sábado, 10 de mayo de 2014

Gastroerotismo

La ventana del olor
 (La Verdad 03.05.14)

La ventana de su cocina se comunicaba con la suya a través del tendedero y el olor. Podríamos decir que el tendedero era la vía que recogía la esencia de la cocina de Verónica y explosionaba en la cocina de Matías, creando un espectáculo nocturno de bengalas verdes y rojas. Como los  jugosos pimientos que pensaba guisar. Esa verbena de olores excitaba a Matías. Desvelando al animal hambriento y necesitado que llevaba dentro...
En el ascensor solo se saludaban, pero conocía cada secreto de su cocina. La forma que tenía de asir el cuchillo y cortar las zanahorias, ese segundo doloroso en el que perdía de vista sus manos envueltas en el paño de cocina, cuando se recogía el cabello dorado despejando su nuca pálida y libre, la manera suave de mover su cuerpo mientras rehogaba la verdura. Al llegar la primavera se abría el vestido mientras cocinaba y podía ver el inicio de esa montaña que tenía por senos. Senos con los que había amamantado a dos fieras: Sebastián y Ginés.
Verónica no era su tipo. Pero ver una mujer tan espléndida cocinar era lo más erótico que vivía durante el día. Fregaba todos los utensilios antes de utilizarlos, colocaba los alimentos por orden de cocción, y bailaba All Blues de Miles Davis siempre que encendía el horno. Por lo demás, era ordinaria, inculta, descarada y atolondrada. Esa noche no tenía nada de especial. Eran las once de la noche, y estaba en su cocina fingiendo que preparaba algún plato étnico para poder contemplarla. Cuando ella percibió su presencia lo llamó. A voces lo invitó a pasar. Él titubeó un poco antes de decirle que se cambiaba las zapatillas e iba para allá. En realidad no sabía si cambiarse las zapatillas o todo el traje. Pero la observó de nuevo tras la ventana y decidió mantener la ropa que llevaba. Nervioso fue al salón en busca de vino y se inclinó por un Burdeos. Esa noche cenaron juntos. Queso Boursin, pollo con verduras y crepes de postre. La charla no fue muy entretenida. A cambio pudo tenerla cerca. Sus carnes prietas en un pequeño vestido claro. Unas uñas rojas en unos pies pequeños. Unas piernas torneadas que se unían en un desnudo y denso triángulo invertido. Un vientre fértil y unos pechos grandiosos como en sus sueños más indómitos. La mujer más mediocre que había seducido. Y, sin embargo, a la que más recuerda.

Víctor Meseguer. Vicepresidente de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

TABLON DE ANUNCIOS

Sin noticias