domingo, 16 de marzo de 2014

FOTOS LOPEZ

lluvia. Foto de Gabriel López

 Gabriel Lopez y Víctor Meseguer

La Verdad 13 de marzo de 2014


- Existen muchas maneras de viajar, algunas menos, si el destino es el pasado."Un viaje a la Murcia de ayer con las fotos de Juan López", así reza el artículo del periódico. Se trata de una exposición de fotografía documental que abarca el período 1939-1965, y que se exhibe en Las Claras. Pascual Martínez, gerente de la Fundación Cajamurcia,  dijo que se trata de una exposición organizada por el Ayuntamiento de Murcia, en colaboración con 'La Verdad', que entraña «el palpitar de la ciudad de Murcia durante muchos años, porque aquí están reflejadas escenas de la vida diaria, conocidos personajes de la ciudad, acontecimientos políticos o deportivos, aunque también tragedias». Les recomiendo que no se la pierdan, quizá sea una muy buena oportunidad para mirar cara a cara nuestra reciente historia. Una buena ocasión para averiguar nuestro pasado y no seguir obsesionándonos por el futuro. Una vez más, gracias a la Fundación CAJAMURCIA nuestra historia se ha convertido en un valor cultural abierto a la participación, y "Las Claras", en el corazón cultural de la ciudad.


En las fotos aparecen muchas personas retratadas en su espacio cultural y su entorno social. En las caras de sus protagonistas se intuyen emociones: alegría, tristeza, ímpetu, melancolía, etc. En otras se captan  deseos, opiniones y derechos que nunca se ejercieron. También aparecen las caras del poder y de la ausencia del mismo. Pensé que se trataba de algo así como fotografía antropológica. Ante tanto barullo de sensaciones, le pedí ayuda a Gabriel López, un joven amigo que ejerce de filósofo-antropólogo... Sus recuerdos florecieron en una tarde de primavera, café  y muchas fotos:  

- Hoy haré un análisis cultural pero, si me lo permites, es inevitable que también lo haga como nieto. No conocí a Juan López pero sí pasé largos ratos con Gabriel, mi abuelo, quien en el mes de julio cumpliría 102 años. Si esta exhibición se hubiera celebrado tres años atrás, lo imagino arrastrando su bastón a lo largo y ancho de la sala,  poniendo con exactitud fecha a las imágenes mostradas en esta recopilación del archivo López. Y es que Fotos López eran Juan y Gabriel, dos hermanos que se lanzaron a montar un negocio de fotografía y revelado animados por su espíritu emprendedor. Me baila en la memoria dónde empezó su historia; si comenzaron en Jara Carrillo, González Adalid o en la calle Trapería. Lo que sí recuerdo es a mi abuelo contándome los numerosos viajes que hizo como comprador acreditado, trayendo material fotográfico que, en la Murcia de aquella época, era extraordinario. Leica, las mejores lentes, solía decir.

Los López tuvieron éxito. Además de por su anticipación, por la habilidad de ofrecer testimonio de los distintos acontecimientos sociales del momento. El escaparate en Trapería solía estar ocupado por transeúntes admirados ante el último reportaje que recogiera el partido del domingo, la feria de septiembre o una tarde de toros. Como dices, Víctor, este archivo López es un valioso material etnográfico. Un repaso de los usos y costumbres de la sociedad murciana a lo largo de esta crónica de más de 25 años, que permite descifrar aquello que llamamos cultura. Pero, además del interés de estas fotografías como reflejo de una época, lo relevante de fotos López también está en su papel de estímulo de lo audiovisual en aquella Murcia de posguerra. Así, mi abuelo estuvo entre los integrantes de aquella Asociación de Amigos de la Fotografía y el Cine Amateur fundada en 1954, entre los que figuraba el ilustre D. Antonio Crespo.

De entre las muchas anécdotas de mi abuelo también recuerdo aquéllas anteriores a los tiempos del negocio familiar. Describía con amargura cómo, de camino a  Francia consecuencia de los acontecimientos de los años 30, dejó en una pensión de Barcelona una maleta con cientos de fotografías y otros documentos que, por lo visto, era mejor no llevar encima. Meses después, de regreso de Argelès-sur-Mer, donde a su entrada un oficial le arrebató la cámara de fotos, la perentoriedad de la situación le hizo imposible regresar a aquella pensión. La historia terminaba en un tren Tarragona-Murcia, acompañado de dos paisanos, entre ellos el maestro carrocista Carlos Gómez.


Esta muestra de fotografía me ha hecho desempolvar horas de conversaciones grabadas con mi abuelo, defecto o virtud de investigador social. Esos muchos minutos de recuerdos están llenos de datos desbordantes. Apellidos, calles y paisajes que dibujan la crónica de un espacio y un tiempo concretos, y que conforman la historia de una vida excepcional. Estas charlas recuperadas actualizan mi memoria y me trasladan al sillón de mi abuelo, donde rodeado de un bodegón de Andrés Conejo y de aquel grabado de Mariano Ballester, que tanto me gustaba, escucho con admiración el relato de otro tiempo. Tiempos en los que las cosas se intentaban de verdad, a una sola carta, precisamente porque la experiencia de la realidad evidenciaba la inestabilidad de los planes seguros...

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