jueves, 14 de febrero de 2013

Regenerar la vida pública


El ejemplo de Joseph Aloisius Ratzinger
 La Verdad, 14 de febrero de 2013

Vivimos entre el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad: estamos tocando fondo, pero todavía no hacemos pie porque este país vive asolado por un sinfín de plagas. Aunque la señora  Merkel se reía mucho en la rueda de prensa con don Mariano, no está la cosa para bromas, porque el humor es de alcance corto y rara vez viaja. Sólo lo hace el dinero negro que no se ve. Está claro que únicamente somos capaces de distinguir al negro en una patera a plena noche.
¿Qué medidas concretas propones para regenerar la vida pública?, nos preguntó “La Verdad”. A la mayoría sólo se nos ocurrió lo que tenían que hacer los demás. Está claro que siempre son “los otros” el grueso del problema nuestro de cada día.
Comenté el tema  con los alumnos de la facultad de Trabajo Social. Ellos lo captaron al momento, al instante, y Mónica me dijo: “Es muy difícil mirar hacia dentro, es doloroso e incluso terriblemente hiriente”.
Asumí el reto y consideré oportuno invertir la lógica y preguntarme cómo podría yo contribuir a regenerar la vida pública desde los espacios de trabajo, participación y ciudadanía de los que formo parte.  La  crisis nos ha enseñado que hay más cosas que mirar que las que veíamos antes.
Empecé por lo que más me sigue identificando: mi paso por la Secretaria General de UGT. Aquel fue un tiempo dedicado a la defensa de “lo social”. Pero ahora, lo más social que se me ocurre que puede hacer cualquier persona pasa por “lo económico”: montar una empresa. Me explico: en una sociedad con más de cinco millones de parados, la creación de empresas ya tiene una dimensión muy, muy social. ¿Entonces, los sindicatos deberían dedicarse a montar empresas? No. En primer lugar, porque no es fácil. Es más rentable darle cursillos a parados para que las monten ellos, capitalizando su desempleo. En segundo lugar, porque para poner una empresa hay que saber hacer algo bien (y aquí tenemos un problema). En fin, que los errores se pagan, no hay que insistir en ellos. Además, los sindicatos nos hacen mucha falta en empresas como las  del “número dos” de la CEOE, Arturo Fernández, que –según la radio- paga parte del sueldo a sus empleados en negro.  ¡No! No aplauda. Mírese y… ¡Hágaselo ver!
A continuación, me centré en mi actividad como empleado público (educador) y recientemente, como docente (profesor asociado de la Universidad). Me acordé de una charla cercana con un magnífico catedrático y mejor amigo. Cuando estábamos a punto de dar con la fórmula para arreglar el mundo, otro amigo presente en la conversación nos preguntó ¿Eh, por qué no empezáis por arreglar lo vuestro? Se refería, según aclaró, a esa obsesión de la Universidad por trocear el conocimiento en infinitas partes hasta convertir cada una de ellas en una plaza de catedrático o profesor titular, contratado o asociado para cada uno, con independencia de que sus contenidos tengan un valor de uso y cambio en una sociedad cada vez más competitiva y compleja. En sentido contrario, la lógica que él defendía que deberíamos seguir, es intentar integrarlo y orientarlo en alguna dirección que sea compatible con la biología del ser humano.
La verdad es que el argumento estaba bien traído.  Nuestro sistema educativo opera sobre la única materia prima disponible sin límites en la Región: el talento humano. ¿Y qué podemos hacer? Cuando un profesor cierra la puerta y se queda a solas con sus alumnos, en la intimidad del aula, puede hacer muchas cosas si tiene algo que enseñar.
De vuelta a mi trabajo en la cárcel, les propuse a un grupo de presos montar un taller de educación de espíritu emprendedor. Bueno, uno de ellos me puntualizó: “Por favor, cambie Vd. lo de espíritu por enfoque, porque espíritu emprendedor ya tenía antes de estar aquí, lo que me falló fue el enfoque y por eso corrí peor suerte que esos señores corruptos que salen todos los días en el periódico, pero que nunca entran en la cárcel”. Tienes razón. Sí, falló el enfoque, pero el de la justicia, que debe tener una luz que no alumbra a todos por igual. 
Pues eso, seamos transparentes y, a seguido, podremos exigir transparencia: regulación del funcionamiento democrático de los partidos políticos, donde los ciudadanos tengan mayor capacidad para elegir y, sobre todo, destituir a sus representantes; reforma de la función judicial, para que no haya dos justicias en función del sistema vigente de castas,…etc. En mi opinión, se impone un nuevo proceso constituyente para dotarnos de un nuevo modelo de Estado y de ciudadanía. Desde  abajo, siempre desde abajo.  Nuestros gobernantes son como la curia vaticana: para que nada cambie, dimiten al Sr.  Ratzinger (Benedicto XVI).
¿Y qué hacemos con la globalización económica? Más democracia y más allá de las naciones: últimamente Europa nos duele pero, no se engañen, sólo saldremos de esta con una mayor integración europea, con más Europa

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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