jueves, 23 de julio de 2015

ATORADOS
Víctor Meseguer
 La Verdad, 23 de julio de 2015
Lunes, 13 de julio. Tras la aprobación de la Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de la Región de Murcia, los nuevos miembros del Consejo Económico y Social tomamos posesión de la carga, aún más pesada, tras el adiós de su vocal más veterano e influyente: Don Clemente García.

Ingresé poco después que él, en 1994, y desde entonces ha llovido mucho, hasta incluso en Murcia. Sin embargo, los cambios en la organización del trabajo siguen en la misma dirección y sentido: la desregulación progresiva de los mercados laborales, la atomización empresarial, la permanente amenaza de transferencia de los centros de producción a entornos económicos y laborales desprotegidos, la aparición de formas de trabajo dependiente no sujetas a presencia física en centros de trabajo, la progresiva terciarización de la economía, la precarización del empleo y, a través de estos factores, el desequilibrio creciente entre las fuerzas del capital y del trabajo...

Todas estas razones, y algunas más, exigen hoy formas de acción sindical cada vez más innovadoras en su concepción organizativa y estratégica, capaces de hacer frente al impacto negativo de la globalización económica sobre los derechos económicos, culturales y sociales de quienes ayer integraban la clase trabajadora. ¿Clase trabajadora? Empezó a morir cuando los centros físicos de trabajo, tal como se han concebido en el último siglo, comenzaron a desaparecer como resultado de la atomización de las empresas, la externalización de servicios y componentes, la progresiva implantación de sistemas de teletrabajo y la proliferación de trabajadores autónomos.

Así las cosas y ante la amenaza de aislamiento social y económico de los sindicatos, precisamos de nuevas formas de presencia y acción sindical en los centros de trabajo, nuevas estrategias de presión social vinculadas al consumo, nuevos modos de influencia sobre los mecanismos políticos, económicos y sociales condicionantes de la distribución de la renta y el conocimiento, nuevas estrategias de comunicación y creación de opinión, nuevos servicios de apoyo a la gestión de la carrera profesional de los empleados, nuevos objetivos y métodos de afiliación y nuevos marcos de vinculación internacional de las organizaciones sindicales, en la búsqueda de una alternativa global de equidad y garantía de derechos.

Tales objetivos, requieren la construcción de un nuevo paradigma del saber y el saber hacer, en el interior de los sindicatos, así como una nueva actitud de las organizaciones sindicales hacia el conocimiento como instrumento de fortalecimiento institucional. En este sentido, la formación debe jugar un papel de regulación de procesos de cambio  en las organizaciones sociales y, por tanto, estar orientada en sus objetivos y estrategias al cumplimiento de metas específicas de desarrollo organizativo y mejora de resultados institucionales. El reto no es otro que aprender a negociar en la Sociedad del Conocimiento.

La incidencia creciente del individualismo y el posibilismo en la sociedad y la implantación progresiva del axioma: “cualquier empleo es mejor que ningún empleo” es la lógica consecuencia de un futuro que ya ha empezado la desregulación económica incluso en sectores considerados estratégicos para el desarrollo de las naciones; una precarización creciente del mercado de trabajo que puede desembocar, en no más de 15 años, en la práctica desaparición del empleo estable, tal como se ha conocido en el último cuarto del siglo XX; el aumento de los flujos de capital especulativo, no controlados ni controlables por las políticas de Estado; la mercantilización de la ciencia y la tecnología, olvidando la naturaleza social de las mismas y su finalidad colectiva subyacente y asumiendo un papel subsidiario de los poderes económicos. (Se ha llegado a patentar el genoma humano y empresas norteamericanas están patentando semillas puras, endémicas de países latinoamericanos, no modificadas genéticamente, ante la contaminación producida en las variedades autóctonas por los cultivos transgénicos). Un regreso al pasado donde se hace evidente el determinismo socio familiar en la asignación de la función social a los ciudadanos.

Ante tales evidencias, refrendadas por organismos internacionales económicos y laborales, cabe pensar que es, a todas luces, imposible que los sindicatos sigan funcionando como una organización de respuesta de coyuntura ante la constatación empírica de que una vez que se evidencian los problemas y disfunciones en el mercado de trabajo, parece extremadamente dificultoso o directamente imposible revertir sus efectos. Por ello, es imprescindible implantar en las organizaciones sindicales un pensamiento estratégico capaz de anticiparse a los problemas y promover respuestas preventivas. En esta línea, resulta fundamental la implantación de métodos de gestión y organización funcional orientados a objetivos y resultados, antes que a actividades y normas, así como generar estructuras sindicales supranacionales con capacidad de negociación y propuestas a nivel internacional...

