jueves, 26 de noviembre de 2015

DAESH



DAESH
DOS MIRADAS
JUAN ANTONIO SEGURA y VÍCTOR MESEGUER
Fundación CEPAIM
LA VERDAD 26-11-2015

129 personas asesinadas en París en un nuevo atentado criminal, inhumano, deplorable, infame y miserable; 3.400 personas fallecidas en el Mediterráneo en su intento de huir del terrorismo y de la guerra que nos avergüenza como sociedad, 310.000 personas fallecidas en la larga guerra civil de Siria, 11.000 de ellos niños y niñas, miles de muertos en guerras olvidadas en los rincones del abismo. Todas, víctimas inocentes de la sinrazón, del odio, de la pérdida del más mínimo sentido común, del olvido absoluto de los valores y los principios que nos caracterizan como seres humanos.
La locura del atentado en París no es obra del Islam, ni de los musulmanes, ni de los refugiados sirios, como algunas voces están dejando vislumbrar en estos días. Ha sido un nuevo acto terrorista, realizado por terroristas, por locos, por fanáticos que merecen toda la repulsa y la contundencia en las respuestas, pero siempre desde el derecho y la justicia, evitando responder al odio con más odio.
La guerra en Siria a lo largo de ya casi cinco años es fruto de la corrupción, de los intereses económicos, de la pobreza, de la desigualdad y de la dejadez no solo de otros, sino también de nosotros.
Me pregunto qué hay dentro de los seres humanos para que seamos capaces a la vez de generar odio, ternura, miedo, rencor, llanto, risa, amargura, sueños… Para que seamos capaces de matar y de vivir, de asesinar y de crear. Cómo es posible que podamos caminar desde el recuerdo al olvido en tan poco recorrido. Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos, como nos recordaba la sabiduría tantas veces olvidada de Martin Luther King.
Ante tanta miseria, ante tanto dolor humano, ante tanta sinrazón acumulada, yo ya no tengo odio, ni ansia de venganza. Ya no me quedan más lágrimas en mis ojos, ni más sollozos en mi garganta, ni siquiera palabras y gritos en mi boca. Ya solo me queda el dolor y esa profunda sensación de vacío que me produce la vergüenza de estos comportamientos del ser humano, de ese ser humano que está olvidando la mirada en el otro, la capacidad de convivir con las diferencias del otro, de construir juntos, de gestionar la diversidad como ese gran bien preciado a conservar y a proteger. No olvidemos, como nos recordaba Melucci, que para ponernos de acuerdo e incluso para poder hablar, debemos aprender a escuchar a los otros y a construir un lenguaje común…

***
…Yo no quiero elegir entre libertad y seguridad, pues no hay libertad sin seguridad, pero tampoco habrá seguridad sin libertad. No olvidemos, como nos decía Martin Luther King, que una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a su muerte espiritual”.
Y a los seres humanos sin futuro cualquier futuro les va bien, si encima ese futuro pasa por el reconocimiento público del grupo de pertenencia, que los convierte en héroes y les garantiza la gloria terrenal, no hay nada más que hablar…
Los asesinos son ciudadanos belgas, franceses…con un pie embarrado en los barrios marginales de ciudades europeas que les han visto nacer y mal crecer y el otro pie embarrado de la cultura fanática, alimentada por cuatro locos que conocen sus carencias y necesidades y las usan con promesas de un viaje al paraíso para los que mueran en batalla a manos de otro hombre (si los mata una mujer serán privados de vírgenes en el paraíso).
Por cierto… ¿Todo esto es distinto a lo que ha pasado a lo largo de toda nuestra historia? Desde las cruzadas hasta ETA siempre han sido cuatro locos los que han construido los mitos, leyendas y épicas que daban sentido a vidas huecas, sin futuro, que se abrazaban a una causa “heroica” donde el “mal menor” siempre ha sido la violencia y el terror, esa puta manía de romper las vidas y los sueños de los demás. Por ejemplo, los grupos urbanos de kale borroka fueron una idea del dirigente etarra Txelis, para darle una causa a muchos jóvenes que carecían de ella y que estaban dispuestos a entregar hasta la parte de su vida que todavía no habían vivido.
No nos empeñemos en mirar para no ver, están aquí, no son los ocupantes de ningún caballo de Troya, son nuestros vecinos, hijos de nuestros países, de un espacio político y económico cuyo territorio es menor al de muchos estados-nación. Muchos de ellos nunca mostraron interés por la religión de sus padres ni acudían a las mezquitas. Cerrar las fronteras (internas o externas) no valdría para nada porque ellos se quedarían dentro.
Merece la pena que no nos quedemos en respuestas superficiales a problemas complejos, la amenaza de la Ley, no puede ser la única respuesta para quienes no tienen miedo de auto inmolarse haciendo estallar un cinturón de explosivos.



