lo sofisticado, con lo austero”.  Creo que es el caso de Pachi Larrosa, maestro de periodistas y fedatario de todo cuanto se “cuece” en torno a los fogones, y de las virtudes de este maravilloso arte.  Él siempre nos ha hablado de lo divino: la gastronomía y de lo humano, el periodismo.
El próximo lunes 21 de noviembre de 2016, a las 19:00 horas en el Centro de Cualificación Turística tendrá lugar el Acto de ingreso como académico de Número de D. Pachi Larrosa Sancho en la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia. 
¡Qué suerte la nuestra!

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