Es la opinión de alguien que escribe desde la indignación y la víscera, de quien no tiene nada que perder. En todos estos años aprendí que hay más culturas que  la ópera y el ballet, que hay más sabidurías además de la escolástica, y también más visiones del mundo y más formas de ayudar al bien común que los instituidos.  






domingo, 12 de julio de 2015

TODO TIENE QUE VER CON TODO

TODO TIENE  QUE VER CON TODO
Víctor Meseguer
Es interesante poner en relación esta idea de alianza con las conclusiones que Lèvi-Strauss elabora en su explicación de la existencia de la prohibición del incesto. El etnólogo francés se refiere a que la práctica endogámica está prohibida en la inmensa mayoría no como algo propio de la naturaleza humana, sino como algo cultural: «[…] como la exogamia, la prohibición de incesto es una regla de reciprocidad, ya que únicamente renuncio a mi hija o a mi hermana con la condición de que mi vecino también renuncie a las suyas».
Ante la hostilidad, la supervivencia y el egoísmo, el intercambio de mujeres aparece según el francés, como garantía de alianza entre desconocidos. Lévi-Strauss entiende el intercambio como el hecho social total que posibilita la existencia de comunidades y sociedades. Se refiere así a tres tipos de intercambio que producen el surgimiento de tres instituciones o prácticas propias de un Estado moderno: intercambio de mujeres que deriva en la aparición del parentesco, intercambio de bienes que da origen al comercio y la economía, y el intercambio de palabras, que da lugar al lenguaje y la cultura.
Para Hegel, el Estado justo será aquel que posibilite la realización de las libertades de los individuos. Esta idea de Hegel del concepto de Estado o sociedad civil tiene la influencia de la tradición iusnaturalista, así como aquella idea universal del individuo como poseedor de derechos y agente de conciencia moral, propia de Kant. De este modo, la sociedad civil se presenta como el camino que parte desde lo estrictamente privado y va hacia lo público.
Es un recorrido dialéctico, siendo entonces el punto de encuentro entre el interés individual y el general. Y en este contexto de confluencia nace lo político. Hegel explica este ámbito social civil como el único espacio posible en el que el individuo se pueda desarrollar y alcanzar su auténtica realidad e intersubjetividad y que, a mi juicio, solo tiene vida en el espacio de  la abscisa  y la ordenada de un plano cartesiano: el poder político y el poder económico; un nuevo poder económico, que se ha levantando sobre las ruinas del muro de Berlín y que, careciendo de legitimidad democrática, ha ido ocupando un lugar cada vez más preponderante en la nueva gobernanza mundial mediante la debilitación de las formas tradicionales de gobierno de los pueblos, con la complicidad de un poder político que ha ido  eliminando los mecanismos tradicionales de control social.
Estos dos tipos de poder, el político y el económico, son sin duda diferentes en muchos aspectos, y se asocian con tipos diferentes de sanciones. No obstante, están íntimamente relacionados y son inseparables en muchos contextos. En ambos casos, estamos tratando de relaciones de poder entre individuos y grupos, cuando estas relaciones se consideran estructuralmente en toda la extensión de una polity. En ambas instituciones, las relaciones son manipulantes, técnicas e instrumentales; en cuanto a los hombres, en las diferentes situaciones se utilizan unos a otros como medios para conseguir unos fines y no como fines en sí mismos…
Tras el referéndum celebrado el pasado domingo en Grecia, se hace necesaria una lectura alternativa sobre el mito de David y Goliat, y una revisión sobre la puerilidad de unas creencias que sólo encajan en el mundo del “Capitán Trueno”.  Con independencia del resultado favorable del plebiscito, Alexis Tsipras parece tener todas la de perder en su batalla contra Goliat… ¿O no?
Sinceramente, no lo sé. Alguien me dijo que dos ejércitos firman un armisticio cuando los dos constituyen una amenaza creíble del uno para el otro. Tal vez, Tsipras todavía mantiene viva la posibilidad de representar una amenaza creíble para Goliat. En fin, que todo tiene que  ver con  todo y en Murcia no estamos mejor que en Grecia...



