sábado, 6 de diciembre de 2014

...una historia de amor.

La política, una historia de amor
Victor Meseguer
UNIVERSIDAD DE MURCIA

Publicado en "La Verdad" el 4-12-2014
Verás, lo mío con la política fue una historia de amor. Nací en una familia humilde, lo que para entonces era igual a socialista. Mis padres me dejaban junto con mi hermana en casa de mi abuela cuando iban a ver los mítines de Felipe. Bueno, mi abuela vivía con nosotros, por lo que simplemente nos quedábamos en casa. Las familias antes eran así, tradicionales. Mi madre era ama de casa, una dulce madre que alimentaba a sus hijas con leche recién sacada de la vaca. Mi padre era agricultor, hasta la crisis del 92 en la que todo se vino abajo. Fue una de las primeras personas que pagaba en la tierra a los inmigrantes lo mismo que a los españoles. En la mesa siempre nos recordaba que él había formado parte de la Organización Revolucionaria de Trabajadores. Mi abuelo no votaba, porque para ir al centro había que coger el vehículo y él no tenía. El cacique del alcalde le decía que le llevaba, siempre que le «preparara él, el sobre». Un acto tan justo como democrático. De mi abuelo también recuerdo que cuando llovía, subía a la sierra a por serranas y que por las noches, él era quien preparaba la cena.
Como comprenderás, mi ideología no puede ser de derechas. Yo no pasé hambre porque a mi época no le tocó vivir esa realidad, pero no nadé en la abundancia. Ni tampoco he vivido nunca por encima de mis posibilidades. Vivo con mis padres. Tengo un hijo de tres años y un coche que está a punto de cumplir la mayoría de edad. Gracias a mi familia, me crié en unos valores sociales y humanos sólidos. Soy atea, pero recé por la liberación de Miguel Ángel Blanco. Recuerdo con indignación el atentado de Hipercor. En el 96 protesté por el asesinato del ex presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente. También estuve por el Nunca Mais, en 2003 contra la guerra de Irak, en el Agua Para Todos, en 2011 por Democracia Real Ya y el último en el que me las vi, fue en el 15M...
Recuerdo un 29 de mayo en París, con un grupo de indignados franceses tomando la plaza de la Bastilla y formando una asamblea. Por la noche, fuimos desalojados violentamente por la Policía Nacional francesa, con gases lacrimógenos. No me considero dentro de la casta casposa, adoro el jazz, el cine de Truffaut y Jean-Luc Godard y llevar guantes de piel en invierno.
Sin embargo, aunque mi corazón sigue siendo socialista, ya no tiene ilusiones ni esperanzas. La política mutiló mis creencias sobre que «otro mundo es posible». Perdí mi fe en los políticos. Se comieron a dentelladas sangrientas mis sueños. Ahora no veo la televisión porque intoxica mi inocente mirada del mundo. Las cosas no sólo han cambiado, sino que lo han hecho a peor. De mi casa al colegio de mi hijo hay más centros privados que públicos, y a mi hijo como no da religión lo pasan dos cursos más durante esa hora para que no esté solo. ¡Maldita sea!, ¿qué hace mi hijo en una clase con compañeros que no conoce, dando una materia que no comprende?, ¿qué tal una clase de valores sociales, ética, empatía, etc.? Tampoco me importaría que fuera una clase de religión si la trabajaran desde un punto de vista antropológico y social. La mitad de mi familia se encuentra en la economía sumergida y la mitad de mis amigos en desempleo. Tengo un juicio por ningún motivo digno de destacar y mis posibilidades son: o un abogado de oficio, el cual no se preocupa por mi caso, o un abogado privado, el cual no puedo pagar. En este punto quiero recordar que la justicia es para todos, pero no todos podemos pagarla. Cuando se estableció el Estado del bienestar pensamos que ya estaba todo hecho, lo descuidamos y, en vez de seguir trabajando por él, acabamos por asesinarlo.
Mi historia es una historia de amor, aunque como ocurre con casi todas estas historias terminé por desenamorarme, acabé por ver a los políticos como eran y hoy me siento perdida, sin representación alguna. Si me preguntas a quién voy a votar, te respondería como una niña pequeña: No lo sé.
Nota: Lo aquí contado nos es más que una carta por correo electrónico que me envió María Beat. Ella nació en España el mismo año que Tejero golpeó a este país pistola en mano. Ahora, para dar un golpe no hacen falta pistolas..... Ahora, el amor ya no es eterno ni por siempre....Ya nada es igual.

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