viernes, 20 de junio de 2014

FELIPE VI

Un cuento de chocolate para un príncipe que va a ser Rey…

La Verdad, 19 de junio de 2014 
Estoy  en el hotel. A cientos de millas de mi hogar. Enciendo la televisión y cuál es mi sorpresa al ver que un presentador del telediario habla sobre la coronación del Rey Felipe VI. Es un acto solemne que pasará a los anales de la historia, que exigirá reajustes en los manuales de Historia,  Ciencias Sociales o como sea la forma de llamar a la materia hoy en día.

Me quedo durmiendo entre voces agudas hablando de algo que no entiendo, pero imagino. Han pasado seis horas y parece que recién me eché a la cama. En Japón la vida es más rápida. No da lugar a paradas. No te deja respirar. Despierto y me dispongo a salir a la calle y realizar todo cuanto llevo en mente. Atravieso Midosuji. Me encuentro en Osaka por motivos de trabajo desde hace un tiempo. Allí la gente acostumbra a comer mientras corre hacia el metro. Odiosa rutina.

Las sombras exhaustas apenas alcanzan sus pasos. Mujeres cuidadas desde el peinado hasta los lindos zapatos sostienen un bol de arroz con takenoko, negi o cualquier otro vegetal. Sus manos menudas hierven en el calor del plástico. Me quema más a mi que a ellas. Me he sentado a contemplar este escenario de idas y venidas, donde todos parecen tener un sitio a donde ir.

Cerca de la estación de metro viví algo inusual. Entre el ajetreo, el altavoz de información de salidas, el sonido de los tacones de las más elegantes féminas y los móviles de empresarios importantes o trabajadores abnegados, un silencio extraordinario llegó a mi oídos. No advertía ningún sonido. Solo veía gente, sus movimientos, sus trajes, sus piernas, sus tocados, las luces verdes, luego rojas, los coches, el sol que nunca salía y un profundo olor a chocolate que llegó a mi nariz conformando una estela de condensación como los aviones que vemos desde tierra.

Decidí seguir esa nube artificial hasta que fui a dar con una pequeña chocolatería. Mientras paseaba hacia aquel lugar, reviví largos pasajes de mi infancia: el chocolate caliente de los domingos por la mañana (rebajado con agua porque mamá decía que así era más sano, lo que omitía es que así ahorraba un poco más), los veranos con mis amigos en la playa con nuestro polo de chocolate semiderretido bañando toda nuestra mano, la merienda en casa de los primos con un trozo de pan y chocolate de pastilla, la primera caja de bombones que regalé...El corazón parecía que se me iba a saltar, los recuerdos cada vez fluían más y más rápido. Me sentí más sensible que de costumbre. Frágil. Vulnerable. ¡Y tan lejos de todo! Cuando llegué al lugar donde me llevó mi pituitaria, encontré un modesto cartel donde ponía: "Chocolatería, Por Una Cabeza", bailaba entre el suave viento del día. Entré al lugar con mejor aroma del universo. Y mientras, en mi cabeza llevaba grandiosos recuerdos, tan grandiosos que mis piernas flaqueaban.
Saludé con un -Hola- a la Señora Japonesa, de mi edad probablemente, y me contestó con un bonito acento -Hola, ¿cómo estás?- Ante mi sorpresa quise hablar más con esa mujer, pero desapareció detrás de un niño de unos siete años. No me preguntó nada. Creo que el menú era único. Chocolate caliente y dulces. Los dulces podías escogerlos tú de la barra. Wagashi, Yogashi, Mirucurepu y muchos más. A mitad del desayuno, la dueña se me acercó y en un castellano inteligible me dijo que Japón está viviendo un boom chocolatero y que se han adjudicado 2 de los 4 World Chocolate Máster, no cualquier país puede lograr eso.

Me preguntó también por mi país de origen y me habló de la Monarquía y de nuestro nuevo Rey y Doña Letizia...terminé rendido a la conversación de la mujer y las graciosas idas y venidas de su hijo. Hablamos de lo elegante que le parecía nuestra Reina, las niñas tan guapas que tenía y también de cómo ella estaba tan enamorada de Gardel, por quien le había puesto a su negocio el nombre de su canción favorita y aprendido algo de castellano. Tomó un viejo tocadiscos que tenía por la trastienda y puso la canción. Me invitó a bailar con ella pero por vergüenza a que descubriera que soy un patoso rehusé su amable invitación  y, finalmente, fue su niño el que la acompañó en ese baile trágico y cercano. Un baile de olor chocolate...

Cuando llegué a la fría y pequeña habitación de hotel seguí viendo las mismas imágenes: el Rey, Doña Letizia, las miradas, los trajes, la lectura de los gestos... Caí en la cama y me quedé durmiendo con zapatos y traje, en mitad de sueños de chocolate y reyes.


