viernes, 30 de agosto de 2013

Media Luna Roja

 
La Verdad, 30 de Agosto de 2013
 
Salma Bahgat, una voluntaria de la Media Luna Roja (la Cruz Roja en los sitios donde no gustan las cruces), corría con un huracán pegado a la piel hasta que se tropezó con aquel joven malherido. En su cabeza no había dejado de repetirse una y otra vez el horror de los cuerpos que yacían alineados por el suelo de la Mezquita, envueltos en sábanas blancas traspasadas por manchas rojas. Ella se había quedado hasta el final: “Les estaba dando respiración cardiopulmonar, pero al final estaba perdiendo tiempo para salvar a otra gente. Como socorrista uno tiene que tener prioridades y en estos casos son aquéllos que tienen más posibilidades de sobrevivir”.
 
Salma, incansable, con gesto desbordado, se afanaba por socorrer a aquel joven con el hombro destrozado por un disparo: “Era un médico. Estaba aquí para ayudar, como yo, y terminó herido. No quería irse al hospital, quería ir a ver a su esposa. Nosotros como Media Luna Roja no podemos llevar a los pacientes a sus casas, así que tuvimos que pedirle a la gente que lo hiciese”.
 
Como socorrista, su misión consiste en atender a los heridos sin preguntar de dónde vino la bala que los hirió. Ahí, en medio del desastre, la gente como Salma se juega el pellejo para echarles un cable a los descerebrados que se tirotean y a los que se tropiezan con los proyectiles: “Soy totalmente consciente, pero no lo pienso mucho. Si lo pensara demasiado, no estaría aquí”.
 
El dolor la superaba. No le dolía el cansancio, le dolía profundamente sentirse inútil. Nadie se juega la vida por nada. Y "nada" no justifica la muerte ¿O sí? “Lo más terrible es no ser capaz de ayudar a la gente. Cuando eres inútil. Y hoy ha sido el peor día que yo recuerdo. Las ambulancias no podían llegar donde estábamos, los enfermos no podían ser trasladados al hospital”, le dijo a Constanza Hola Chamy (la reportera de la BBC que transmite sus palabras) con una mezcla de ansiedad e impotencia. “Teníamos pacientes a cada minuto. Explotaban bombas y se oían disparos. Tuvimos que salir de ahí (la calle), movernos a un lugar más seguro”.
 
Al límite de sus fuerzas, buscaron amparo en un edificio que resultó ser una de esas fondas cutres para turistas despistados. Ella no pudo evitar una sonrisa al ver la cara de póquer que puso Constanza frente a aquel botones con gorro, uniforme rojo con borlas doradas y un mono en el hombro. Le recordó a esos turistas que la miraban desde arriba con aires de superioridad, a la vez que buscaban un país ya inexistente.
 
El Egipto actual es el de un puñado de militares corruptos, populistas y "laicos con los hombres", que han desalojado a tiros (pólvora no química) a un gobierno legitimado por los votos en las urnas. A ver, Morsi era un presidente legítimo y democrático. Vale, puede que no nos gustara (me incluyo) ni Morsi ni sus políticas.  Pero en democracia uno no derriba al gobierno -vía golpe militar- porque no nos guste. No pongo ejemplos porque a Vd., querido lector, seguro que se le ocurrirá alguno.
 
El golpe de estado ha desfigurado la cotidianeidad de la capital del país, pero la normalidad se impondrá, aunque muchos no puedan contarla. Cada uno regresará a su lugar. Los que tengan una casa normal, a su casa; los que no tengan casa, a los cuarto-tumba en el cementerio norte. “Vinimos a vivir en estos cementerios porque no son costosos y son prácticos como punto de partida. A medida que pasó el tiempo nos dimos cuenta que no queríamos desalojar este espacio y continuar con nuestras vidas aquí (…) la gente es agradable y todos cuidamos los unos de los otros”.
 
Salma también recuperará su rutina. Cada mañana empezará una nueva aventura: primero cogerá el metro que la lleva al gran hospital... Viajará en el último vagón, el reservado a las mujeres. 

 

 

jueves, 15 de agosto de 2013

CEPAIM
Publicado en La Verdad el 15 de agosto de 2013
© Víctor Meseguer
La Fundación CEPAIM es testigo de las historias de muchas vidas. En cierto modo se asimila a esas muñecas rusas que encajan unas dentro de otras, salvando la diferencia de que las  vidas de nuestros protagonistas no están huecas.

