sábado, 29 de noviembre de 2014

A don Antonio Reverte

Querido Tono
Publicado en La Verdad el 27-11-2014
Mientras ojeo los últimos libros que me regalaste, pienso en la suerte que ha supuesto que nuestros vivires se cruzaran y poder compartir tramos de mi existencia contigo, que pese a ser cortos en tiempo, tú los agrandabas con humanidad y sabiduría. Tú ensanchaste mi vida....
Corría 1992. Si te soy sincero, no me atrajiste de inmediato, quizá porque ambos padecemos de timidez desde antes de nacer. Esta debe ser la razón por la que en ocasiones te percibí rodeado de una muralla de altura suficiente, como para valorar si disponía de energía y capacidad para  franquearla. Fue nuestro punto de referencia, que me sigue acompañando cada día, quien me animó a rascar el muro de esa muralla y descubrir todo lo que guardaba dentro ¡Qué hallazgo...! Tan grande como tú.
Conforme te fui conociendo, lo primero que pensé es que no eres una persona de las que callan por complacencia cobarde y que entre tus objetivos nunca está el ganarte el favor y el halago de los "grandes". A mi juicio, a algunos, les venía grande ese calificativo y tu sombra es tan inmensa que los borra, y lo haces sin desprenderte de tu sonrisa perenne. Y tú lo sabes. 
Tu talento y espíritu generoso te dan permiso para mirar a la gente cara a cara, con comprensión pero sin miedo. Tu mirada, Tono, amasa esa mezcla de sensatez y vitalidad que se han convertido en el disfraz de tu alma, como lo son las palabras para quienes se exceden en su uso.
Siempre veo en ti el valor que exige la sinceridad, cuando esta tiene sus orígenes en convicciones, principios sólidos y una brillantez intelectual exquisita y sutil. Ahora que no nos oye nadie, decirte, que durante todos estos años te he visto esforzarte por vivir, en lo personal y en lo profesional, ajeno a la estupidez interesada y al fundamentalismo ideológico y corporativo. Sin más y siempre con el mismo tono. Tú, siempre impecable.   
Pese a tu sabiduría -propia de las élites que este país siempre tuvo, pero nunca valoró- yo te incluí en mi catálogo de "gente de la vida", en el que incluyo a aquellas personas para las que el mayor placer es mirar lo que hay al otro lado de la ventana o cualquier otro paisaje, porque saben -como tú-  que su valor radica en el modo con el que sus ojos observan el mundo y lo que este les devuelve.
Cuando te pienso, te imagino en el jardín de tu casa amarilla, tejiendo sueños nuevos, dando consistencia a otros antiguos y consiguiendo aproximarlos al presente... Reflexionando y repensando ideas, buscando darles luz, color y sentimiento. Todo esto, sin descuidar tu jardín.   
Una de tus mayores cualidades es que aún te sorprendes por muchas cosas. Digo "aún"  porque, suele pasar, que las personas a una determinada edad desarrollan una pátina de escepticismo e indiferencia ante el mundo y, sobre todo, muestran una pereza inmensa para comenzar nuevas vidas. Tú, sin embargo, has tenido el valor de vivir muchas vidas, entre ellas, la mía.
Lo que más me divierte de ti es esa habilidad tan tuya de provocar a los que estamos a tu lado para que te acompañemos en tu incesante periplo. Un viaje para el que nunca has necesitado de grandes parafernalias, porque sabes que el único motor capaz de ponerlo en marcha es la curiosidad y el placer por adentrarse en personas y lugares que le son desconocidos o que pasan desapercibidos para la mayoría.
Me gustas porque tu yo no está "hueco", ni construido en serie, porque has dejado que el laberinto de líneas que han dibujado tu experiencia vital y el andamiaje genético hayan teñido tu cara y tu alma, alejándote de estereotipos de personalidad estúpidos. Porque tú, amigo Tono, «más que un hombre al uso que sabe su doctrina, eres, en el buen sentido de la palabra, bueno».
***
PD. Esta carta llega tarde. Fue Juan Antonio quien me avisó que el día amanecería oscuro y frío. La noticia nos dejó abatidos. Poco después me llegó el mensaje institucional por e-mail: « Ha fallecido nuestro querido Presidente (don Antonio Reverte) [...] Su magisterio sereno, su tesón para buscar el punto de encuentro centrado en el interés general y su ejemplo en el desinteresado y generoso desempeño de un cargo público al frente del Consejo Económico y Social es la mejor herencia que ha podido dejarnos...». Adiós. Adiós.





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