viernes, 12 de junio de 2015

UN NUEVO ESPACIO POLÍTICO Y SOCIAL


UN NUEVO ESPACIO POLÍTICO Y SOCIAL

Víctor Meseguer y Catalina Guerrero*

 La crisis socio-económica ha provocado una reducción paulatina en los ingresos medios que perciben los hogares españoles. Así lo constata el Instituto Nacional de Estadística, a través de fuentes oficiales como la Encuesta de Condiciones de Vida. Los últimos datos revelan que el ingreso monetario medio anual neto por hogar se situó en 26.154 euros en 2014, con una disminución del 2,3% respecto al año anterior. El ingreso medio por persona alcanzó los 10.391 euros, cifra un  1,3% inferior a la registrada en 2013. La tasa de riesgo de pobreza se sitúa en el  22,2%, siendo los menores de 16 años los que alcanzan el mayor porcentaje ( 30,1 %). La Unión Europea, por su parte, cifra en un  27,3% el porcentaje de personas que en 2013 estaban en riesgo de pobreza o de exclusión social en nuestro país (Tasa AROPE), siendo los niños y jóvenes de entre 0 y 17 años nuevamente los más afectados (33,8%). Estos datos sitúan a España por encima de la media que se obtiene para el conjunto de países de la Unión Europea (24,5%) en materia de pobreza y exclusión social...  Son los condimentos con los que hay que fabricar eso que antes llamaban futuro. El que no soporte el calor, que no se meta en la cocina. 
Estos datos, junto con los que hacen referencia al desempleo, ponen de manifiesto el fracaso colectivo de las políticas, las estrategias y las metodologías puestas en marcha para su abordaje, obligando a los diferentes actores a diseñar, experimentar, validar y transferir a las políticas públicas nuevas formas de hacer las cosas, nuevas metodologías y estrategias de intervención social, que incorporen las alianzas entre actores diversos, la creatividad, la diversidad y la participación. Es decir, un nuevo espacio político y social en el que no nos resignemos a que las respuestas vengan de individuos iluminados o gurús, sino de la inteligencia colectiva, de la cooperación, de la colaboración y de la puesta en común, porque, como decía Stuart Mill: "Cuando uno discute consigo mismo, tiene tendencia a darse la razón".
Hablamos de Innovación Social, un concepto relativamente nuevo, moderno, novedoso, pero cuyo significado viene de lejos: desde los hospicios en la Edad Media, hasta el movimiento cooperativo (en plena revolución industrial), o los microcréditos, o el crowfunding o el blablacar, etc.  Es decir, tenemos que superar el concepto de I+D+i vinculado de manera exclusiva a los ámbitos tecnológico y científico, para situar a las personas en el centro de discusión y a la innovación social como un objetivo central y transversal a todas las políticas de I+D+i. Esta fue una de las conclusiones de las jornadas “Compromiso con la Innovación en la Región de Murcia”, organizadas por la Dirección General de Investigación e Innovación y el Vicerrectorado de Formación e Innovación de la Universidad de Murcia, celebradas el pasado 12 de mayo en el Centro Tecnológico de Murcia.
A nivel más operativo, se acordó la constitución de un círculo sobre innovación social para abordar los principales retos, necesidades y demandas sociales desde la coordinación público-privada, con la implicación y la participación de la propia ciudadanía, organizada para la conformación de grupos territoriales de intervención, integrados por la administración, las entidades del tercer sector de acción social, las empresas de economía social, las universidades y otros actores sociales presentes en el territorio.
A resultas, como afirma la Comisión Europea, en el marco del concurso de Innovación Social New Ways to Grow, Europa necesita un crecimiento que no cree únicamente valor financiero, sino también progreso social para los ciudadanos, los gobiernos y las empresas. En este sentido, se hace necesaria la aplicación de ideas y prácticas novedosas en el ámbito de la gestión pública, con el objetivo de generar valor social. Entendida así, debemos asumir una clara y latente dimensión social y pública de la innovación, que no podemos ni debemos obviar, y cuyas finalidades son satisfacer necesidades sociales y ofrecer unos servicios públicos de calidad: eficientes, eficaces y operativos, orientados a atender los desafíos de la ciudadanía. Es decir, debemos caminar hacia un modelo de innovación pública basado en la apertura, la participación y la colaboración, desde perspectivas abiertas, colaborativas, interactivas y transparentes.
Los modelos actuales de crecimiento no sirven para una sociedad donde la escasez es la norma y donde demasiada gente se queda atrás. Nuevas maneras de colaborar, cooperar, co-crear y crecer son necesarias para construir, entre todos, una Europa sostenible e inclusiva, donde la cultura de la innovación lleve a las administraciones al compromiso estratégico de crear productos, servicios y soluciones que aporten valor a la sociedad, apostando por la colaboración público-privada como una de las claves de la innovación. La innovación es un proceso que afecta a toda la sociedad y exige caminar hacia nuevas formas de colaboración y nuevos espacios de articulación para las organizaciones del sector público, privado y social.


*Víctor Meseguer Sánchez es Responsable de la Plataforma de Innovación Social de la UMU. Catalina Guerrero Romera es Coordinadora de Innovación del Vicerrectorado de Formación e Innovación de la UMU.  

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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