UNIVERSIDAD.ES

UNIVERSIDAD.ES
Víctor Meseguer Sánchez
(A título personal)

Una sociedad desarrollada es una sociedad permeable que impide el determinismo social, que asigna responsabilidad en función de la capacidad, que diversifica las fuentes de extracción social del poder, que favorece la aportación creativa de la inteligencia allí donde se encuentre, que impide las autocracias de grupo, que favorece la riqueza de la diversidad y la libre opinión, que incorpora  la diferencia, que promueve la iniciativa individual y colectiva, que elimina los miedos, que elige libremente desde la información, que cohesiona los grupos sociales que la componen en un proyecto sugestivo de vida en común, que compensa los desequilibrios, que impulsa nuevos modelos de ejercer el gobierno, de tipo relacional y no sólo normativo y gerencial, que da valor y sentido positivo a la ética en la idea del "otro" y su bienestar, que ama la verdad y la defiende.

Para ello son necesarios, sin exclusiones, ciudadanos y ciudadanas libres de determinismos y autolimitaciones, conscientes de sus potencialidades y capacidades, resilientes y empoderados,  actores y no sólo espectadores de la vida pública, con una visión del mundo rica y extensa, con una comprensión integradora, diversa y lúcida de la realidad en la que vive y convive, con un nivel de información creciente, dispuestos al ejercicio positivo de la libertad, a la iniciativa y al riesgo, con capacidad de influencia en la construcción de valores de la sociedad en la que vive, conscientes del conjunto de opciones vitales, predestinados, exclusivamente, a elegir. En ese objetivo, las universidades, como instrumento de distribución social del conocimiento, tienen una influencia  manifiesta.
Por mi procedencia social e ideología socialdemócrata, defiendo una universidad pública que facilite los procesos de movilidad social y que rompa las barreras tradicionales de estratificación social. No obstante, mi compromiso con lo público no se asienta en la negación de lo privado y me sorprende el conflicto inestable entre las dos universidades públicas y la privada, un debate que  nos distrae de lo realmente importante: el compromiso de los tres centros universitarios con las ciencias del conocimiento, la investigación aplicada, la relación y vinculación con otros actores sociales, la articulación de respuestas innovadoras a los retos de la sociedad, la generación de pensamiento y su apuesta por la cohesión social y territorial desde la ética, el compromiso y su apuesta por la justicia social y la cultura.
Ortega y Gasset alude al protagonismo social de la cultura cuando señala: "..la cultura es un conjunto orgánico de creaciones con el cual, los hombres, han intentado resolver sus problemas vitales". Sin ánimo de agraviar a nada ni nadie y con la escasa información de la que dispongo,  les propongo algunos elementos -más- para continuar el debate:

En puridad, la UCAM no es una empresa privada. Al tratarse de una institución de estudio, docencia e investigación superior de la Iglesia Católica en España, erigida canónicamente a iniciativa de la Fundación Universitaria San Antonio  (entidad sin ánimo de lucro y de interés público), habría que encuadrarla en la economía social y se le podría aplicar la misma lógica por la que Manuela Carmena  promueve la creación de cooperativas de madres y padres para que se encarguen de la limpieza en los colegios e institutos madrileños: la creación de valor social además del económico, cuyas principales evidencias a la vista son las donaciones de la UCAM a entidades como, por ejemplo, Proyecto Hombre, Bomberos en Acción, Asociación D´Gemes y un largo etc. Las más importantes suelen permanecer invisibles, mediante las aportaciones de valor intangible, muy difíciles de medir, pero evaluables a través de sistemas de retorno social de la inversión, cuya aplicación sería deseable tanto en lo público como en lo privado.
Es cierto que la UCAM gestiona un tema muy delicado: la conformación de capital humano emergente. Por cierto, no menos delicado  que la gestión de servicios y centros de reforma juvenil (centros de internamiento para jóvenes que han cometido un acto tipificado como delito por el Código penal) o los programas de cohesión social, o la integración de personas con discapacidad, que también son gestionados por fundaciones como, por ejemplo,  Fundación DIAGRAMA, Fundación CEPAIM, Fundación SECRETARIADO GITANO,  Fundación ONCE,  Fundación RAIS, etc.
Quizá, sólo quizá, no sea una verdad absoluta que lo privado sea intrínsecamente malo y lo público bueno por naturaleza. Además, si lo público es intrínsecamente e indefectiblemente bueno, tenemos que estar tranquilos porque la última palabra la tiene la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación y el Protectorado de Fundaciones, ambas instituciones encuadradas en algo tan público como el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que en nombre del Estado vigilan la calidad docente e investigadora, así como la afectación permanente del patrimonio de la Fundación Universitaria San Antonio a los fines de interés general acordados en el acto fundacional. Si el Estado, no dice nada, supongo que será porque no tendrá nada que decir. ¿O no?








VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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