jueves, 5 de junio de 2014

PODEMOS



PODEMOS
La Verdad, 5 de junio de 2014

La semana pasada nos enteramos que cuatro exdirectivos de Caixa Penedès eludían la cárcel porque, aunque reconocieron que habían robado (31.652.917 €),  devolvieron la pasta; viendo esto, un preso de la cárcel me preguntó si él todavía estaba a tiempo de reponer los tres sacos de almendra con cáscara y el candado que le habían llevado tres años a la trena. En esos días, también supimos que la formación liderada por Pablo Iglesias, "Podemos", había conseguido 1.200.000 votos.  
Nada más conocer que los socialistas habíamos perdido 50.000 votos en las elecciones europeas, perforando nuestro suelo electoral, González Tovar, dijo: «Me veo en San Esteban con el apoyo de otras fuerzas políticas». ¿Pensó lo que dijo o -peor aún- dijo lo que pensaba? 
Alberto Garre, tras perder 130.000 votantes, abrió la nueva temporada del Foro 'La Verdad'-SabadellCAM y en alusión a la avalancha de papeletas que salieron de las urnas  con la cara de Pablo Iglesias dijo: "Me preocupa que partidos que no creen en la democracia tomen asiento en las instituciones". En el paquete, sin inmutarse, incluyó a Amanecer Dorado ¿Aquí alguien se ha enterado de algo?
Creo que los votantes de Podemos no son extraterrestres, son desengañados con una izquierda a la que le han pillado con el carrito del helado y adversarios de una derecha cada vez más impopular. Pero, sobre todo, Podemos es el triunfo de la cultura de la inmediatez frente a la trivialización de la ética pública. 
Sí, porque vivimos el tiempo de lo trivial. Lo que es sustancial necesita madurez, requiere reflexión, pasado, presente y futuro. Pero hoy no hay tiempo para nada. El presente se instala en el pensamiento como paradigma de lo real, de lo único real. Es, de esta forma, el vértigo del "estar al día", la campana de nuestra seguridad. Lo "neo" y lo actual configuran las manifestaciones culturales o sociales, postergando el corazón de las cosas. Las prioridades, las jerarquías, vienen condicionadas por las necesidades de los social media y algunos mass media secuestrados por sus dueños. Una marabunta de internautas, tertulianos y columnistas que desconocen el valor sagrado de la palabra "periodista" y que la prostituyen en una trama de ondas hertzianas y de papel "trascendente" o virtual, con el que ni siquiera envolveremos el bocadillo, porque tenemos papel de aluminio. Todo es fugaz, liviano, fragmentado... trivial, son la esencia de lo FUNDAMENTAL. Por ejemplo, la cultura de la inmediatez de los social media frente a la solidez de un periodismo de investigación bajo amenaza. 
No nos debe extrañar, por tanto, lo voluble de las ideas, el travestismo atiplado de las palabras, lo subjetivo de lo ético. Porque nada era ayer sustancial. En esta cultura Orwelliana, donde como en "1984" las redes sociales y los mass media se encargan de cambiar enemigos por aliados y viceversa, vienen obligados quienes juegan al guiñol a tratar de trascenderlo todo, sin resquicio para la duda. Hay que resolver la tensión dialéctica porque genera monstruos de pensamiento libre. El fundamentalismo libera del "miedo a la libertad" y lo hace todo mucho más simple.  
Mañana solo habrá que cambiar las palabras, que es más fácil que cambiar los pensamientos; eso sí, en un tono que manifieste lo evidente de la "verdad única".
"Digos y Diegos" inconsistentes, hijos de la cultura y ética trivial, que permiten cómodamente cambiar de chaqueta, de pareja o de ideología.
Pero son muchos los que están hartos ya de estar hartos, cansados de clavarse agujas de hielo, duras y frías, mortales; que luego resultan ser agua y al final nada. Verdades, comportamientos, palabras evaporadas, inexistentes, vacuas.
Muchos son los que reclaman dignidad para los que viven en las fronteras invisibles a ambos lados de la valla, objetos del discurso más vacío y cobarde, del pánico al argumento diferente. Una dignidad que le es indiferente a los líderes del Frente Nacional en Francia, de Amanecer Dorado en Grecia, del Partido Nacionaldemócrata de Alemania... En nuestro país (o en Francia)  hasta  el Partido Socialista ha hecho suyo el discurso de los racistas para hacer frente a una pérdida de votos que ha sido imposible evitar. El que asoció a los gitanos con la delincuencia y la mendicidad fue Manuel Valls, primer ministro socialista de Francia.  
Sí, podemos. Cada uno desde su propia ideología y partido político.  Desde el Partido Socialista (y desde los otros que han definido nuestra aún joven democracia) son muchos los afiliados y votantes que exigen ya, mejor antes que después, comportamientos éticos sólidos y no dogmas "inmutables".
Sí, podemos. Seguramente no resolveremos nada definitivamente, mantendremos viva la dialéctica de la idea no instalada en lo inmutable, humanos, a menudo errados, pero solidarios y firmes al menos en una cosa: saber que tenemos que seguir trabajando, desde lo que defendimos ayer, para lograr algo que la cultura de la inmediatez ignora y la ética de lo trivial desdeña: un mejor mañana


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