 El chocolate podría convertirse en un producto de lujo en 2020 debido a la ingente demanda china de cacao. Nuestra monarquía es un lujo necesario y útil para reconocernos como país. Además, su permanencia y capital relacional nos vienen muy, muy bien. 

jueves, 5 de junio de 2014

PODEMOS



PODEMOS
La Verdad, 5 de junio de 2014

La semana pasada nos enteramos que cuatro exdirectivos de Caixa Penedès eludían la cárcel porque, aunque reconocieron que habían robado (31.652.917 €),  devolvieron la pasta; viendo esto, un preso de la cárcel me preguntó si él todavía estaba a tiempo de reponer los tres sacos de almendra con cáscara y el candado que le habían llevado tres años a la trena. En esos días, también supimos que la formación liderada por Pablo Iglesias, "Podemos", había conseguido 1.200.000 votos.  
Nada más conocer que los socialistas habíamos perdido 50.000 votos en las elecciones europeas, perforando nuestro suelo electoral, González Tovar, dijo: «Me veo en San Esteban con el apoyo de otras fuerzas políticas». ¿Pensó lo que dijo o -peor aún- dijo lo que pensaba? 
Alberto Garre, tras perder 130.000 votantes, abrió la nueva temporada del Foro 'La Verdad'-SabadellCAM y en alusión a la avalancha de papeletas que salieron de las urnas  con la cara de Pablo Iglesias dijo: "Me preocupa que partidos que no creen en la democracia tomen asiento en las instituciones". En el paquete, sin inmutarse, incluyó a Amanecer Dorado ¿Aquí alguien se ha enterado de algo?
Creo que los votantes de Podemos no son extraterrestres, son desengañados con una izquierda a la que le han pillado con el carrito del helado y adversarios de una derecha cada vez más impopular. Pero, sobre todo, Podemos es el triunfo de la cultura de la inmediatez frente a la trivialización de la ética pública. 
Sí, porque vivimos el tiempo de lo trivial. Lo que es sustancial necesita madurez, requiere reflexión, pasado, presente y futuro. Pero hoy no hay tiempo para nada. El presente se instala en el pensamiento como paradigma de lo real, de lo único real. Es, de esta forma, el vértigo del "estar al día", la campana de nuestra seguridad. Lo "neo" y lo actual configuran las manifestaciones culturales o sociales, postergando el corazón de las cosas. Las prioridades, las jerarquías, vienen condicionadas por las necesidades de los social media y algunos mass media secuestrados por sus dueños. Una marabunta de internautas, tertulianos y columnistas que desconocen el valor sagrado de la palabra "periodista" y que la prostituyen en una trama de ondas hertzianas y de papel "trascendente" o virtual, con el que ni siquiera envolveremos el bocadillo, porque tenemos papel de aluminio. Todo es fugaz, liviano, fragmentado... trivial, son la esencia de lo FUNDAMENTAL. Por ejemplo, la cultura de la inmediatez de los social media frente a la solidez de un periodismo de investigación bajo amenaza. 
No nos debe extrañar, por tanto, lo voluble de las ideas, el travestismo atiplado de las palabras, lo subjetivo de lo ético. Porque nada era ayer sustancial. En esta cultura Orwelliana, donde como en "1984" las redes sociales y los mass media se encargan de cambiar enemigos por aliados y viceversa, vienen obligados quienes juegan al guiñol a tratar de trascenderlo todo, sin resquicio para la duda. Hay que resolver la tensión dialéctica porque genera monstruos de pensamiento libre. El fundamentalismo libera del "miedo a la libertad" y lo hace todo mucho más simple.  
Mañana solo habrá que cambiar las palabras, que es más fácil que cambiar los pensamientos; eso sí, en un tono que manifieste lo evidente de la "verdad única".
"Digos y Diegos" inconsistentes, hijos de la cultura y ética trivial, que permiten cómodamente cambiar de chaqueta, de pareja o de ideología.
Pero son muchos los que están hartos ya de estar hartos, cansados de clavarse agujas de hielo, duras y frías, mortales; que luego resultan ser agua y al final nada. Verdades, comportamientos, palabras evaporadas, inexistentes, vacuas.
Muchos son los que reclaman dignidad para los que viven en las fronteras invisibles a ambos lados de la valla, objetos del discurso más vacío y cobarde, del pánico al argumento diferente. Una dignidad que le es indiferente a los líderes del Frente Nacional en Francia, de Amanecer Dorado en Grecia, del Partido Nacionaldemócrata de Alemania... En nuestro país (o en Francia)  hasta  el Partido Socialista ha hecho suyo el discurso de los racistas para hacer frente a una pérdida de votos que ha sido imposible evitar. El que asoció a los gitanos con la delincuencia y la mendicidad fue Manuel Valls, primer ministro socialista de Francia.  
Sí, podemos. Cada uno desde su propia ideología y partido político.  Desde el Partido Socialista (y desde los otros que han definido nuestra aún joven democracia) son muchos los afiliados y votantes que exigen ya, mejor antes que después, comportamientos éticos sólidos y no dogmas "inmutables".
Sí, podemos. Seguramente no resolveremos nada definitivamente, mantendremos viva la dialéctica de la idea no instalada en lo inmutable, humanos, a menudo errados, pero solidarios y firmes al menos en una cosa: saber que tenemos que seguir trabajando, desde lo que defendimos ayer, para lograr algo que la cultura de la inmediatez ignora y la ética de lo trivial desdeña: un mejor mañana


VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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