viernes, 18 de septiembre de 2015

DETRÁS DE LOS NÚMEROS HAY PERSONAS


DETRÁS DE LOS NÚMEROS HAY PERSONAS
¡PUES QUE SE APARTEN!
Víctor Meseguer y Juan Antonio Segura

 La Verdad, 18 de septiembre de 2015
Profesionales, ciudadanos, empresarios, universitarios, investigadores, periodistas, nos hemos encontrado o reencontrado en condiciones de paridad e igualdad,  con la ética, los valores y los principios que se construyen desde la responsabilidad social, desde la gestión positiva de la diversidad, en el  II RSEncuentro que desde la Fundación Cepaim  -con el apoyo de la Secretaria General de Inmigración y Emigración, la Fundación La Caixa y la Fundación CajaMurcia- hemos organizado en CaixaForum (Madrid), durante los días 14,15 y 16 de septiembre. 
El mayor evento nacional de RSE, este año ha tenido un acento murciano con la “C” de Cepaim, de convivencia, de cohesión: sirio, bambara, mandinga, europeo, marroquí… un acento diverso que integra la diversidad de principios y valores que acumula nuestro mundo.  Este II RSEncuentro ha tenido como temática central la gestión de la diversidad y la construcción de empresas, organizaciones, escuelas y territorios igualitarios, responsables, éticos, felices y alineados con el bien común. La diversidad es una de las mayores riquezas que atesoramos y, es por ello, que una buena gestión en positivo de la misma se debe basar en el reconocimiento y valoración de las capacidades y aportaciones del otro, del diferente, desde el respeto, el diálogo, el afecto y el consenso. Como diría nuestro amigo José Juan González Giménez…   ¿Hablamos de Social Smart Cities?
La gestión de la diversidad es propia de organizaciones, empresas, territorios que trabajan desde un principio inalienable: no es posible crecer y desarrollarse, ni como empresas ni como ciudadanos, organizaciones o territorios, en contextos de pobreza y exclusión social; no es posible crecer sólo económicamente si no lo hacemos también social y culturalmente, de forma que hagamos posible la convivencia, la cohesión social, el sentido de pertenencia al territorio y la participación del conjunto de la sociedad.
Crecimiento no es igual a desarrollo. Por ello, no debemos seguir haciendo una apuesta exclusiva por el crecimiento, puesto que este no es sostenible en el tiempo. El crecimiento es algo coyuntural, concentra el beneficio en unos pocos, no es solidario, ni redistributivo. El PIB mide el crecimiento, pero no el impacto social o medioambiental de los bienes y servicios analizados. El crecimiento se centra en ganar, recaudar y acumular dinero, no en la felicidad, ni en el rostro de las personas.
El desarrollo por el contrario es sostenible porque incorpora a la gente. La rentabilidad de una empresa, una organización o una ciudad  no se mide únicamente en números, también se computa en miradas, en las miradas y las relaciones de las personas que lo hacen posible.
Estamos demasiado familiarizados con los análisis y valoraciones en clave aritmética, de crecimiento de las empresas o de los territorios, un crecimiento que se mide en términos de Producto Interior Bruto, de número de iniciativas empresariales, en cuentas de resultados y en balances meramente financieros.
El desarrollo de las empresas, de los territorios va más allá: integra personas, recursos endógenos, capacidades, relaciones, número de iniciativas económicas, sociales, culturales, medio ambientales, opiniones, transformaciones. El desarrollo es sostenible, inteligente e integrador. Es necesario avanzar desde los principios de la Responsabilidad Social, pasar de modelos basados en el mero crecimiento a modelos de empresa y de ciudad asentados en el desarrollo, caminando desde el análisis en términos de Producto Interior Bruto de un territorio a medir el índice de Felicidad Nacional Bruta. El desarrollo se centra en generar y distribuir riqueza, es solidario, socialmente responsable e integrador.                                                                                                                                                                                                                                                                                               La Responsabilidad social y medioambiental para ser efectiva y eficaz no debe limitarse a una organización o a una empresa, debe ser incorporada a la vida de cada ciudadano, convertirse en un estrategia de Ciudad, cambiando el valor de lo común y de las diferencias. 
Debemos caminar desde la Responsabilidad Social empresarial a la corporativa y desde esta a la territorial, construyendo y haciendo posibles entornos socialmente responsables, entendidos como la apuesta por un modelo de desarrollo sostenible, que aglutine e incorpore de forma equilibrada y voluntaria los retos y objetivos sociales, económicos, culturales y medioambientales, propiciando la  colaboración, la participación e implicación de la ciudadanía y del conjunto de actores sociales presentes en el territorio, desde los principios de diversidad, convivencia, igualdad, cohesión social y gobernanza democrática.. Supone otra perspectiva, otra forma de gobierno, otro modelo de ciudad.
 ¿Nos apuntamos o seguimos mirando los números?