domingo, 22 de noviembre de 2015

LAS VICTIMAS NO MIENTEN





LA HISTORIA LA DEBEN ESCRIBIR LAS VÍCTIMAS Y NO SUS VERDUGOS
Víctor Meseguer

En el paraninfo de la Universidad de Murcia no cabía un alfiler. La charla iba sobre prisiones. La mesa, según el programa, la integraban el cura Joaquín Sánchez, el ex preso político del franquismo Antonio Martínez Ovejero, la ex presa política "Encarni" León y yo como responsable de la Plataforma de Innovación Social de la UMU. Fuera de programa, se sumó la profesora Teresa Vicente.
Centré mi intervención en una lectura crítica sobre el fin del tiempo penitenciario que, a mi juicio, no es otro que neutralizar, intimidar y, según la Constitución, reeducar y reinsertar (una especie de metamorfosis que transforma la sanción coaccionadora en terapia benefactora del individuo) a quienes no les basta con el efecto disuasorio que debe ejercer el código penal.
Respecto al tema de reinsertar o, dicho en otras palabras, evitar la ruptura del condenado con el medio social del que proviene, tengo mis dudas, porque, en muchos casos, lo mejor que les podría pasar a algunos presos es no volver al lugar del que proceden.
Dudas que se recrecen cuando profundizo en el tema de la reeducación. Si desmenuzamos el contenido del concepto "reeducación", este puede hacer referencia tanto a una modificación de las “intenciones” como de las “capacidades” de los delincuentes que son condenados. Es en el primero de estos términos en el que puede resultar más criticable y, ello, desde dos puntos de vista muy diferentes: su viabilidad y su legitimidad.
En cuanto a su viabilidad, pretender que el medio penitenciario como “institución total” pueda suplir las carencias que otras instituciones (educativas, familiares, laborales, etc.) no han podido vestir, suena a pretencioso. Además, el destinatario de la pedagogía correccional dista mucho del sujeto tipo para la que parece haber sido diseñada: de un lado, personas con carencias importantes en los procesos de socialización primarios, cuyos déficits han tenido una incidencia fundamental en la personalidad criminógena del sujeto; y, del otro, individuos que no son susceptibles de modificación en sus intenciones, porque no pueden o no quieren serlo.
El juez de Vigilancia Penitenciaria de Madrid que regresó a Jaume Matas de un régimen de semilibertad a un régimen cerrado, afirmaba en su auto que “aunque es un hecho indudable tanto al tiempo actual como al de la comisión del delito que Jaume Matas es un sujeto socialmente insertado- pues cuenta con un medio sociofamiliar normalizado, lo cual es normal en la delincuencia llamada de «guante blanco», no hay reeducación del interno y sin haberse alcanzado este fin de la pena, no tiene sentido la clasificación en tercer grado”.
Respecto a la legitimidad, reeducar no puede traducirse en dominar, adoctrinar...En un derecho uniformador por parte de la cultura dominante o dominadora, por ejemplo, los valores del cura Joaquín, portavoz del colectivo contra los desahucios en nuestra Región, poco tienen que ver con los de quienes indujeron o redactaron la Ley Mordaza, pero si coinciden con los valores del actual Papa.
A mi juicio, para resumir, entre los fines de las Instituciones Penitenciarias deben prevalecer dos cuestiones: que nadie sufra ninguna condena añadida a la que dictó el juez, así como la necesidad de aprovechar el tiempo penitenciario para ofrecerle al interno herramientas e instrumentos para que, si él quiere, pueda desarrollar una vida en libertad al margen del delito. Sí, hablamos de modificación de capacidades, una acepción del concepto “reeducar” que me resulta más fácil de aprender y aprehender.
De hecho, son numerosos los internos que salen del analfabetismo, emprenden estudios o adquieren instrumentos laborales (formación profesional, aprendizaje de oficios, etc.) tras los muros carcelarios.
Tras un vídeo sobre prisiones, cerraron la charla Joaquín y  Encarnación,  conforme ella iba desgranando su experiencia como "presa política", me preocupé porque empezaba a no entender nada...  De repente recordé la vídeo noticia de La Verdad del 20/11/2013,  donde se informaba que la grapo 'Encarni' León salía de la cárcel de Campos del Río. La condenada había cumplido 21 de los 98 años que le impusieron por varios delitos… “Oímos gritos y disparos por teléfono y ya pensamos lo peor”, afirmaban Carmiña, Azu y Mónica -las hijas del empresario Claudio San Martín- veinticinco años después de que su padre fuera asesinado en 1988. En el vídeo  se veía a Encarnación León  en un vehículo blanco sin pegatinas, acompañada de dos personas.
Le pedí la palabra a la moderadora y me dirigí al público para comentar, entre otras cosas, que me gustaría que alguien definiera el concepto de preso político y que si este abarcaba a los miembros de la banda criminal ETA (o GRAPO); yo seguía pensando que estos señores sólo eran unos asesinos, cobardes. Los alumnos (que constituían la inmensa mayoría de los asistentes) aplaudieron la aclaración, pero un señor con capucha se dirigió hacia la mesa preguntándome de una forma inquietante por Otegui, mientras que el conductor de la furgoneta blanca, desde el fondo, me llamaba a gritos “¡Mentiroso, mentiroso…!” Las víctimas no mienten.





VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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