viernes, 6 de diciembre de 2013

CONVENCIÓN PO(PU)LAR

LA CONVENCIÓN PO(PU)LAR
LA VERDAD 05.12.13
"Cuando una sociedad está en la posición adecuada para descubrir las leyes naturales de su movimiento- y su objetivo último es destapar las leyes económicas que mueven la sociedad moderna- no puede borrar  radicalmente, ni eliminar por disposiciones legales, los obstáculos que presentan las sucesivas fases de su normal desarrollo... Pero puede acortar los dolores de parto”.
Esta cita de Nisbet sobre "El Capital" viene a significar algo así como que el país que está más desarrollado solo muestra, a los menos desarrollados, la imagen de su propio futuro. Es decir, mucho tienen que mejorar las cosas para que -como los alemanes- tengamos más de 750.000 pensionistas que compatibilizan su pensión con un "minijob".
De momento, nosotros estamos en otra liga. Por ejemplo, en Murcia no tenemos "minijobs", pero tenemos un 30% de ciudadanos que son pobres de solemnidad y otros tantos a los que les cuesta Dios y ayuda llegar a final de mes: ciudadanos que manifiestan sin pudor el vicio congénito de querer comer todos los días. Y menos mal que de lo que unos tiran, tiran otros. 
Aunque la gente cada vez tiene menos cosas que tirar, en una región donde 40.000 familias tienen a todos sus miembros en paro. Una realidad que al PP le viene fatal y que no ha podido ocurrir en peor momento: la situación de quiebra de hecho (que no de Derecho) de nuestras arcas públicas. Ni siquiera a Juan Bernal, que parece alemán y ha sido un  administrador concursal único, le está siendo fácil salvar la situación. Quizá llegó demasiado tarde o no le escucharon a tiempo. Además,  no solo nos enfrentemos a una cuestión de economía sino, también, de salud pública y política social.  
¿Salud pública? Sí; les cuento: fue en el siglo diecinueve, cuando la medicina dirigió por primera vez su centro de interés a lo social, al verificarse racionalmente la relación existente entre la enfermedad y el desigual reparto de la riqueza y el bienestar; esta constatación científica acabó dando lugar, posteriormente, al nacimiento de la salud pública y la medicina social, ya en el siglo veinte.
¿Y? A ver, los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos disponibles. La realidad que construimos en los años de crecimiento económico desembocó en un reparto cada vez más asimétrico de la renta.  Ahora, la crisis se está llevado por delante el salario diferido: los recursos sanitarios, educativos y sociales. Respecto al poder, pocos cambios, siempre ha estado en manos de unos pocos.
En estas circunstancias, encontrar una luz al final del túnel pasa porque alguien se tire de cabeza al futuro y se haga con el timón de las políticas públicas, que llevan demasiado tiempo al vaivén de las modas. Más que una época de cambios, vivimos un cambio de época y necesitamos líderes con la cabeza amueblada para superar un pasado vacío de ideas y lleno de plagios tan deslumbradores como insustanciales, que han provocado un lúgubre frío polar.
Veamos el cartel que nos ha presentado el Partido Popular. Primero, quiero avisar que no hay que quitar posibilidades a los que han cortado el viento para dejar a pie de meta a Juan Bernal, Juan Carlos Ruiz y Pedro Antonio Sánchez (aunque poco probable por algunos fallos, solo un año después, el melón se puede abrir en todos los sentidos y donde digo Juan Carlos digo Miguel Ángel Cámara). Dicho todo esto, solo puedo decir que tengo de los tres una buena opinión que prefiero omitir en sus detalles más concretos porque, dijera lo que dijera, les perjudicaría y no es mi intención. 
Únicamente apuntar, que Juan (conocedor y con visión de conjunto) es el hombre que sabe lo que quiere y lo que hay que hacer, pero también sabe que parte de lo que tiene que hacer es evitar que la caída de votos de su partido no traspase la membrana de la mayoría absoluta. Juan Carlos (metódico y observador) transmite solidez,  buenas maneras y una demostrada capacidad para tejer alianzas público-privadas para el desarrollo. Pedro Antonio (intuitivo y mediador), vuela más libre de enredabobos, dispone de la cintura e inteligencia política que solo da el haber sido -antes que nada- alcalde de tu pueblo y lo tiene claro: "No podemos seguir haciendo lo mismo para obtener resultados diferentes". En fin, una sucesión con tres candidatos y con tres perfiles tan singulares como complementarios.

Aunque a mí esto me lo tienen que dar resuelto, dado el estado de las cosas, espero y deseo, acierto en la elección, al ser posible que elijan a los tres. No nos podemos permitir el lujo de renunciar a ningún ápice de inteligencia política. 

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