jueves, 3 de julio de 2014

La (R)evolución del PSOE


La (R)evolución del PSOE
La Verdad, 3 de Julio de 2014

Pedro Sánchez Pérez Castejón, 41.338 avales válidos. Eduardo Madina, 25.238 avales válidos. José Antonio Pérez Tapias, 9.912 avales válidos...Al ganador le tocará  reconstruir un puente entre el partido y la ciudadanía: 46.704.314 españoles. Pero los puentes no flotan en el agua, hunden sus pilares bajo su superficie hasta encontrar una base firme.
Acostumbrados a atravesarlos sin problema alguno, los socialdemócratas olvidamos pronto y generosamente la realidad física que sustenta cualquier puente, cualquier proyecto.
Cuando gobernábamos, la mirada estaba muy por encima, el presente era algo tan cegadoramente atractivo que a nadie le preocupó la salud de los cimientos. La obsesión era que muchos ciudadanos pudieran caminar por la solidaria pasarela, sin que tuvieran que pagar pasaje por acceder a una sanidad universalizada, a la cultura o la enseñanza.
Los socialistas siempre hemos estado muy ocupados con este país. En los primeros gobiernos, los de Felipe González,  nos centramos en la creación y desarrollo del Estado de Bienestar, de un progreso y modernidad como jamás se había producido en España. En la segunda oportunidad, con Zp, trabajamos en la extensión de las políticas sociales y derechos civiles. Los errores se juzgaron en los tribunales y las urnas. El caso es que estábamos tan ocupados, que era difícil percibir la corrosión que las cambiantes corrientes estaban generando en la base sustentadora.
Sin embargo, estas constituían una carcoma más sutil, profunda, de la que socava lenta pero de forma mucho más perniciosa que el caso de los ERE... o cualquier otro vertido corrosivo, real o inventado por quienes deseaban a toda costa destruir el puente de un proyecto de izquierdas.
Aprovechando la crisis, los nuevos amos de la gobernanza mundial, los llamados eufemísticamente "Mercados",  a través  del miedo y de un inmenso aparato publicitario, falsamente independiente, contaminadamente aséptico, vienen desde hace tiempo destruyendo el apoyo de cualquier propuesta de izquierdas, tratando de hacer pasar como científicamente inevitable la realidad de un mundo injusto, convertir el “YO” en único y final objetivo del ser humano.
De esa pertinaz lluvia deviene el lodo con el que los nuevos Dioses moldean el ciudadano “A” (Apolítico militante, Agnóstico ferviente, Abúlico frenético), que conforma de forma cada día más creciente nuestra sociedad.  
Individuos que apoyarán siempre políticas de reducción de impuestos, que no se escandalizarán porque se haga un negocio de la sanidad, la educación o los servicios sociales, y justificarán la división de los seres humanos en legales e ilegales. La derecha, y también una parte de la izquierda, han sabido conformar su ego en el mágico espejo en el que el individualismo egoísta se refleja como independiente, moderno y laico.
Es inútil discutir si el hombre es un ángel o un lobo para el hombre, es con ese ciudadano, cómodo en su nuevo papel de “progre”, desideologizado por los campanarios neocom, con el que hay que trabajar. La solución no está a nuestra izquierda. Ni a nuestra derecha. Está en nosotros.
El objetivo de la izquierda siempre ha sido el ser humano, individual y socialmente considerado.
Trabajar para él es trabajar con él, vencer esa batalla contracultural que ha de partir y tener como destinatario al ciudadano real.
En ese frágil tablero, el que hay, justicia, solidaridad, no son conceptos extintos, pero su concreción necesita argumentos entendibles por el nuevo individuo. Desde su propio egoísmo –humano y, por tanto, no ajeno- ha de demandar la necesaria solidaridad, desde su pequeñez la igualdad, desde su condena la justicia.
La izquierda ha de evidenciar, en definitiva, las dificultades y contradicciones que la política liberal conservadora va a generar al ciudadano; hacerle ver que, sus problemas reales no se circunscriben a la necesidad o no de un referéndum sobre la jefatura del Estado o la redefinición del modelo territorial, sino que se materializan en una pobreza galopante, un reparto progresivamente dispar, la falta de igualdad de oportunidades, la precariedad – siniestralidad cada vez más escandalosa en el trabajo, el nauseabundo avance del fraude laboral y, consiguientemente, fiscal y social. Dicho desde Murcia, tan importante como la consecución del agua es determinar cómo repartimos el fruto de la tierra... ¿Os acordáis compañeros?
Hacer política con mayúsculas, próxima a los ciudadanos. Responder a sus preguntas de forma clara, cercana, global y diferente. Oposición sin contraponer al blanco el negro, sin alternar los “digos” con los “diegos”, pero claramente identificada con los valores que hacen nuestras respuestas diferentes a las de la derecha.
Es el momento de comenzar a ganar, de reforzar los pilares del puente por el que han de caminar empresarios y trabajadores, hombres y mujeres, legales de aquí y de allá, seres humanos, diferentes, semejantes.
Es el momento de decir lo que pensamos, con todos los matices que se quiera, pero sin ambigüedades camaleónicas que confundan al ciudadano haciéndole desertar de “los mismos perros con diferentes collares”.
Necesitamos una revolución, es el momento de elegir a alguien que entienda que hay que radicalizar la democracia como instrumento para hacer posible la participación, porque todos somos necesarios para convencer a todos de que es necesario comenzar a ganar todos.


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