domingo, 1 de mayo de 2016

LA CORPORACIÓN



LA CORPORACIÓN
Diario “La Verdad”, 27 de abril de 2026
Víctor Meseguer
Educador
Si los científicos de Greenpeace no se equivocan, nuestros hijos tendrán que bucear para avistar algunas zonas de La Manga del Mar Menor. La subida del nivel del mar anegaría gran parte de la lengua de tierra que separa el Mar Menor del Mediterráneo. Si pasamos de los efectos a las causas, descubriríamos que 90 empresas transnacionales lideran la emisión de dos tercios de los gases de efecto invernadero que amenazan con cambiar el mundo.
Es significativa y relevante la profunda desvinculación social, cultural e histórica existente entre las grandes corporaciones transnacionales y el territorio donde sitúan sus actividades económicas, con un objetivo de generación de plusvalías que no revierten sobre el propio territorio, ni sobre las personas que lo habitan. Empresas transnacionales que se ubican donde detectan una veta de valor y que se marchan cuando la veta se ha agotado.
Es necesario marcar la diferencia entre un balance empresarial positivo basado en el mero crecimiento económico, de aquel que se basa en el desarrollo sostenible. Para ello es preciso avanzar hacia una nueva conceptualización de territorios socialmente responsables, considerados como aquellos donde las personas, las instituciones, las organizaciones y las empresas que se sitúan en su seno apuestan por un modelo de desarrollo integrador, sostenible e inteligente, incorporando de forma equilibrada y voluntaria los diferentes retos y objetivos que se presentan a nivel social, económico, cultural y medioambiental. Se hace necesario propiciar, impulsar y liderar, desde el gobierno local, la colaboración y la relación entre los actores diferentes, la participación e implicación de la ciudadanía y del conjunto de actores sociales presentes en el territorio en el abordaje de los retos que afectan colectivamente a ese territorio, apostando por la ciudadanía, la igualdad, la diversidad, la gobernanza democrática, la cohesión social, la pertenencia y la convivencia como objetivos.
Supone otra forma de gobierno, un gobierno relacional, superador e integrador del normativo, del facilitador y prestador de servicios. Supone una nueva cultura territorial, un nuevo modelo empresarial, un nuevo modelo de organizaciones sociales y, por consiguiente, un nuevo modelo de gobernanza territorial, a la vez que de gobernanza global.
Para su consecución habría que superar el déficit de control social de las actuaciones de las empresas sobre el territorio y el medio ambiente, reflejado en continuas renuncias de las organizaciones que vertebran política y socialmente a la ciudadanía, a cambio del empleo o pan para hoy...
Si queremos avanzar en la capacidad de ejercer el control social se hace necesario avanzar en la construcción de una ciudadanía cívica capaz de generar pensamiento propio, así como cauces de participación en la gestión de los asuntos públicos.
Cuando los individuos pierden la referencia con su entorno, considerando sus intereses particulares y su propio bienestar por encima de los intereses comunes y comunitarios, estamos ante un modelo social enfermo que requiere actuaciones de urgencia.
El status de ciudadano o ciudadana en un Estado democrático ha de incluir la participación en la vida pública, la capacidad de ejercer un nivel de control social sobre la actividad de las empresas y su impacto en el territorio.
Se podría afirmar que al poder económico y a las empresas transnacionales les pudiera interesar la existencia de sociedades con altos niveles de inopia intelectual, así como de exclusión social en el territorio donde intervienen a nivel económico. De esta forma evitarán la capacidad de control social del impacto de las actividades económicas sobre el territorio, promocionando una aparente actividad social en clave de Responsabilidad Social de la Empresa, basada en un mero asistencialismo social que solo provoca dependencia y pérdida de autonomía en la población, incapacitando el empoderamiento de la ciudadanía, la participación social y, por tanto, la capacidad de defensa de sus intereses comunitarios vinculados con el territorio. Las empresas transnacionales necesitan mano de obra, no cabezas que piensen, ni ciudadanía que controle.
Se constata la necesidad de caminar hacía un nuevo modelo de Gobernanza Global, incorporando a la gestión de los poderes públicos, de las empresas, de las organizaciones y a los procesos de toma de decisión de los principios de apertura participación y corresponsabilidad; apostando por una nueva forma de gobiernos, distinta al modelo de control jerárquico, caracterizado por un mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los diferentes actores sociales, empresas, ONGs, sindicatos, universidades, etc., en el marco de redes de cooperación mixtas entre lo público y lo privado, que apuesten por la identificación y preservación del bien común.
Ya lo dijo Al Gore: “Es la falta de participación pública lo que proporciona poder a los corruptos”.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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