jueves, 20 de agosto de 2015

LA CARA OCULTA DE LA RSC

LOBBY & CORPORATE DIPLOMACY
(LA CARA OCULTA DE LA RSC)
Víctor Meseguer
La Verdad, 20 de agosto de 2015  
Mientras que el profesor Gonzalo Wandosell diseccionaba la idea... ¡Zas! Volaron a mi cabeza las palabras impresas en mi revista de cabecera: «¿'Lobista' mi marido? ¡Pobrecito! Los lobos, pero con piel de cordero, son los de PODEMOS», le había espetado doña Esperanza Aguirre a un reportero de "El Jueves", la revista que sale el miércoles (el manual de estilo dice que habría sido mejor empezar con una cita más erudita, por ejemplo, John Rawls, Jean-Paul Sartre...pero qué quieren que les diga, a mí esta buena señora me da mucho juego).
Una aproximación al escenario poliédrico de la Responsabilidad Social Corporativa nos permite distinguir enfoques muy variados. La formas en las que se materializa también lo son: autorregulación, filantropía, mecenazgo, patrocinio, marketing social (con causa o sin ella), acción social, postureo y, finalmente, a modo de común denominador, el lobby y la diplomacia corporativa. Según Antonio Camuñas, un señor que sabe mucho de esto, la diplomacia corporativa no es más que una derivada de la diplomacia tradicional, adaptada a los tiempos actuales en los que las grandes corporaciones económicas y financieras se asemejan a los Estados en su estructura, presencia y capacidad de influencia.
Nada nuevo bajo el sol. Tradicionalmente, los grupos económicos y financieros han protegido sus intereses mediante relaciones de influencia con las personas y organismos clave, una actividad que en la Unión Europea se encuentra regulada por el Acuerdo interinstitucional de 2014 y las Directrices de Ejecución del Registro de Transparencia, un organismo creado con la finalidad de incrementar la blancura de los lobbies que operan sobre la Comisión y el Parlamento europeo: profesionales, consultores y abogados; grandes corporaciones, organizaciones de empleadores y sindicatos de empleados; sociedad civil y organizaciones no gubernamentales; instituciones académicas y grupos de reflexión e investigación; iglesias y comunidades religiosas y, por último, organizaciones que representan a autoridades locales, regionales y municipales, otros organismos públicos o mixtos, etc. En Bruselas hay un dicho, “si no estás entre los comensales, formas parte del menú”.
En la era de la comunicación en tiempo real y las redes sociales (Twitter, Facebook, Linkedin), la tecnología traspasa el escudo tiempo-espacio y hay que ponerse a cubierto, a través del tránsito desde responsabilidad de los negocios hacia el negocio de la responsabilidad y desde el lobby hacia la diplomacia corporativa. Estos cambios se enmarcan en el viaje de huida de las corporaciones del Derecho en todo aquello que éste no le es favorable a sus intereses. Es en este escenario donde las corporaciones necesitan captar nuevos mercados e influir en todos sus grupos de interés. Se hacen necesarias nuevas alianzas con los agentes clave más relevantes en su campo de actividad, incluyendo gobiernos, analistas, medios de comunicación, organizaciones ecologistas... Un ámbito de gestión reputacional que tiene en sus manos el futuro de las corporaciones, porque la "vox populi" entroniza reyes pero también los derroca.
La academia no es ajena a esta realidad. A modo de  ejemplo, se puede traer a colación el programa específico sobre Diplomacia Corporativa: Influencia y Representación de Intereses, desarrollado por la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Internacional de Diplomacia Corporativa (IIDC). Sus egresados se incorporan a los aparatos corporativos especializados en la prevención de riesgos y conflictos con los grupos de interesados. Una función que hasta ahora vienen desempeñando una mesnada de políticos y diplomáticos que cruzan las puertas giratorias para poner su capital relacional al servicio del poder corporativo. Su objetivo no es otro que tejer el mapa de conexiones entre el sector privado, el ámbito político, la Administración pública, la economía social y la sociedad civil e influir en los centros de decisión políticos, económicos y sociales, europeos y globales, que determinan el marco económico y normativo de actuación.
Desde el punto de vista de la necesaria preeminencia del interés público sobre el privado y siendo conscientes de la crisis del modelo político dominante, la democracia liberal representativa gestionada por unas élites políticas con escaso bagaje intelectual y que, en teoría, asumen todo el poder para diseñar el espacio en el que vivimos; sería deseable la incorporación a este tipo de programas de otros operadores económicos y sociales: entidades de la economía social, organizaciones no gubernamentales, think tanks, sindicatos, instituciones públicas...
No se trata de sustituir unas élites electas por otras no electas, sino que los ciudadanos aprendan a interpretar e influir en la realidad para transformarla. Creo que el único valor absoluto es la libertad y para su consecución necesitamos sistemas de agitación política y cambio social.
Como insinuaba maléficamente doña Esperanza Aguirre al principio de este artículo, el origen del partido PODEMOS fue un diseño de laboratorio fabricado por un grupo de profesores universitarios, periodistas, activistas sociales, el papá de Ismael Serrano, algún intelectual, etc., a partir del manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político... Pero, ¿a favor de quiénes? Siempre a favor de quienes influyen.



