viernes, 10 de abril de 2015

Maura, Canalejas y Pablo Iglesias (1)

Maura, Canalejas y Pablo Iglesias (1)

Víctor Meseguer. Profesor Asociado de Derecho del Trabajo (UMU)
Diario La Verdad, 9 de abril de 2015

"Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España política..."(Entrevista a Galdós. “Benito Pérez Galdós”, en 'Por esos mundos', Madrid, julio, 1910)
Hace tiempo, no muy lejos de aquí, había una isla a la que todos llamaban el "país de los garbanzos de don José y don Antonio ". Lo de los garbanzos era lógico, ya que de ellos vivían todos sus habitantes, y eran conocidos por su calidad inigualable. Lo de don José y don Antonio  debía ser, según me contaron, en recuerdo de algunos que se ocuparon mucho de su tamaño, sabor y, sobre todo, precio, aunque nunca pensaron en su reparto.
Vivían tranquilos los lugareños, pues con el cultivo de dichas legumbres había ocupación y comida para todos.
Resultó, sin embargo, que alguien ideó un instrumento que facilitaba enormemente la faena, por lo que ya no hacían falta tantas manos para su siembra y recogida. Muchos se quedaron, pues, sin nada que hacer y vivían de la caridad de los que aún conservaban su puesto de trabajo.
Pero hubo otros que no se conformaron con su suerte, dedicándose a robar lo que no era suyo. Los "garbpepe", que así se llamaban por aquel entonces los indígenas de la isla, tuvieron que montar una estructura de policías, jueces y carceleros, contratándolos entre aquellos que, no teniendo trabajo en el cultivo del garbanzo, parecían honrados. De esta forma, se repartieron los beneficios que daban tan prestigiosas plantas papilionáceas (garibolos entre los amigos): unos cultivando, otros robando, otros persiguiendo a los ladrones, juzgándoles o custodiando a los condenados.
Pero no eran más felices, ni mucho menos, que antes de que se descubriera aquel postmoderno y liberador artefacto. No les había aportado ningún beneficio. Además, según los expertos en macroeconomía, no podían renunciar a él, porque dejarían de ser competitivos y otros países se harían con el mercado garbancil. El mayor problema residía en que cuantos más descubrimientos se hacían en torno al cultivo, más gente se quedaba sin trabajo y aumentaban los pobres, policías y ladrones.
Alguien, un día, después de mucho luchar porque fuera escuchada su voz, logró convencer a algunos de que aquel círculo carecía de sentido, que los garbanzos seguían siendo los mismos que habían sido en un principio, con los que siempre habían vivido y podido trabajar, que no era pues nada más que una cuestión de reparto del trabajo. Se unieron y formaron un sindicato con el que lograron presionar hasta reducir la jornada laboral. De esta forma, se consiguieron aumentar los puestos de trabajo, reduciéndose considerablemente el número de pobres, jueces, carceleros y ladrones.
A medida que iban lográndose nuevos descubrimientos (aunque aún lejanos al "just in time" y las autopistas de la información), se iba limitando la jornada de trabajo hasta llegar a una hora semanal. Así casi todos tenían empleo... pero nada más. Y no eran felices. ¡Vaya!
Un día, llegó a la isla un viajero llamado Pablo Iglesias y les explicó el motivo de su tristeza. Aquel reparto del trabajo tampoco tenía sentido. Para aquellas gentes acostumbradas a la dura tarea del campo era agobiante tanto tiempo de ocio. No había que repartir de esa forma el trabajo, había que trabajar en nuevas cosas, había que incrementar los servicios, descubrir nuevos horizontes.
No perdían gran cosa por intentarlo... fijaron la jornada laboral en un tiempo que les pareció racional, no recuerdo si 30 o 35 horas semanales, da igual. A los que se quedaron sin empleo les pagaban por hacer otras cosas, como trabajar en hospitales, guarderías, cuidado de ancianos, como maestros, trabajadores sociales, animadores...
Los garbanzos seguían siendo los mismos, pero ahora todos tenían un trabajo digno y la enfermedad, el ocio, la vejez, cuidados.
Decidieron llamar a su isla el "país de Pablo" en honor a aquel viajero, pero este se negó a ello y les indicó otro nombre: "El estado de bienestar"...
Como también afirmó Pérez Galdós "Sí. Sobre todo la idea. Me parece sincera, sincerísima. Es la única palabra en la cuestión social: ¡El socialismo! Por ahí es por donde llega la aurora". Lástima que si hiciéramos una elipsis, al mejor estilo cinematográfico, nos podríamos imaginar un pequeño cartelito que dijera: «105 años después... » (Acábelo usted, a mí me da mucha tristeza).

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