viernes, 1 de abril de 2016

SOBRE LO SUCEDIDO EN BRUSELAS



Unos días en Bruselas
La Verdad, 31 de abril de 2016

VÍCTOR MESEGUER
EDUCADOR
Una vez más, hemos pasado unos días en Bruselas, de visita a nuestro hijo, que vive allí. Un viaje planeado desde hace mucho y que los atentados del día 22 no consiguieron alterar. Es una obviedad, pero quizá haga falta decirlo: Bruselas no es Damasco, ni Alepo, ni una ciudad en guerra. Bruselas, como Madrid, Londres o París, es una ciudad frágil, como todas, herida por un puñado de asesinos suicidas, pero que no renuncia a la normalidad, a la dignidad del herido que sigue vivo, riendo y, a veces, llorando.
No estamos en guerra, tampoco somos inmunes al odio y a la violencia que destilan. Bruselas sigue viviendo y llorando a quienes perdieron la vida en el aeropuerto, a punto de iniciar su viaje, de vuelta a casa o hacia cualquier otro destino, principalmente vacacional, también a los que se la arrebataron en el metro, de camino a la oficina. Vidas quebradas, que dan más valor a los que seguimos vivos. Como dijo en la televisión belga francófona, Michel Visart, periodista de la cadena que perdió a su hija Lauriane en la estación de Maaelbeck: “Lauriane era una jurista que defendía con ahínco valores como la equidad, la justicia, la tolerancia o la igualdad de sexos (…) No debemos construir muros de exclusión, si cultivamos el odio vamos hacia el muro. En el futuro, si queremos un mundo distinto serán necesarios el respeto y la tolerancia, además de, sin caer en el patetismo, el amor. Esto es lo que les debemos a todas las Lauriane del mundo”.
Afirmaba Visart, que la seguridad es fundamental y es principalmente responsabilidad de las autoridades. No obstante, los que seguimos vivos debemos a las víctimas la construcción de un mundo mejor. Quizá no podamos desterrar el odio y la violencia, inherentes a la condición humana, pero sí reducirlos a la mínima expresión. Estas situaciones me recuerdan que, ante el desafío, debemos sacar lo mejor de nosotros mismos, sentimientos e inteligencia, y mantener bien atados a nuestros demonios: el miedo no conduce a ninguna parte, al contrario, nos impide ser mejores, nos bloquea y no nos deja pensar y construir juntos.  
Por lo que he visto, no parecen estar a la altura de las circunstancias algunos políticos, como el ministro belga de Interior, el nacionalista flamenco Jan Jambon, más preocupado en echar balones fuera y en sobrevivir, que en mostrar cierta dignidad y atajar las causas del desafío. Recuerdo que algo parecido ocurrió en España, los ciudadanos demostramos entonces que a menudo, en medio de la tragedia, estamos por encima de muchos de nuestros gobernantes. Lo que sí parece es que Jambon y sus predecesores, así como buena parte de las autoridades belgas, no lo han hecho bien en los últimos años. Las madres de los llamados foreign fighters (soldados extranjeros) lamentan amargamente que sus hijos partieran hacia Siria ante la indiferencia de las autoridades. Ellas mismas denunciaron y alertaron de la radicalización de sus hijos, del miedo a que se marchasen a una guerra lejana, que en esos días no atinábamos a calibrar. Del otro lado de la mesa… frialdad: “Sra. su hijo es mayor de edad, no podemos retenerle”. Esta es una historia repetida demasiadas veces. Bélgica es el país con más combatientes desplazados a Siria por habitante y con más mujeres  que se han marchado a aquel país, en términos absolutos. Una historia que los belgas y buena parte de los españoles conocemos, ya que estas madres han repetido su quejido en distintas televisiones… un lamento con ánimo preventivo, para despertar a las autoridades de la indiferencia ante el monstruo que ha crecido entre nosotros, afrontando el gran reto de la gestión de las llamadas segundas generaciones de inmigrantes, que siendo belgas no tienen un sentimiento de pertenecía a su país.  
Como dice Visart, toca ahora mirar al futuro, aprendiendo eso sí de los muchos errores del pasado. Recurrimos al absurdo: Hay quienes afirman que les hemos llevado la guerra a sus casas y que ellos nos la han traído a las nuestras. No es verdad […]  O asumimos la verdad desprovista de malas intenciones: No parece que sean los refugiados, que huyen de una barbarie mucho mayor que la que aquí vivimos, quienes traigan masivamente el terror a nuestras casas. Son chicos de aquí, vecinos nuestros, de los que han pasado olímpicamente los políticos de aquí, no trabajando y abordando la realidad de los barrios segregados, la construcción de la convivencia intercultural, la adecuada gestión de la diversidad y los elementos simbólicos que construyen pertenencia  en los jóvenes. No me refiero solamente a la exclusión social, una excusa poco sólida, hablo de los procesos de radicalización obviados por las autoridades y a las causas de los mismos. Es preciso que sigamos viviendo, sin miedo, sin olvidar nuestros principios, sin descuidar la seguridad y la prevención. No alimentemos el odio y el terror…
VIDEO COMPLETO:
http://www.antena3.com/noticias/mundo/michel-visart-padre-fallecida-22m-cultivamos-odio-nos-quedaremos-atrapados_2016032700052.html


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