domingo, 12 de julio de 2015

UNIVERSIDAD.ES

UNIVERSIDAD.ES
Víctor Meseguer Sánchez
(A título personal)

Una sociedad desarrollada es una sociedad permeable que impide el determinismo social, que asigna responsabilidad en función de la capacidad, que diversifica las fuentes de extracción social del poder, que favorece la aportación creativa de la inteligencia allí donde se encuentre, que impide las autocracias de grupo, que favorece la riqueza de la diversidad y la libre opinión, que incorpora  la diferencia, que promueve la iniciativa individual y colectiva, que elimina los miedos, que elige libremente desde la información, que cohesiona los grupos sociales que la componen en un proyecto sugestivo de vida en común, que compensa los desequilibrios, que impulsa nuevos modelos de ejercer el gobierno, de tipo relacional y no sólo normativo y gerencial, que da valor y sentido positivo a la ética en la idea del "otro" y su bienestar, que ama la verdad y la defiende.

Para ello son necesarios, sin exclusiones, ciudadanos y ciudadanas libres de determinismos y autolimitaciones, conscientes de sus potencialidades y capacidades, resilientes y empoderados,  actores y no sólo espectadores de la vida pública, con una visión del mundo rica y extensa, con una comprensión integradora, diversa y lúcida de la realidad en la que vive y convive, con un nivel de información creciente, dispuestos al ejercicio positivo de la libertad, a la iniciativa y al riesgo, con capacidad de influencia en la construcción de valores de la sociedad en la que vive, conscientes del conjunto de opciones vitales, predestinados, exclusivamente, a elegir. En ese objetivo, las universidades, como instrumento de distribución social del conocimiento, tienen una influencia  manifiesta.
Por mi procedencia social e ideología socialdemócrata, defiendo una universidad pública que facilite los procesos de movilidad social y que rompa las barreras tradicionales de estratificación social. No obstante, mi compromiso con lo público no se asienta en la negación de lo privado y me sorprende el conflicto inestable entre las dos universidades públicas y la privada, un debate que  nos distrae de lo realmente importante: el compromiso de los tres centros universitarios con las ciencias del conocimiento, la investigación aplicada, la relación y vinculación con otros actores sociales, la articulación de respuestas innovadoras a los retos de la sociedad, la generación de pensamiento y su apuesta por la cohesión social y territorial desde la ética, el compromiso y su apuesta por la justicia social y la cultura.
Ortega y Gasset alude al protagonismo social de la cultura cuando señala: "..la cultura es un conjunto orgánico de creaciones con el cual, los hombres, han intentado resolver sus problemas vitales". Sin ánimo de agraviar a nada ni nadie y con la escasa información de la que dispongo,  les propongo algunos elementos -más- para continuar el debate:

En puridad, la UCAM no es una empresa privada. Al tratarse de una institución de estudio, docencia e investigación superior de la Iglesia Católica en España, erigida canónicamente a iniciativa de la Fundación Universitaria San Antonio  (entidad sin ánimo de lucro y de interés público), habría que encuadrarla en la economía social y se le podría aplicar la misma lógica por la que Manuela Carmena  promueve la creación de cooperativas de madres y padres para que se encarguen de la limpieza en los colegios e institutos madrileños: la creación de valor social además del económico, cuyas principales evidencias a la vista son las donaciones de la UCAM a entidades como, por ejemplo, Proyecto Hombre, Bomberos en Acción, Asociación D´Gemes y un largo etc. Las más importantes suelen permanecer invisibles, mediante las aportaciones de valor intangible, muy difíciles de medir, pero evaluables a través de sistemas de retorno social de la inversión, cuya aplicación sería deseable tanto en lo público como en lo privado.
Es cierto que la UCAM gestiona un tema muy delicado: la conformación de capital humano emergente. Por cierto, no menos delicado  que la gestión de servicios y centros de reforma juvenil (centros de internamiento para jóvenes que han cometido un acto tipificado como delito por el Código penal) o los programas de cohesión social, o la integración de personas con discapacidad, que también son gestionados por fundaciones como, por ejemplo,  Fundación DIAGRAMA, Fundación CEPAIM, Fundación SECRETARIADO GITANO,  Fundación ONCE,  Fundación RAIS, etc.
Quizá, sólo quizá, no sea una verdad absoluta que lo privado sea intrínsecamente malo y lo público bueno por naturaleza. Además, si lo público es intrínsecamente e indefectiblemente bueno, tenemos que estar tranquilos porque la última palabra la tiene la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación y el Protectorado de Fundaciones, ambas instituciones encuadradas en algo tan público como el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que en nombre del Estado vigilan la calidad docente e investigadora, así como la afectación permanente del patrimonio de la Fundación Universitaria San Antonio a los fines de interés general acordados en el acto fundacional. Si el Estado, no dice nada, supongo que será porque no tendrá nada que decir. ¿O no?








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