domingo, 13 de diciembre de 2015

EL PAPA FRANCISCO Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL



EL PAPA FRANCISCO Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Víctor Meseguer

“Lo importante no es hacer cosas en la vida, sino poner la vida en las cosas que hago”, rubricó Isidoro Anguita Fontecha (Isis) -el abad del Monasterio Cisterciense Santa María de la Huerta – en algún lugar, algún día... Durante toda mi vida he compartido esta idea. 

Isis tiene mucha sensibilidad y sus palabras nos invitan a soñar y trabajar por otro estilo de vida. Un mundo que gire sobre cimientos como la ética, el compromiso con el territorio y las personas. Por el diálogo y la confianza como claves del engagement de las organizaciones con sus grupos de interés (stakeholders)

Como afirma Ildefonso Camacho (sacerdote Jesuita): “Esta teoría de los stakeholders no nació del análisis ético de la empresa, sino más bien en el ámbito de la planificación estratégica.  Y, sin embargo, pronto fue asumida por la ética como un instrumento de gran utilidad para comprender la función de la empresa en la sociedad”.  

Pero ha sido el Papa Francisco quien les ha dado voz a muchos religiosos como Ildefonso e Isis y también a muchos científicos humanistas.  En su encíclica “Laudato si’”, Francisco llama la atención de todos los habitantes de la tierra (no solamente cristianos o católicos) sobre la necesidad de cambiar un estilo de vida que está arrastrándonos a la destrucción ambiental y también humana, y cuya manifestación más prosaica es el relativismo moral que invade occidente. Para él, también el ser humano es naturaleza y, por tanto, cuando no cuidamos el que es nuestro hogar común, tampoco nos cuidamos a nosotros ni a nuestros semejantes. 

Entre los males que nos acechan, el Papa Francisco señala como uno de los más peligrosos la “cultura del descarte”, que hace referencia a los objetos que usamos y tiramos sin mayor miramiento y convierte todo lo que descartamos (y descartamos sin cesar) en basura. 

El lema “comprar, tirar, comprar” que se utiliza con los objetos, y cómo estos son percibidos con en tránsito del tiempo en residuos o directamente basura, nos devuelve la visión de las personas que son tratadas de esta misma manera. Los procesos de exclusión social, de pobreza o discriminación de los diferentes, que implica la expulsión de la sociedad “normalizada” de los más vulnerables, nos recuerda cómo se descartan también los seres humanos considerados “inservibles”. Todo esto trae a mi memoria La Creación de Kant, cuando dice que debemos tratar a los demás como un fin en sí mismo, y no como un medio que nos sirva para alcanzar nuestros fines personales.

Todos estos elementos dibujan una situación de degradación ambiental y también social que tiene sus cimientos en la pérdida de los valores y principios comunitarios, por encima de los intereses particulares. Como bien termina exponiendo Francisco, hoy no podemos dejar de reconocer que “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

Ante a todas estas pérdidas ambientales, sociales y culturales, propone el Papa Francisco lo que denomina una “ecología integral”, explicando que las crisis ambientales y sociales no existen por separado, sino que en realidad responden a una única y compleja crisis socio-ambiental.  Aboga Francisco por la creación de una ecología no sólo ambiental, sino también social, cultural y económica.

Esta ecología integral que propone el Sumo Pontífice recuerda a lo que Boaventura de Sousa Santos llama “ecología de saberes”, es decir, la idea de que sólo con el diálogo entre saberes diversos, sólo desde la gestión positiva de la diversidad, podremos dar respuestas a la crisis que atravesamos. Esta intuición de que la especialización y la sectorialización nos hace linces para terrenos muy limitados y ciegos para la mirada amplia, también es asumida por el Santo Padre.

Lejos de discursos catastrofistas, sin mayor aporte que el dramático, Francisco con sus propuestas nos da una lección de esperanza. La mayoría de estas líneas de orientación pasan, como no podía ser de otra manera, por el diálogo, por la comunicación y la convivencia con quienes nos rodean para ganarnos su confianza. 

El cuerpo de la encíclica termina apostando por una educación ecológica y por una espiritualidad que también lo sea. Pareciera que el Santo Padre nos dijera, como ya hiciera Cousteau: “La gente protege lo que ama”, y podríamos añadir, sólo se ama lo que al menos se conoce.

Quizá sea importante terminar diciendo que cada uno de nosotros dejamos una “huella ecológica” en el mundo. Aunque es cierto que comparado con los grandes impactos ambientales y sociales parece una minucia. Lo cierto es que el cambio debe empezar por uno mismo, puesto que como decía Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Reflexión que nos lleva hacia un nuevo concepto, la responsabilidad social territorial, una cuestión de la que seguiremos hablando juntos.

2 comentarios:

  1. Profunda reflexión que en su sencillez apunta directamente a la fractura de la moral como eje y motor de nuestra actuación . Preocupa ser testigo de un mundo que vive en constante avance pero que deja atrás valores fundamentales.

    ResponderEliminar
  2. Profunda reflexión que en su sencillez apunta directamente a la fractura de la moral como eje y motor de nuestra actuación . Preocupa ser testigo de un mundo que vive en constante avance pero que deja atrás valores fundamentales.

    ResponderEliminar

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

TABLON DE ANUNCIOS

Sin noticias