jueves, 9 de junio de 2016

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL INTERNA DE LAS EMPRESAS



LA RESPONSABILIDAD SOCIAL INTERNA DE LAS EMPRESAS
La Verdad, 9 de junio de 2016
Víctor Meseguer
Educador

El 64% de las personas que trabajan en las empresas están poco comprometidas, el 23% están activamente no comprometidas y solo el 13 % afirman estar comprometidas. Esta es una de las conclusiones de la encuesta Gallup 2015 sobre impacto del compromiso de los empleados.
 Disponemos de informes que analizan la conciliación de la vida familiar (con la laboral) y una de las conclusiones relevantes es que, en términos generales, los empresarios están considerando las medidas de conciliación desde un punto de vista correctivo (corregir las ineficiencias existentes), preventivo (utilizar la conciliación para prevenir la salida de valiosas profesionales, sin importar las salidas de quienes están en la base), pero no desde un punto de vista de promoción (promover una mayor responsabilización sobre el propio tiempo de trabajo, en un contrato psicológico de adultos sobre lo que la empresa permite en cuestión de flexibilización de tiempos, a cambio de una mayor implicación y compromiso).
Si se anima y pone en marcha un plan de Responsabilidad Social Interna, hay que seguir dos principios: 1) Sólo lo que se puede medir se puede evaluar, y 2) Sólo lo que se conoce (y publicita) se puede mejorar. La respuesta al por qué es clara: a las empresas les interesa internamente conocer si su inversión en RSC es rentable (retorno de la inversión ROI), y a la sociedad e instituciones públicas les interesa saber si la inversión que hacen en políticas fiscales de incentivo a la RSC tiene luego una traslación en términos de mejora de la productividad y eficiencia de las empresas, no sólo económica sino de mejora del tejido ambiental, social y laboral de las comunidades a las que dan servicio.
Los principales beneficios que se consiguen por promover la cultura de la responsabilidad y el compromiso en todos los que trabajan en una organización son dos: responsabilidad para hacer mejor el trabajo e innovar, compromiso para asumir que la empresa no es sólo de los accionistas sino de todos los que aportan su “capital” (recursos y capacidades) a fin de que la empresa sobreviva en el tiempo. Porque no lo olvidemos, las empresas, igual que las naciones, los estados, las universidades, las iglesias… No existen; lo que existen son las personas que las utilizan como paraguas.  
La mayor predisposición de las empresas a aplicar estas políticas se consigue de varias formas: 1) Que existan verdaderamente organismos independientes privados que “premien” (publicidad, promoción) a aquellos que lo hagan bien; 2) Que los poderes públicos se dejen de componendas clientelares y apoyen especialmente a quienes demuestren que su aportación a la sociedad permite a esta ser más fuerte, en cuanto a integración de todos los que viven en esa comunidad.
Para concluir quiero traer a colación la reflexión de Carlos Sebastián en una tribuna publicada en un diario nacional bajo el título “Un Big Band reformador”, y en sus libros sobre la ineficacia productiva española. La tesis sería: existen las personas, pero sólo progresan las cooptadas por las élites, mientras las de mérito quedan arrumbadas por un sistema clientelar; existen las instituciones, pero capitidisminuidas  y diseñadas para ser ineficaces como la Agencia Estatal para la Evaluación de las Políticas Públicas; existen las leyes y normas, pero excesivas y demasiado procedimentales… Pero lo que no existe es una verdadera cultura de responsabilidad individual en España. Y esa cultura, en el terreno de la RSC supondría: 1) promover el ascenso de los mejores y más comprometidos con la sostenibilidad, 2) motivar instituciones independientes verdaderamente al servicio de los ciudadanos, 3) generar leyes eficaces: pocas, suficientes, necesarias, evaluables, con memoria económica siempre… que verdaderamente apoyen fiscalmente a las empresas que vayan más allá en el cumplimiento de las normas. El principio rector de las políticas públicas de promoción de la RSC debería ser, al que sobresale, se le premia. Al que no puede, se le apoya. Al que quiere conformarse, que sepa a lo que renuncia. No hay innovación si no hay riesgo, pero el gran riesgo es no innovar (Xabier Marcet).

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