sábado, 16 de mayo de 2015

LOS SUEÑOS SE DESPIERTAN Y MUEREN


LOS SUEÑOS SE DESPIERTAN Y MUEREN
Víctor Meseguer y Juan Antonio Segura
La Plataforma de Innovación Social (UMU)
La Verdad, 7 de mayo de 2015
¿Por qué los sueños se despiertan y mueren en la boca de algunos de nuestros políticos? ¿Por qué resulta tan fácil para algunos humanos hablar y a la vez tan complejo llenar esas palabras de contenido, de mensajes, de pasión, de pensamiento, de reflexión, de análisis y de sabiduría? ¿Por qué están tan cerca de los caminos de nuestros pasos, de nuestros labios, algunos mensajes indignos, cargados de superficialidad, discriminación, estereotipos, generalizaciones e imágenes guía que nos aproximan a los “otros” desde la indiferencia, el desprecio, el desconocimiento y la distancia? Si los portadores de la culpa son siempre los “otros”, ¿quiénes somos “nosotros”? Si construimos un “nosotros” incluyente y un “otros” excluyente, cada vez que en algún contexto alguien o algo nos sitúe dentro del “otros”, también seremos parte de la culpa, de los excluidos, de los indignos. ¡Ay amigo mío!  Si seguimos construyendo el espacio público con fronteras entre el “nosotros” y los “otros” que cerca estaremos siempre de la frontera de los “otros”.
Si el comportamiento humano y la palabra son fruto de nuestras sensaciones, de nuestros sentimientos y estos vienen generados por nuestro pensamiento, el cual se construye a partir de nuestra mirada particular y personal de la realidad que nos rodea, ¿es posible que esto quiera decir que toda palabra, toda frase que en esta campaña preelectoral pronuncia un político, un candidato o candidata a gestionar nada más y nada menos que algo tan sagrado como el espacio público, sea producto de sus  sentimientos y de sus pensamientos?
Cuando un candidato o una candidata a las próximas elecciones municipales o autonómicas dice públicamente –sin despeinarse- que lo que más molesta a los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, que uno de los mayores problemas que tenemos en este momento, es la presencia en nuestras calles  de personas sin techo, que padecen pobreza y exclusión social y sobreviven a través de la mendicidad organizada en mafias; cuando dicen que es la pobreza y los pobres los que nos impiden hacer un uso compartido de los espacios públicos, que es la pobreza y los pobres los que imposibilitan nuestro crecimiento; cuando vinculan delincuencia y pobreza con inmigración y con las personas inmigrantes, ¿qué sentimientos, qué pensamientos, qué comportamientos son los que producen estas palabras?, ¿de dónde emanan estas reflexiones? ¿Son de un pensamiento y de una emoción propia, robada o prestada?
Si son palabras, expresiones y reflexiones que responden a sensaciones, emociones y comportamientos propios son un claro síntoma de la enfermedad que padecemos, de las células de nuestro organismo que han mutado y se han convertido en malignas, en células cancerígenas, que nos amenazan con una metástasis generalizada que nos conducirá, con toda seguridad, a la muerte, pero no a una muerte de los “otros” o de “nosotros”, sino a una muerte social, a una muerte de lo colectivo, de lo común, de lo diferente, de la diversidad. Una enfermedad sin nombre propio, cuyos síntomas son el individualismo, la indiferencia, el olvido, la pérdida de valores y principios que nos han configurado como seres humanos.
Sólo cuando  tomamos conciencia de estar enfermos acudimos a la consulta del médico, ¿pero qué  medico trata la ignorancia, el individualismo, la indiferencia, la superficialidad, la mentira, el egoísmo? ¿Qué médico puede tratar a las personas o a los políticos que confunden la ética con la estética, a quienes vinculan lo público con la imagen y no con principios éticos?
Nosotros y los otros, juntos, debemos erradicar la pobreza y la exclusión social de nuestras calles, de nuestras ciudades, pues con ella, efectivamente, no es posible el desarrollo de la comunidad. Pero para ello no queramos acabar con los pobres, con los excluidos, sino con sus causas estructurales, de las que nosotros también formamos parte. Desde la ética lucharemos juntos contra las causas de la pobreza y la exclusión social, desde la estética, sólo acabaremos con los pobres y los excluidos y mañana el pobre, el excluido, el mendigo puede ser cualquiera de nosotros.

Efectivamente, mis queridos vecinos y vecinas cargados de diversidad, de esa riqueza que es la pluralidad que atesoramos nosotros y los otros. Los sueños, en ocasiones, se despiertan y mueren entre las palabras y las expresiones de algunos de nuestros políticos, como las escuchadas en estos últimos días. La ignominia parece no tener límite, ni frontera entre “nosotros” y los “otros” .

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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