sábado, 10 de mayo de 2014

La Garrapata

LA GARRAPATA
La Verdad 8 de Mayo de 2014
Mientras usted lee este artículo (cosa que le agradezco)  la garrapata sigue engordando. Su codicia no tiene altura. Ofende. Es hiriente. Y puede ser mortal.
Es difícil darse cuenta de su infestación, porque lo primero que hace es anestesiar la  percepción de la injusticia.
Su aletargamiento es sutil, haciendo pasar por inevitable lo inadmisible, lo ancestral por moderno, lo justo por ingenuo.
Engorda la garrapata ante nuestra insensibilidad y, consciente de lo ineluctable, aprovecha para hundir sus afiladas mandíbulas en la piel de nuestra sociedad.
Mientras la garrapata se atiborra no pasa nada, nada al menos que pueda evitarse. Se suceden ante nuestros ojos inertes, “supervivientes” junto a la expiración de un proyecto humano, si por humano entendemos justicia.
La garrapata tiene una piel correosa y cuatro pares de patas terminados en garra. Le sirven para aferrarse en lo que un día consideramos eran valores incuestionables y para inocular su veneno.
Nos hace insensibles a la evidencia de que cada día hay más desigualdades, entre las naciones, entre las regiones, entre las personas.
Porque la garrapata se clava en todos, pero se nutre de los más débiles.
Y nos hace tan insensibles que incluso molesta la advertencia de su presencia. Uno de los mayores logros de este parásito es haber conseguido que hoy incomode más la denuncia de la injusticia que la propia injusticia.
“Ya estamos”, suele ser el comentario más benigno ante el aviso. Porque importuna ese aviso y no la evidencia.
Molesta escuchar que la garrapata se ha cebado en nuestra Región, una de las regiones que sufre "un mayor deterioro" con respecto al índice de desarrollo humano (en el que se combinan indicadores de salud, educación y bienestar material) debido a "una fuerte caída de la renta y el gasto de las familias, y por un importante crecimiento de la desigualdad". Son las consecuencias de una inmensa redistribución de la riqueza hacia arriba, abandonado a su suerte a los de abajo.
Fastidia recordar que en nuestra Comunidad sigue creciendo el empleo temporal, y ello, sin contar el fraude de la economía sumergida, de la que emergen nuevos ricos y nuevos pobres. 
Desagrada la evidencia de que cada vez son más los trabajadores ocupados en riesgo de pobreza.
Pero la garrapata sabe desviar responsabilidades. Dirige hábilmente nuestras iras sobre otros hombres más delgados, más pobres, de los que ella misma se atracó antes y de forma aún más tenaz.
Les vemos cada mañana acudir en busca de nuestras sobras, sin derechos, sin papeles, en una espiral sin sentido. Solo con las cicatrices de la valla. Y aun así, decimos que son culpables las víctimas del abuso de la garrapata.
La garrapata hinca sus garfios en los servicios públicos, le estorba la sanidad, la educación, las prestaciones del seguro social (que cada vez es menos seguro), los servicios sociales,...etc. Odia, en definitiva, el Estado del Bienestar.
Consigue hacer creer que lo que ayer era necesario hoy es imposible. No necesita explicar la contradicción de esa imposibilidad en un mundo donde los ricos cada vez son más ricos... Globalización.
No como la búsqueda de un mundo mejor, sino haciendo pasar por moderno, por bueno, el juego de siempre, con las reglas de siempre, y los ganadores y perdedores de siempre.
Nuestros abuelos se sintieron satisfechos de que su esfuerzo hubiera servido para que no tuviéramos que trabajar todos los días del año. ¿Qué diremos nosotros a nuestros nietos si ni siquiera somos capaces de reaccionar ante la garrapata clavada en el futuro de nuestros hijos? Hoy, en el ideario del joven, trabajo es igual a irregularidad, a economía clandestina, a inestabilidad y, en algunos casos, huida, no sabe de otro trabajo, de otra forma de ganarse la vida.
Pero la garrapata es insaciable y querrá enterrar aún más su mandíbula en los jóvenes y también en los que un día lo fueron y en nosotros...Hasta que no quede nadie a quien picar, nada que succionar.     
Quizá hastiados de nuestro hastío, en un fugaz latigazo de la memoria, solo acertemos a decir: ¿Qué no hemos hecho?
Mirando el desfuturo, sin entender nada, sin hacer nada, inoculados por el fluido de la garrapata.
Víctor Meseguer Sánchez. Director de laplataformasocial.org


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