sábado, 8 de agosto de 2015

Nadie te está esperando
®Víctor Meseguer y Juan Antonio Segura.
Plataforma de Innovación Social de la UMU
La Verdad, 6 de agosto de 2015
                       
Andamos huidos del calor asfixiante de Murcia, que te estruja, te quita la fuerza y se bebe tu energía sin dejarte hacer nada. Nos fuimos a donde el verano huele al atractivo aroma de la  hierba recién  cortada. Ni siquiera hace falta regarla, sólo dejarla crecer.  De repente, nos vimos envueltos en una conversación sobre los personajes de «Nadie te está esperando», la última novela de nuestro común amigo Raúl Martínez Ibars, un parte de guerra de existencias entrelazadas por la fuerza del azar.
- [...] Nunca como en estos momentos se había sentido un paria de la vida. Ya no era un príncipe peul, ya no era un osado aventurero, ya no era un emigrante que tarde o temprano volvería a su pueblo rico y victorioso, sólo era un negro sin papeles en un país en crisis que hacía aguas por todas partes. La escoria de la escoria. Así se sentía cada día cuando salía a buscar trabajo y entraba en cualquier establecimiento que tuviera un cartel que anunciara que se necesitaba personal. A pesar de su lustroso curriculum […] Abdou siempre era rechazado por falta de papeles, por falta de experiencia, por falta de perfil… Por falta. No era siquiera el cero a la izquierda, sino el cero del cero a la izquierda. Nadie. Nada.
- Joder, Raúl, si me quedo en estas palabras me rompo.
- Sí, sentir que siempre te falta algo es un pozo peligroso que termina absorbiendo las más íntimas ilusiones y esperanzas del ser humano.
En la novela, Reme se enamora de Abdou. Nosotros también nos hemos enamorado. Y utilizamos el verbo enamorar para recoger esos sentimientos de comprensión hacia el otro, esa necesidad de protección y cuidado al semejante, ese amor desligado de interés.
Sí, nos hemos enamorado de sus historias, las de cuatro chicos negros: Abdou, Ibrahima, Pap y Babacar, a los que Raúl hace hablar con borbotones de palabras entrecruzadas, que brotan de sus propias vivencias y experiencias desgranadas, haciéndonos  llorar, reír, pensar o  indignarnos a un tiempo a los que hemos  tenido la oportunidad de navegar entre las páginas de sus vidas. Y de las vidas de los otros personajes que van entrando y saliendo de la novela. Especialmente de Reme, una mujer que emigró de Murcia a Barcelona y que, tras ser desahuciada, acaba conviviendo con los cuatro negros. Ella es un torbellino que llegó a nuestras vidas para removerlo todo. Reme es el prototipo de mujer mayor, poco instruida, como ella dice repetidamente, con sus grandes prejuicios, como casi todas las personas que le contaron las historias sólo de una parte… Una mujer racista que termina hallando su felicidad conviviendo en un piso de acogida con cuatro negros. ¡Pobre Reme! con la vergüenza que le daba al principio verse en esa situación y cómo termina yendo a todas las manifestaciones para impedir el cierre del asentamiento y luchar por los derechos de las personas inmigrantes. Entonces, en medio del artículo, Reme volvió a conmovernos:
« ¿Es que la gente no se da cuenta de que nos estamos peleando entre los pobres? Yo estoy mutriste la verdá. Ya han cerrao el asentamiento ese, y todo el mundo se queda en la calle sin trabajo, sin papeles y sin na […] y en vez de pelearnos con los políticos y los banqueros nos peleamos entre los pobres. ¿Pero sabéis qué es lo peor de ? Lo peor es que yo hubiera estao ahí si no estuviera viviendo en el piso con los cuatro negros, que ahora son tres porque a uno lo han expulsao. Porque también yo me lo creía, que los inmigrantes nos robaban y nos quitaban el trabajo y la salud y to erapa ellos. Pero a mí no han sido los inmigrantes los que me han quitao el piso, sino el banco. […] ¡Contra esos es contra los que hay que pelearse y no con unos pobres desgraciaos que no tienen dónde caerse muertos! ...»
Raúl mira y nos hace ver cada instante, cada aire, cada una de las vidas, tantas veces olvidadas, de inmigrantes que viven la dura realidad de los asentamientos y las infraviviendas; esas realidades superpuestas a nuestra propia vida que no queremos ver,  no queremos conocer.
Nos hace escuchar las palabras de tantos  y tantos inmigrantes que permanecerían en el anonimato de nuestras vidas si no fuera por el regalo de su novela, mostrándonos  hasta los susurros del silencio en cada expresión de sus calladas voces.

Entre sus páginas lloras, como las nubes sobre la esponjosa tierra. Amas, desde la ternura de la mirada de un niño. Andas, sobre cada paso de sus vidas en el olvido del tiempo. Ríes, como si fuera la última risa del viento...

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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