sábado, 5 de marzo de 2016

UN ARTICULO QUE VALE PARA ANILIZAR EL AYER Y EL HOY....EN EL MAR Y EN LA TIERRA



Portmán
(26º aniversario)
Víctor Meseguer
Educador
La Verdad, 3 de marzo de 2016
Greenpeace le ganó la batalla a la "Societé minière et métallurgique de Peñarroya” el 30 de marzo de 1990: más de treinta años contaminando el Mediterráneo. Venció a pie de mar lo que perdió en el terreno judicial…

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Jared Diamond es un pensador inclasificable. En su libro “Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen” aborda la problemática de la contaminación de suelos y aguas vinculada a las explotaciones mineras. Destaca el capítulo “La Montana moderna”, en la que hace un recorrido por los problemas medioambientales de este Estado norteamericano en apariencia bucólico y próspero, pero con un gravísimo problema de contaminación a largo plazo, derivado de la irresponsabilidad de las empresas mineras que actúan en ese Estado. El análisis se centra en los factores medioambientales y en las actitudes ante la regulación de esta actividad por parte de los habitantes, empresas y autoridades de Montana. Se trata de uno de los relatos más sugerentes para explicar cómo lo que ahora parece ganancia económica, a la larga se convierte en una losa que puede acabar con la prosperidad de las sociedades e incluso con ellas mismas.
Según la teoría de difusión de la responsabilidad, a partir de una masa crítica de testigos, actúa la difusión de la responsabilidad que disuade a los testigos de un hecho a actuar ante el mismo. Este concepto se acuñó para intentar explicar cómo se dejó morir a una mujer violada en Nueva York, a pesar de que cientos de personas oían sus gritos de terror desde sus casas y durante horas.  Trasladado este concepto a la responsabilidad social corporativa, en sociedades complejas y extensas en número donde sea fácil ocultarse en la masa (aunque la ocultación sea participando en redes sociales) es más fácil abstraerse de los problemas sociales, y delegar la responsabilidad en otros (autoridades, leyes…) o en acciones de protesta-espectáculo, pero de poco cambio. La forma de acabar con la difusión de la responsabilidad pasa por encontrar de qué manera lo que afecta a la sociedad en general también te afecta a TI en tus actividades más cotidianas (esta estrategia está en el éxito de las famosas “mareas” verdes, azules, blancas, etc… de protestas contra políticas privatizadoras del Partido Popular). ¡Ojo! porque es muy fácil caer en diferir nuestra responsabilidad: ¿Actuaremos si es nuestra propia vida la que está en juego?; pues no siempre. Si el grupo del que formamos parte decide no actuar, nosotros antes de enfrentarnos a la mayoría preferiremos arriesgar nuestra vida; parece como si al ser humano la aprobación del grupo le interesara más que su propia vida (normal, para muchas personas el sentido de su vida se la proporciona el grupo al que pertenece, con lo que sin grupo… no hay vida).
La “Tragedia de los Comunes” de Garrett Hardin constituye un magnifico constructo para explicar la “irresponsabilidad” social de empresas, instituciones, gobiernos y ciudadanos: “Un grupo de agentes económicos racionales que persiguen sus intereses personales de manera independiente explotarán un recurso común de manera ineficiente hasta agotarlo”. Diciéndolo de otra manera, cuando un recurso se considera común (e inagotable), todos creen tener derecho a consumirlo o gastarlo sin límites, puesto que nadie está dispuesto a “reprimir” sus ansias de consumo. ¿Cómo conseguir acabar con esta idea tan perversa?, ¿poniendo un precio a todo?, ¿o que todo tenga propietario, y así nadie pueda consumir nada gratis?, ¿también en el caso del agua y con los recursos naturales como el aire? Más allá de la reducción al absurdo habría una posibilidad: hay recursos que por su propia naturaleza pública son de todos, sin que ello implique que no son de nadie; al ser de todos, tienen un propietario (Estado nación, Estado mundo…). Ostrom lo ha estudiado preguntándose, ¿de qué manera explotar los bienes comunes de forma sostenible?
Greenpeace  y la "Societé minière et métallurgique de Peñarroya" podrían ser objeto de una tesis doctoral sobre las relaciones de simbiosis entre estos dos tipos de “multinacionales”, que al final se necesitan más de lo que parece… pues trabajan en una espiral acción-reacción muy simpática: los destructores intentan ajustarse a la ley y no verse interpelados por los denunciantes, (porque saben que las denuncias destruyen su reputación y posibilidad de hacer negocios), mientras que los denunciantes no tienen reparos en aliarse con los destructores si con ello consiguen minorar los daños; sirva como ejemplo el caso del papel certificado por Greenpeace como ecológicamente responsable, dentro del proyecto “Libros amigos de los bosques”. Mientras abogan por preservar los bosques primarios, lo hacen a costa de certificar que hay árboles que pueden ser destruidos para crear papel. Por cierto, ¿la actuación de estas “multinacionales de la denuncia ecológica” (Greenpeace) se centra más en lo medioambiental o considera también la degradación de los derechos humanos a un medio ambiente sostenible y sano?”; diciéndolo de otra manera, ¿dónde poner el foco: en el daño ambiental o en daño comunitario?

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