viernes, 25 de diciembre de 2015

Esta es nuestra Navidad



Esta es nuestra Navidad
Víctor Meseguer
La Verdad, 24 de diciembre de 2015

Cuélate, vamos, cuélate ¡Chsss!
Esta noche es Nochebuena. La ves, es Soledad, de rodillas lavando la ropa de su esposo en un cubo de agua helada, para que Román pueda ir limpio a buscar trabajo. No tiene muda y aprovecha que él duerme para limpiar sus enseres. Soledad y Román pasan la Nochebuena en una pequeña fiesta que ha organizado el administrador de su edificio para todos los inquilinos. La premisa es que todos lleven algo para compartir. Soledad lleva devanándose la cabeza dos días, le ha dicho a Román desesperada que si no tienen nada para llevar ellos no irán. Lo cierto es que para llevar no hay nada.
Aquí tienes a Estrella, treinta años, dos niños y ningún marido. Pasará la Nochebuena con su abuelo, no por tratarse de un día especial, ella come y cena todos los días en casa del abuelo porque no tiene posibles. Si la escuchas hablar de su abuelo… solo dice maravillas, verdaderas y espléndidas maravillas.
Hussein lleva dos años en España, su pequeño solo tiene seis años. Ha pedido en su carta a los Reyes Magos que esta Navidad venga su hermano a verlos. ¡Fíjate! Hussein escribiendo una carta a los Reyes Magos, y luego algunos dicen que no hay multiculturalidad.
María es viuda, su marido murió en un accidente laboral cuando ella tenía poco más de cuarenta años. Ahora cuida en casa a su madre, Josefa, con Alzheimer ya avanzado. Solo pide a su familia una cosa: que todos vengan a su casa pues, de lo contrario, no podrá estar junto a ellos al no poder dejar sola a Josefa. Se siente un poco abatida en esta ardua tarea que la vida le ha encomendado, pero siempre resta importancia a que el resto de hermanos y sobrinos no saquen más tiempo para visitar a su madre.
Moussa, Adam, Imad, Mohamed, Ismail y Amin están en un Centro de Acogida; la Nochebuena la pasarán juntos. Cocinarán los alimentos que les traigan de la asociación. Han acordado que esa noche compartirán sus historias de viaje y hablarán de todos los seres queridos que han dejado en sus países.
Alicia se separó hace un año. Tiene un niño de tres años y es la primera Navidad que pasarán solos. Por temas de trabajo no podrá volver a casa de su familia y pasará la Navidad  junto a su hijo, solos, pero muy contenta de tenerlo a su lado y de haber podido comprarle el juguete que tanta ilusión le hace a Gabriel.
Antonio llevará a su familia a cenar a un comedor social, ha engañado a los niños y les ha dicho que se trata de una celebración navideña del vecindario. La verdad es que allí hay muchas personas del barrio.
Ana lleva dos semanas ingresada en el hospital, pero solo su madre lo sabe. Nada han querido decirle al padre que está ya muy mayor. Encontraron a Ana sentada en la parada del autobús dos días enteros hasta que uno de los conductores dio aviso y una ambulancia la recogió. Ana lleva semanas sin articular palabra y con la mirada perdida. Nadie sabe qué le puede ocurrir, dicen que una ola de tristeza se la tragó, pero su madre que la conoce desde niña dice que logrará traerla a este lado de nuevo.
Esta es también la Navidad de las personas que no vemos porque la vida les arrastro al otro lado y saben que salir es muy difícil... Si les preguntaras, ninguna te diría que quieren una mesa repleta de apetecibles manjares ni una bonita casa decorada con motivos navideños… Lo que ellos quieren es una tregua con la vida, unas horitas de sosiego y placer…, poder mantener en su pecho un sentimiento de esperanza. Lo entiendes, ¿verdad?
Ningún proyecto colectivo como sociedad puede ser construido sin contar con ellos. Digan lo que digan los grandes números, debemos llegar todos si queremos llegar. ¡Feliz Navidad y próspero 2016!

domingo, 13 de diciembre de 2015

EL PAPA FRANCISCO Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL



EL PAPA FRANCISCO Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Víctor Meseguer

“Lo importante no es hacer cosas en la vida, sino poner la vida en las cosas que hago”, rubricó Isidoro Anguita Fontecha (Isis) -el abad del Monasterio Cisterciense Santa María de la Huerta – en algún lugar, algún día... Durante toda mi vida he compartido esta idea. 