Hacía tiempo que ella no era NADIE, y lo sabía. Sus ojos abiertos en la claridad de su noche miraban de frente otro tiempo, cuando la sonrisa encendía su belleza.

Él había recorrido la distancia entre Dakar y Murcia: 3.052 kilómetros. De eso hacía ya muchas noches, interminables madrugadas con los ojos abiertos, infinidad de días oscuros a pleno sol, las tragaderas del mar no dejaban espacio ni tregua ni respiro. Implacable desesperanza.

Pese a todo, el viaje no fue lo peor, antes de empezarlo no había alternativa y una vez en la patera no había vuelta atrás. Lo peor comenzó después de llegar. Aún recuerda la oscuridad que reinaba en aquella nave atestada de colchones en el suelo, donde dormitaban o, quizá como él, miraban muy lejos de allí otros NADIES. Cualquiera que se hubiera fijado podría haber visto la amarga sonrisa de la realidad en el rostro de Mamadou.

Un día, al final de la clase de español,  Bahiza le dio algo que había escrito: “…No grito por placer. Grito porque me ahoga el dolor…”. Había decidido que no quería que la siguieran puteando, había resuelto, por fin, denunciar en los servicios sociales del Ayuntamiento cómo la estaban explotando. Apenas conocía el idioma de este país, pero tenía la firme decisión de no ser esclava de nadie. Sin conseguir que le hicieran gran caso, la derivaron a un sitio llamado UGT. Allí, una señora con buena apariencia la escuchó y, después de decirle que no podía hacer nada, la acompañó a la Policía. También allí la escucharon, le pidieron los papeles, hicieron algunas llamadas de teléfono y le dijeron que volviera otro día… Entonces soñó con quitar la corrupción del vocabulario de la vida.

En la soledad de su habitación, sentía un vacío que no era miedo, tampoco rabia, solo el espacio que deja un esperado “mañana” cuando se ha escurrido entre las manos. 

¿Tú, vienes o vas...?, le preguntó Mamadou a Víctor, un joven voluntario de CEPAIM: “Me voy fuera a buscar algo mejor, el futuro aquí en España se presenta como un cubo vacío”.

Según Mamadou y Bahiza, CEPAIM es una de esas organizaciones sociales que no deja indiferente a quien tiene la suerte de acercase a ella; donde te encuentras con gente que cree en lo que hace y siente lo que dice. Para comprobarlo basta con escuchar a Juan Antonio Segura Lucas, la autoridad moral de una dirección conquistada a base de una continua coherencia entre el hacer y el ser, un hombre construido a golpe de sólidos principios y capacidad demostrada para entregar el tiempo de su familia y el que debería dedicarse a sí mismo a “los nadies, a los hijos de los nadies, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos… Los nadies, que cuestan menos que la patera que los mata”. Los nadies, esos que constituyen la clave para la sostenibilidad del sistema público de pensiones, los que sustituirán a los hijos que nosotros hemos dejado de traer al mundo. 

Encomiable labor la que desarrolla CEPAIM, situando en el centro de todas sus acciones a las personas más vulnerables de nuestra sociedad y, entre ellas, a las personas inmigrantes que han protagonizado un viaje de desarraigo, de sueños truncados, de anhelos y esperanzas. Un viaje que ayer fue de “los otros” y hoy vuelve a ser de los “nuestros”, ¿vienes o vas? Da igual, siempre en el camino queda escrita una historia…

Seguimos sin reparar en que las personas más vulnerables de nuestra sociedad no son el “problema” sino la clave de la regeneración social, política, ética y también económica que nuestra  enferma sociedad está reclamando a día de hoy.

CEPAIM fija su mirada y su acción en los territorios, como espacio local en el que todos los ciudadanos y ciudadanas construimos nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia; donde nos enfrentamos, nos toleramos, coexistimos o construimos la verdadera convivencia intercultural por la que CEPAIM lucha y trabaja en los barrios de nuestras ciudades, en acciones de acogida humanitaria, de vivienda, impulsando la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, atendiendo a las víctimas de discriminación, gestionando la diversidad en las empresas, en las escuelas y en los barrios, apostando por la  convivencia entre los diferentes, frente a la hostilidad, el racismo y la xenofobia; trabajando con las familias y los menores en situación de exclusión social, impulsando la cultura emprendedora, la formación y el empleo, apostando por el desarrollo rural y el codesarrollo con los países de origen de las personas inmigrantes.


