viernes, 23 de enero de 2015

CASTAS Y PODER....


CASTAS Y PODER

La Verdad, 15 de enero de 2014

...Sucedió el 3 de diciembre de 1984, miles de familias celebraban los esponsales de sus hijos. Esa misma noche tenía lugar un concurso poético que acogió a un numeroso público de toda la región. Más de un millón de personas se encontraba en Bhopal (India). Ninguno sospechó lo que estaba por venir. De lo contrario, hubieran echado a correr y ni sus cansados pies les hubieran hecho parar en el camino de huida.

Lo que era un escenario festivo, alegre y rebosante de alborozo, se convirtió de repente en una pesadilla al entrar la media noche... Miradas confusas repletas de pánico se cruzaban entre el tumulto. Sentimientos de desesperación mezclados con sensaciones de parálisis. Hijos que buscaban a  padres, abuelos que buscaban a nietos, maridos a mujeres, hermanos... sirenas como sonido de fondo, gritos, piernas que querían salir corriendo y no pudieron. Angustia. Miedo. Consternación.

Esa noche se produjo uno de los accidentes más inmensos y terribles de la historia. Un escape de 40.000 kilogramos de gases letales,  de la fábrica de pesticidas de la Union Carbide Corporation en Bhopal, provocó que en 4 minutos murieran 150 personas, 200 quedaron paralizadas, unas 600 quedaron inconscientes y hasta 5.000 sufrieron graves daños. En sólo tres días murieron 8.000 personas. Muchas habían intentado huir, pero lo hicieron en la dirección equivocada, en la que avanzaba la nube tóxica.

Lamentablemente, el desastre no terminó ahí. Esa noche fue el inicio de la tragedia más dramática vivida en Bhopal. Tragedia que no ha terminado. La multinacional Union Carbide todavía guarda en su fábrica ingentes cantidades de sustancias peligrosas, mientras al  pueblo de Bhopal le dejó un suministro de agua contaminada y un legado tóxico que todavía hoy le causa daños.

Describiré algo que no me gusta y les estremecerá: Aquella sustancia tuvo un efecto terrible, quemó las vías respiratorias de cuantos encontraba a su paso, también sus ojos; el gas se introdujo en su corriente sanguínea y dañó  todos sus sistemas corporales. Muchos murieron en sus camas, otros salieron como pudieron de sus casas, ciegos y ahogándose, para perecer en la calle. Otros muchos fallecieron después de llegar a un hospital o a un centro de auxilio. Los efectos inmediatos de la inhalación fueron vómitos e irritación de los ojos, la nariz y la garganta, y muchas de las muertes se produjeron por insuficiencia respiratoria. En algunos casos, los gases tóxicos provocaron que los pulmones se encharcaran de líquidos; en otros, el ahogo se produjo por obstrucción de los bronquios. Algunos de los que sobrevivieron aquel primer día sufrieron daños crónicos en las funciones respiratorias.

Hablamos de efectos que perpetraron en cuerpos de ancianos y ancianas, jóvenes y niños. El desastre no se apiadó de nadie y arrasó con la vida y el futuro de miles de personas.  Se ha calculado que la toxicidad de la nube era 500 veces superior al empleado por los alemanes en las cámaras de gas.

Tras el accidente, Union Carbide no informó de la toxicidad del isocianato de metilo ni del tratamiento en casos de alta exposición, esto provocó que las víctimas fueran sometidas a un tratamiento médico inadecuado.

Los más de 150.000 enfermos crónicos que sobrevivieron a la catástrofe siguen necesitando tratamiento médico. La indemnización recibida tras años de lucha no llega a cubrir ni cinco años de ese tratamiento médico... sin olvidar que hablamos de personas que permanecerán enfermas toda su vida.  

Años después se evaluaron los daños medioambientales a causa de la presencia de pesticidas tóxicos, así como los desechos peligrosos y  materiales contaminantes esparcidos. Se encontró una contaminación sustancial y grave de la tierra y del suministro de agua, con metales pesados y sustancias químicas cloradas.

A muchas de las personas que continúan viviendo en las inmediaciones de las instalaciones abandonadas, incluyendo a los supervivientes del escape de gases mortales, no les queda más alternativa que usar el agua subterránea contaminada con productos tóxicos. La lucha por un agua limpia continúa desde 1990. Pruebas llevadas a cabo por el gobierno local informan de un grado de contaminación muy alto, afirmando que muchos de los pozos no son potables.

Aunque en 1992 se lanzó una orden internacional de arresto por "homicidio culpable" contra Warren Anderson, presidente de Union Carbide, la Interpol no lo encontró pese a haberle localizado en repetidas ocasiones. Ni lo encontrará, murió el año pasado, a los 92 años, frente a una playa de Florida (USA). Descanse en paz.

Todo lo aquí contado, y otras muchas historias como esta, reabren algunas cuestiones pendientes como la extraterritorialidad de la ley penal, la responsabilidad internacional penal de las personas físicas y jurídicas por atropellar los derechos humanos y el medio ambiente, ....etc. Una cuestión que, a mi juicio, no es estrictamente jurídica. Un problema imposible de abordar si no se estudian antes las torticeras pero discretas relaciones entre  Derecho,  castas y poder...

                   

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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