viernes, 23 de mayo de 2014

Der Steppenwolf

Confesiones
de un lobo estepario

La Verdad 22 de mayo de 2014


En la Granja, mucho antes de que Orwell nos describiera la gran rebelión que en ella se produjo, incluso mucho antes de que el hombre se hubiera adjudicado el derecho a explotar a los animales que allí vivían, nacieron dos cachorros - Fliper y Nicol- de una hermosa perra canela (Roja, la llamaban).
Por aquel entonces, sufrían los animales el gobierno despótico del “Gran Lobo”, sus afilados dientes eran su gran argumento.
Los cachorros jamás entendieron por qué se les obligaba a aullar, cuando realmente lo que les gustaba era ladrar. Les parecía triste el gran silencio de la granja, porque los cerdos, los caballos, las gallinas eran incapaces de aullar y no les estaba permitido emitir otro sonido –era patético ver cómo algunos lo intentaban para poder medrar-.
Aun así, se rebelaron contra aquel estruendoso silencio y por ello fueron varias veces castigados. A Nicol le gustaba convivir con los animales productores; les explicaba a los caballos, a las gallinas, al buey, que era inicuo que su esfuerzo y su dolor fueran tan injustamente repartidos. Que la gran gallina-cacareadora o el zorro-espía no tenían más derecho que ellos al trigo o a los huevos que tanto esfuerzo les costaban conseguir.
Fliper trataba de convencer a los conejos, los cerdos y a otros animales que la comida que les daban era un engaño, que al final eran ellos los que terminaban en el plato.
Parecía que la luz y el sonido plural nunca llegarían. Sin embargo, aquellos cachorros de la perra canela siguieron luchando. Su gran enemigo era el miedo de los animales, porque el miedo es la razón de la prepotencia.
Un día, sin embargo, el gran lobo murió. Después de las fastuosas exequias, sin saber por qué, quizá por la tensión, a un pato se le escapó un graznido. Todos le miraron; el cerdo gruñó, el gato maulló asustado de su propio valor... los dos cachorros ladraron con fuerza mientras un arcoíris de sonidos se extendía por toda la granja. La democracia había llegado. En las elecciones que siguieron, Fliper fue elegido con abrumadora mayoría como conductor de un proyecto de alegría. Había mucho que hacer. La granja había estado maniatada en el silencio durante mucho tiempo, demasiado tiempo. Nicol siguió entretanto defendiendo a los animales productores. Entendía el esfuerzo que estaba haciendo su hermano, pero no compartía los límites de la gran palabra: “pragmatismo”. Hijos ambos de aquella perra canela –la Roja- sus objetivos no eran los mismos. Fueron muchas las ocasiones en las que Nicol criticó con dureza y luchó por modificar aquellos límites. Fliper no entendía cómo podía cuestionarse la “gran palabra”. En muchas ocasiones negó lo que Nicol entendía como derechos irrenunciables de los animales trabajadores.
Al cabo de un tiempo, los animales prefirieron elegir otro animal para que les guiara. Resultó ser un hijo de aquel lobo que durante mucho tiempo había gobernado a dentelladas. Nicol siguió trabajando en defensa del buey, del caballo, de la vaca... Discutió y llegó a acuerdos con el lobezno que les beneficiaban. Sabía perfectamente quién era este que en su interior luchaba, aunque en no pocas ocasiones le vencía la sangre del “gran lobo”, era factible que un día terminara por hacer prevalecer la razón de su afiliada dentadura. Pero su papel era luchar para que así no fuera y negoció y firmó en beneficio de los animales productores. Siendo también generoso con aquella parte del lobezno que entendía la granja con todos sus sonidos.
Su hermano Fliper, una parte de él al menos, era incapaz de comprenderlo, desconocía o pretendía desconocer el papel del otro. Prefería a veces lamerse las heridas –muchas, es cierto, causadas injustamente- y criticar lo que hacían otros en lugar de luchar por su proyecto de granja que, Nicol sabía, era más justo y solidario...
Han pasado 20 años y el cuento ha cambiado un huevo....  ¿O no? Nos tocó luchar por una sociedad libre y democrática. Una sociedad bajo el imperio de la ley, que acabara con una dictadura feroz, dueña de presentes y futuros. Pensamos que con la muerte del dictador, los episodios de enajenación ideológica, persecución de las ideas y apalancamiento en el poder habían terminado para siempre. Creímos que todo aquello nacido de la democracia era democrático. Apostamos por un país moderno, sin prebendas, construido por hombres y mujeres libres e iguales. Trabajamos para construir una patria que cuidara a sus hijos, que eligiera a los buenos para asumir las responsabilidades colectivas, que trazara una senda nueva que nos sacara de la caspa y el recuerdo infame de nosotros mismos. Y creímos que el salto era definitivo. Pero no es así, solo fue un espejismo. La granja envejece y se reproduce a sí misma, por la influencia de los lobos con piel de cordero. Y Fliper y Nicol están cansados… y les han crecido los colmillos. Tendrán que ser otros. Y deberán dejar claro a qué especie pertenecen. 

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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