Isis tiene mucha sensibilidad y sus palabras nos invitan a soñar y trabajar por otro estilo de vida. Un mundo que gire sobre cimientos como la ética, el compromiso con el territorio y las personas. Por el diálogo y la confianza como claves del engagement de las organizaciones con sus grupos de interés (stakeholders)

Como afirma Ildefonso Camacho (sacerdote Jesuita): “Esta teoría de los stakeholders no nació del análisis ético de la empresa, sino más bien en el ámbito de la planificación estratégica.  Y, sin embargo, pronto fue asumida por la ética como un instrumento de gran utilidad para comprender la función de la empresa en la sociedad”.  

Pero ha sido el Papa Francisco quien les ha dado voz a muchos religiosos como Ildefonso e Isis y también a muchos científicos humanistas.  En su encíclica “Laudato si’”, Francisco llama la atención de todos los habitantes de la tierra (no solamente cristianos o católicos) sobre la necesidad de cambiar un estilo de vida que está arrastrándonos a la destrucción ambiental y también humana, y cuya manifestación más prosaica es el relativismo moral que invade occidente. Para él, también el ser humano es naturaleza y, por tanto, cuando no cuidamos el que es nuestro hogar común, tampoco nos cuidamos a nosotros ni a nuestros semejantes. 

Entre los males que nos acechan, el Papa Francisco señala como uno de los más peligrosos la “cultura del descarte”, que hace referencia a los objetos que usamos y tiramos sin mayor miramiento y convierte todo lo que descartamos (y descartamos sin cesar) en basura. 

El lema “comprar, tirar, comprar” que se utiliza con los objetos, y cómo estos son percibidos con en tránsito del tiempo en residuos o directamente basura, nos devuelve la visión de las personas que son tratadas de esta misma manera. Los procesos de exclusión social, de pobreza o discriminación de los diferentes, que implica la expulsión de la sociedad “normalizada” de los más vulnerables, nos recuerda cómo se descartan también los seres humanos considerados “inservibles”. Todo esto trae a mi memoria La Creación de Kant, cuando dice que debemos tratar a los demás como un fin en sí mismo, y no como un medio que nos sirva para alcanzar nuestros fines personales.

Todos estos elementos dibujan una situación de degradación ambiental y también social que tiene sus cimientos en la pérdida de los valores y principios comunitarios, por encima de los intereses particulares. Como bien termina exponiendo Francisco, hoy no podemos dejar de reconocer que “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

Ante a todas estas pérdidas ambientales, sociales y culturales, propone el Papa Francisco lo que denomina una “ecología integral”, explicando que las crisis ambientales y sociales no existen por separado, sino que en realidad responden a una única y compleja crisis socio-ambiental.  Aboga Francisco por la creación de una ecología no sólo ambiental, sino también social, cultural y económica.

Esta ecología integral que propone el Sumo Pontífice recuerda a lo que Boaventura de Sousa Santos llama “ecología de saberes”, es decir, la idea de que sólo con el diálogo entre saberes diversos, sólo desde la gestión positiva de la diversidad, podremos dar respuestas a la crisis que atravesamos. Esta intuición de que la especialización y la sectorialización nos hace linces para terrenos muy limitados y ciegos para la mirada amplia, también es asumida por el Santo Padre.

Lejos de discursos catastrofistas, sin mayor aporte que el dramático, Francisco con sus propuestas nos da una lección de esperanza. La mayoría de estas líneas de orientación pasan, como no podía ser de otra manera, por el diálogo, por la comunicación y la convivencia con quienes nos rodean para ganarnos su confianza. 

El cuerpo de la encíclica termina apostando por una educación ecológica y por una espiritualidad que también lo sea. Pareciera que el Santo Padre nos dijera, como ya hiciera Cousteau: “La gente protege lo que ama”, y podríamos añadir, sólo se ama lo que al menos se conoce.

Quizá sea importante terminar diciendo que cada uno de nosotros dejamos una “huella ecológica” en el mundo. Aunque es cierto que comparado con los grandes impactos ambientales y sociales parece una minucia. Lo cierto es que el cambio debe empezar por uno mismo, puesto que como decía Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Reflexión que nos lleva hacia un nuevo concepto, la responsabilidad social territorial, una cuestión de la que seguiremos hablando juntos.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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