domingo, 22 de noviembre de 2015

LAS VICTIMAS NO MIENTEN





LA HISTORIA LA DEBEN ESCRIBIR LAS VÍCTIMAS Y NO SUS VERDUGOS
Víctor Meseguer

En el paraninfo de la Universidad de Murcia no cabía un alfiler. La charla iba sobre prisiones. La mesa, según el programa, la integraban el cura Joaquín Sánchez, el ex preso político del franquismo Antonio Martínez Ovejero, la ex presa política "Encarni" León y yo como responsable de la Plataforma de Innovación Social de la UMU. Fuera de programa, se sumó la profesora Teresa Vicente.
Centré mi intervención en una lectura crítica sobre el fin del tiempo penitenciario que, a mi juicio, no es otro que neutralizar, intimidar y, según la Constitución, reeducar y reinsertar (una especie de metamorfosis que transforma la sanción coaccionadora en terapia benefactora del individuo) a quienes no les basta con el efecto disuasorio que debe ejercer el código penal.
Respecto al tema de reinsertar o, dicho en otras palabras, evitar la ruptura del condenado con el medio social del que proviene, tengo mis dudas, porque, en muchos casos, lo mejor que les podría pasar a algunos presos es no volver al lugar del que proceden.
Dudas que se recrecen cuando profundizo en el tema de la reeducación. Si desmenuzamos el contenido del concepto "reeducación", este puede hacer referencia tanto a una modificación de las “intenciones” como de las “capacidades” de los delincuentes que son condenados. Es en el primero de estos términos en el que puede resultar más criticable y, ello, desde dos puntos de vista muy diferentes: su viabilidad y su legitimidad.
En cuanto a su viabilidad, pretender que el medio penitenciario como “institución total” pueda suplir las carencias que otras instituciones (educativas, familiares, laborales, etc.) no han podido vestir, suena a pretencioso. Además, el destinatario de la pedagogía correccional dista mucho del sujeto tipo para la que parece haber sido diseñada: de un lado, personas con carencias importantes en los procesos de socialización primarios, cuyos déficits han tenido una incidencia fundamental en la personalidad criminógena del sujeto; y, del otro, individuos que no son susceptibles de modificación en sus intenciones, porque no pueden o no quieren serlo.
El juez de Vigilancia Penitenciaria de Madrid que regresó a Jaume Matas de un régimen de semilibertad a un régimen cerrado, afirmaba en su auto que “aunque es un hecho indudable tanto al tiempo actual como al de la comisión del delito que Jaume Matas es un sujeto socialmente insertado- pues cuenta con un medio sociofamiliar normalizado, lo cual es normal en la delincuencia llamada de «guante blanco», no hay reeducación del interno y sin haberse alcanzado este fin de la pena, no tiene sentido la clasificación en tercer grado”.
Respecto a la legitimidad, reeducar no puede traducirse en dominar, adoctrinar...En un derecho uniformador por parte de la cultura dominante o dominadora, por ejemplo, los valores del cura Joaquín, portavoz del colectivo contra los desahucios en nuestra Región, poco tienen que ver con los de quienes indujeron o redactaron la Ley Mordaza, pero si coinciden con los valores del actual Papa.
A mi juicio, para resumir, entre los fines de las Instituciones Penitenciarias deben prevalecer dos cuestiones: que nadie sufra ninguna condena añadida a la que dictó el juez, así como la necesidad de aprovechar el tiempo penitenciario para ofrecerle al interno herramientas e instrumentos para que, si él quiere, pueda desarrollar una vida en libertad al margen del delito. Sí, hablamos de modificación de capacidades, una acepción del concepto “reeducar” que me resulta más fácil de aprender y aprehender.
De hecho, son numerosos los internos que salen del analfabetismo, emprenden estudios o adquieren instrumentos laborales (formación profesional, aprendizaje de oficios, etc.) tras los muros carcelarios.
Tras un vídeo sobre prisiones, cerraron la charla Joaquín y  Encarnación,  conforme ella iba desgranando su experiencia como "presa política", me preocupé porque empezaba a no entender nada...  De repente recordé la vídeo noticia de La Verdad del 20/11/2013,  donde se informaba que la grapo 'Encarni' León salía de la cárcel de Campos del Río. La condenada había cumplido 21 de los 98 años que le impusieron por varios delitos… “Oímos gritos y disparos por teléfono y ya pensamos lo peor”, afirmaban Carmiña, Azu y Mónica -las hijas del empresario Claudio San Martín- veinticinco años después de que su padre fuera asesinado en 1988. En el vídeo  se veía a Encarnación León  en un vehículo blanco sin pegatinas, acompañada de dos personas.
Le pedí la palabra a la moderadora y me dirigí al público para comentar, entre otras cosas, que me gustaría que alguien definiera el concepto de preso político y que si este abarcaba a los miembros de la banda criminal ETA (o GRAPO); yo seguía pensando que estos señores sólo eran unos asesinos, cobardes. Los alumnos (que constituían la inmensa mayoría de los asistentes) aplaudieron la aclaración, pero un señor con capucha se dirigió hacia la mesa preguntándome de una forma inquietante por Otegui, mientras que el conductor de la furgoneta blanca, desde el fondo, me llamaba a gritos “¡Mentiroso, mentiroso…!” Las víctimas no mienten.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

TABLON DE ANUNCIOS

Sin noticias