jueves, 17 de julio de 2014

El PSOE necesita un partido político

El PSOE necesita un partido político
La Verdad, 17 de julio de 2014
¡Tenemos secretario general!  A  Pedro Sánchez le deseo lo mejor. Ahora el PSOE sólo necesita un partido político que impulse y promueva la participación e implicación de los ciudadanos en la  reconstrucción de una democracia asediada por la corrupción, la falta de ideas y la inoperancia de sus instituciones. 
Cuando en 1982,  el Partido Socialista tuvo que asumir los retos de gobierno que le dieron las urnas, apenas había tenido tiempo de consolidar sus estructuras internas. Ayuntamientos, Comunidades y Estado debieron nutrirse de muchos de los socialistas más cualificados. Cargos y estructuras de Gobierno y Partido llegaron a identificarse en detrimento de este último. Se contempló como normal que quienes asumían labores de Gobierno en diferentes instituciones, lo hicieran también en los órganos del Partido.
La primera consecuencia fue que el inevitable desgaste que conlleva el poder inhabilitaba a quien lo sufría también para labores en el Partido, haciendo inviable la aportación de experiencias, ideas y la posibilidad de innovar desde el Partido al Gobierno, algo que hubiera sido inestimable para el desarrollo de nuevas propuestas.
Por otra parte, esa identificación favoreció que algunas personas vieran el Partido como un instrumento de colocación política, no como un vivero de generación de ideas. Su falta de compromiso e ideología ha hecho un daño enorme y ha trasladado al ciudadano una imagen de falta de identidad, cuando no de escrúpulos, que pesa como una losa difícil de levantar ante muchos ciudadanos decepcionados, especialmente en las generaciones más jóvenes.
Finalmente, y lo más grave, redujeron al PSOE a una “clá” de los diferentes gobiernos. Al rebufo de las decisiones de estos, se perdió el sentido crítico, la iniciativa, la generación de propuestas, de proyectos novedosos, de nuevos vínculos. Las respuestas a las preguntas del nuevo ciudadano venían ya dadas por los gestores de lo público, cualquier disentimiento era considerado como un ataque al Partido, precisamente, cuando hubiera tenido que ser al contrario y aprovecharlo para llevar la iniciativa, dentro de la más escrupulosa lealtad. En definitiva, se quebró la dialéctica que constituye un valor añadido en la izquierda. En una sociedad estratificada, cambiante, confrontada, las respuestas no tienen porqué ser únicas, ni definitivas.
Esa falta de protagonismo social en la oferta de alternativas ha ido alejando a los militantes de la participación real en el Partido. Las propuestas no se debatían en su seno, sino en las instituciones de poder. Ese distanciamiento es el que ha propiciado una configuración endogámica, con déficits democráticos escandalosos, de los que se aprovechan quienes han hecho del partido un “modus vivendi”.
Y cuando no hay nada que gobernar, sobrevivimos imbuidos en un debate orgánico que ha convertido a la organización en un barrizal. Quienes están acostumbrados a él, chapotean sin problema en sus lodos, y se afanan en un debate sobre cuotas, repartos y canonjías. Sí, lo hacen desde su participación rapaz en numerosas instituciones, muy bien remuneradas, lo que hace menos urgente (para ellos) la victoria electoral. La consigna no es ganar, sino esperar a que los otros pierdan y, si esto no es posible, intentar que los metan en la cárcel (una estrategia que, lamentablemente, ha demostrado tener un efecto boomerang). Una táctica que no devuelve la ilusión al ciudadano ni al partido como un espacio de creación de ideas, de militancia, de compromiso, de propuestas, construyendo el sentido de pertenencia y devolviendo la grandeza a la política como medio de organización colectiva del espacio público, de los asuntos públicos, no como la manera de ejercer el poder desde los intereses propios, que es en lo que se ha convertido y como la ven los ciudadanos.
Quizás aquí convenga recordar que el PSOE no es patrimonio exclusivo de nadie, ni siquiera de quienes militamos en él, ni de sus simpatizantes ni de sus electores. Es propiedad de quienes no merecen que “el silencio cómplice o la arenga hueca” sea el discurso de la izquierda a todo lo que está ocurriendo y que nadie parece saber explicar. Por eso, ninguno de los que realmente creemos que el PSOE es el referente de igualdad, de solidaridad y progreso podemos dimitir de nuestro compromiso social. Al contrario, cada uno desde su opinión, cada uno desde su responsabilidad, estamos obligados a trabajar por un “nuevo espacio” que dé respuesta a las “nuevas preguntas” de la sociedad actual. Tenemos que rehacer el Partido Socialista Obrero Español.
La izquierda necesita la participación, la implicación, la ilusión y el sentido de pertenencia de sus bases si quiere constituir una alternativa real de gobierno. La derecha tiene otros valedores, sus afiliados son un público que les jalea. Para que el socialismo regrese, tenemos que transformar el escenario de la ciudadanía, convirtiendo a los espectadores en actores, en una nueva escenografía, en un nuevo partido, en el que los ciudadanos sean  los verdaderos protagonistas del cambio.


Víctor Meseguer.  

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