A la gente de CEPAIM le gusta platicar mirando a los ojos de la gente, conocer y compartir sus inquietudes, más que hablar con piedras organizadas.

jueves, 1 de agosto de 2013



CÁRITAS

Publicado en el Diario “La Verdad” el 1 de agosto de 2013

By Víctor Meseguer

 

La pobreza no es una enfermedad ni un defecto del carácter. Surge como resultado de un conjunto de factores que inciden sobre la forma en que interactúan los ciudadanos con su entorno, generando esquemas de pensamiento que orientan la conducta de los individuos a la satisfacción coyuntural de las necesidades básicas e inhiben su capacidad para construir planes de futuro, esenciales para enmarcar y dar sentido a las actividades de desarrollo personal y familiar.
Dada la perjudicada situación del bienestar social, la lucha contra la pobreza y la exclusión social se ha convertido en una de las prioridades  de nuestra sociedad.  Y como ya les contaba aquí hace dos semanas,  el próximo 26 de septiembre de 2013, en el Auditorio y Centro de Congresos de la Región de Murcia "Víctor Villegas", se celebrará el primer concierto solidario a favor de Cáritas, Cepaim y Cruz Roja.
Tres entidades a las que quiero dedicar tres artículos y un bolero: “Porque a pesar de que vivamos juntos (est.), hoy me parece que andamos distantes...". Me explico; el hecho de que estas tres entidades caminen juntas es todo un ejemplo de lo que más pronto que tarde será la historia del futuro, si es que este, alguna vez, decide llegar. Se está haciendo de rogar.
Más allá de las cifras sobre cuántos murcianos ¿viven? bajo el umbral de pobreza, lo cierto y verdad es que Cáritas atenderá este año a unos 120.000 murcianos, y las demandas de ayuda de las parroquias no cesan de aumentar. No pasa nada, pero José Luis Leante, director de Cáritas en la Diócesis de Cartagena, hizo que las campanas tocaran a alerta o arrebato: si no recibe nuevas donaciones, en septiembre no dispondrá de medios para seguir ayudando a los más necesitados.
Los datos hablan por sí solos: los puntos negros que generan más accidentes, con consecuencias de muerte  para la vida de los ciudadanos, no están en las carreteras ni en las vías de ningún tren. Se distribuyen, como un rosario de fracasos colectivos, a lo largo de la geografía española. Se hallan presentes en decenas de barrios y concentraciones humanas periurbanas, que conforman un modelo imposible de urbanismo y vida social. Crecen en el olvido, viven en el silencio, subsisten al margen de las reglas que nos protegen al resto, mientras se alejan de cualquier futuro. No hay ni tren ni destino. Tampoco existe el presente, lo que hay es otra cosa.
Lejos de las miradas de la mayoría, construyen inframundos que se reproducen de generación en generación, como una pesada herencia inelegible. Se hace lo que se puede, pero no es suficiente, le dije a Israel, un preso que el otro día volvió a entrar en la cárcel, donde le conocí hace más de 25 años. Un día, su madre salió al hospital y volvió con él debajo del brazo. Del pan nuestro de cada día, cuando no había pisos que robar, unas veces se encargaba la Comisión de Asistencia Social penitenciaria y, otras, los de Cáritas. 
Era un bebé  tierno, como todos. Parecía que iba a tragarse un mundo que al final acabo engulléndole a él. Tiene seis hijos y una historia dentro de otra historia, donde hay escenas que se vuelven a repetir: los voluntarios y trabajadores de Cáritas hacen más de lo que pueden y todos los días levantan la persiana para intentar romper el proceso de transferencia hereditaria de la pobreza. Aunque no siempre lo consigan, nunca dejan de intentarlo: “No seáis cobardes, no «balconeen» la vida, no quedaros mirando desde el balcón sin participar, entrad en ella, como hizo Jesús y construir un mundo mejor y más justo, no se queden a la cola de la historia…” (Francisco I: 2013). El Papa de Buenos Aires (en Roma) es consciente de que la modernidad no se importa, se construye mediante un ejercicio cotidiano de convivencia edificante. Amén.  

 

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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