jueves, 31 de julio de 2014

AMIGOS PARA SIEMPRE

Amigos para siempre
Víctor Meseguer
La Verdad 31/07/2014
Sigue la lluvia de misiles en Gaza, triste lluvia que ha segado ya demasiadas vidas. No hace falta que insistamos en la desproporción y, además, ese tipo de lucha antiterrorista tiene toda la pinta de resultar contraproductiva. Nuestro amigo y aliado, el gobierno de Israel se ha pasado de la raya, en realidad lleva tiempo pasándose y todo apunta a que seguirá haciéndolo, a no ser que alguien le explique que pasarse de la raya -saltándose a la torera el Derecho Internacional, minando la posibilidad de una solución de dos Estados y puteando de mala manera a los palestinos de Gaza y Cisjordania, dos grandes prisiones al aire libre, acarrea consecuencias.
Cuando un conflicto, como el que enfrenta a israelíes y palestinos, se prolonga durante tanto tiempo es porque hay a quien le interesa mantenerlo o, dicho de otro modo, a quien no le interesa resolverlo. Los radicales de uno y otro bando sueñan con una realidad en la que no tengan que molestarse en convivir y cooperar, en la que vivan a sus anchas en la tierra prometida. La extrema derecha israelí aspira a un Estado judío que se extienda también por Cisjordania e incluso por Gaza. Así lo explica Uri Bank, miembro de la “Casa Judía”, un partido con presencia en el gobierno israelí, que defiende que los palestinos se desplacen a Jordania y otros países árabes, dejando la tierra prometida en manos de sus “legítimos detentores”, ahí es nada. Por su parte, Hamás siempre ha defendido un Estado palestino que se extienda de mar a mar, del mediterráneo al mar muerto. Un auténtico disparate.
Hamás sabe, sin embargo, que el Estado de Israel es una realidad impepinable: la potencia militar a nivel regional y el aliado de la súper-potencia mundial. Un Estado hecho y derecho, e incluso de derecho (internacional más que divino). Por su parte, la extrema derecha construye un discurso tramposo que confunde sus deseos con la realidad: ¿Abandonarían los palestinos su tierra por propia voluntad? ¿O se les expulsaría de forma forzosa?; ¿y si resulta que se quieren quedar?, ¿entonces qué?, ¿tendrían derecho a voto?, ¿derechos civiles?... Como se dice por aquí pan, pijos y habas. Para la extrema derecha los palestinos sobran, de quedarse se enfrentarían a la disyuntiva de reconocer sus derechos (políticos, civiles, de propiedad...) o ningunearlos, lo que equivale a instaurar un apartheid de facto. Intolerable.
Descartadas sendas posiciones, la lamentable realidad sobre el terreno urge a las partes a negociar. Es evidente que el conflicto militar no es sostenible en el tiempo, ni tampoco una solución, más bien todo lo contrario. Hamás legítima con el uso de la violencia la desproporcionada respuesta israelí y, con su respuesta, Israel alimenta la radicalidad en el campo palestino.
Los europeos, como los americanos, mantenemos una relación privilegiada con Israel. Con un tono, eso sí, más crítico con algunos de los desmanes de su gobierno: la expansión de los asentamientos, el desplazamiento forzoso de beduinos y palestinos (a quienes se les obliga a abandonar su hogar para instalar allí colonias israelíes), o con su respuesta desproporcionada a los ataques terroristas de Hamás.
La Unión Europea es el principal socio comercial de Israel, además del lugar de origen de buena parte de su población. Nos unen fuertes lazos, pero las políticas del gobierno de Israel, que no favorecen la paz, ni la instauración de dos Estados, nos alejan. En realidad, les aíslan, como hemos visto estos días con las manifestaciones indignadas en las calles de las principales capitales del mundo.
Noam Sheizaf es un reputado periodista israelí, más bien progresista, y director del sitio web de noticias +972Magazine: “La ocupación no es paz”, es uno de sus mensajes más recurrentes para denunciar que el status-quo es la estrategia dominante de la clase política israelí.
La UE ha tendido la mano a israelíes y palestinos con una oferta sin precedentes en caso de que apuesten, de verdad de la buena, por la paz. El presidente Barroso llegó a decir que Israel podría “ser como Noruega”, en términos de cooperación con la Unión. Sin embargo, más allá de los incentivos, debemos ser capaces de decir al gobierno de Israel que se equivoca, como hacen los buenos amigos, y presionarle para que cambie el rumbo y no se separe irreversiblemente de nosotros, ni de las reglas del Derecho Internacional. Palo y zanahoria. Lo mismo vale para la Autoridad Palestina.


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