Víctor Meseguer es patrono y Juan Antonio Segura, director estatal de la Fundación CEPAIM

sábado, 5 de septiembre de 2015

Egoísmo frente a la hecatombe en el sur del Mediterráneo

¡No estamos a la altura!
Egoísmo frente a la hecatombe en el sur del Mediterráneo
Víctor Meseguer
Casi 5 años después del estallido de las primaveras árabes, que debutaron con la revolución tunecina, y 4 años y medio después del inicio de las revueltas y posterior guerra civil en Siria, las crisis humanitarias en el sur del Mediterráneo y en Oriente Medio, la hecatombe, en palabras del primer ministro galo Manuel Valls, son (o debieran ser) un asunto ineludible en las agendas de los gobiernos europeos. A lo largo de estos años, ni la Unión Europea ni la mayoría de Estados Miembros (con diferencias importantes entre países) han estado a la altura. Algunos como el presidente Rajoy y el gobierno español, con su política profundamente egoísta –que detallaremos más adelante- y su insistencia en hablar de crisis migratoria, siguen lejos de dar la talla…
Sólo la guerra civil en Siria, convertida en un conflicto con importantes tintes sectarios, extendida a territorio iraquí, dura ya más que la Primera Guerra Mundial y es la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.  Según la Comisión Europea, hay hoy en Siria alrededor de 7,6 millones de desplazados internos, que huyen de las zonas de conflicto, 12,2 millones de sirios que requieren de asistencia humanitaria (alimentos, asistencia médica, medicamentos, agua etc.) y más de 4 millones de refugiados en los países vecinos y en el conjunto de la región. En Líbano, un país de 4 millones y medio de habitantes, hay alrededor de 1,3 millones de refugiados sirios; es el país con la mayor población refugiada per cápita del mundo. Un país que, pese a sus importantes problemas, ha dado una respuesta humana y solidaria a los sirios que se han visto obligados a huir de una guerra particularmente violenta. La crisis humanitaria en Siria se agrava aún más si tenemos en cuenta que la ayuda humanitaria directamente no llega (o llega con extrema dificultad) a buena parte del país. Según la Comisión Europea, 77 trabajadores humanitarios han sido asesinados desde el inicio del conflicto (en marzo de 2011).
Tras casi 5 años de guerra en lo que la Unión bautizó como su vecindad sur, ahora que las personas huidas de los conflictos se agolpan frente a muros de la vergüenza levantados por gobiernos europeos, ahora que miles de personas, que ansían llegar a la tierra prometida, a la Europa de las libertades y de los derechos humanos, mueren en el mar, en su intento de llegar a costas italianas, griegas o maltesas… ahora, algunos países empiezan a despertar de lo que José Ignacio Torreblanca califica como ensimismamiento. Mientras los gobiernos de Francia y Alemania empiezan a responder con fuerza a quienes envueltos en banderas pretenden negar el refugio y la ayuda a quien más lo necesita, nuestro gobierno sigue fuera de juego, incapaz de dar una respuesta al mayor desafío humanitario de nuestro tiempo. Que nuestro ministro de Interior vincule los rescates en el mar con el efecto llamada es directamente vergonzoso. ¿Qué insinúa el ministro? ¿Propone acaso que dejemos de rescatar a los tripulantes de embarcaciones a  la deriva que buscan refugio en Europa? ¿Sabe lo que eso significa?... Por decoro, dejaremos aquí las preguntas.
El pasado 20 de julio los ministros de Interior y Justicia de la Unión llegaron a un acuerdo de cuotas para acoger 60.000 personas en necesidad de protección internacional (personas refugiadas en Grecia e Italia, así como demandantes de asilo a las puertas de la Unión). Frente a este desafío mayúsculo, la cifra total deja ya mucho que desear…
La Unión Europea, que pese a las dificultades de los últimos años sigue un espacio de prosperidad, la Unión que ha construido su identidad común en base a principios compartidos, como el respeto de los derechos humanos, no está a la altura de lo esperado. Ni los Estados miembros; España, en particular, tampoco. La respuesta a la hecatombe humanitaria y política que suponen los conflictos en nuestros vecinos próximos del sur del Mediterráneo (Siria y, en menor medida, Libia), a la que se suman los conflictos en otros países de Oriente Medio como Irak y Yemen y en el África sub-sahariana (Sudán, Burundi o República Centroafricana, entre otros conflictos) deja mucho que desear. La respuesta política también.
La Unión y los 28 Estados miembros, deben demostrar que la solidaridad es algo más que retórica, y desde el punto de vista de la política exterior, deben dejar patente su capacidad para establecer una verdadera respuesta común y efectiva frente al conflicto enquistado que supone la guerra en Siria e Irak…

Esta sería una forma de empezar a atinar, de ser útiles y de estar a la altura de lo que la dolorosa realidad de muchos seres humanos exige.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

TABLON DE ANUNCIOS

Sin noticias