jueves, 10 de octubre de 2013

Piratas de Silicon Valley

Piratas de Silicon Valley
(Versión española)
Diario "La Verdad", 8 de octubre de 2013 


El sábado pasado, el flamante consejero de Educación, Pedro Antonio Sánchez, le dijo a un grupo de chavales de Nuevas Generaciones que su Consejería iba a implantar el emprendimiento en todas las etapas educativas, incluidas las universidades públicas.

Yo me lo perdí porque ni soy joven ni del Partido Popular  y, además, me tocaba estar en la inauguración del 13 Congreso de la UGT, que abrió mi compañero Joaquín: "El cura de los desahuciados". También estaba Pepe Ballesta, aunque supongo que por razones distintas a las mías, o no. Al salir, me dijo que se iba caliente. Yo le di un abrazo y no noté nada.

Volviendo al tema de Sánchez, que tiene pinta de ser un buen tipo, hace ya un puñado de años, la UE (la Comisión, el Parlamento y el Consejo), consciente del déficit empresarial que padece Europa en comparación con Estados Unidos y otras economías emergentes, viene considerando el fomento del espíritu emprendedor como un factor clave para la creación de empleo, la mejora de la competitividad de las empresas y el crecimiento económico. En el caso español, el problema se multiplica por la escasa cultura empresarial y, durante siglos, la escasa valoración social del empresario.  

Centrándonos en el papel que debe jugar la educación, el programa de trabajo Educación y Formación 2010 (Proyecto de informe intermedio conjunto, sobre la ejecución del programa de trabajo detallado relativo al seguimiento de los objetivos de los sistemas de educación y formación en Europa) incluye el sentido de la iniciativa y el espíritu de empresa dentro de las ocho competencias clave para el aprendizaje permanente, necesarias para la realización personal, la inclusión social, la ciudadanía activa y el empleo. Dentro del ámbito español, el eje 7 del Programa Nacional de Reformas (Europa 2020) considera de interés, promover el espíritu emprendedor, “especialmente entre aquellos colectivos que menos participan en la actividad empresarial, como los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes”; proponiendo la “reforma de los planes de estudio, tanto en universidades como en Formación Profesional y Educación Secundaria, para que los estudiantes conozcan el entorno empresarial y lo reconozcan como un activo profesional.

En cuanto a la legislación educativa, el artículo 2 de la Ley Orgánica de Educación (LOE) enumera entre los fines del sistema educativo español:

• El desarrollo de la capacidad de los alumnos para regular su propio aprendizaje, confiar en sus aptitudes y conocimientos, así como para desarrollar la creatividad, la iniciativa personal y el espíritu emprendedor.

• La preparación para el ejercicio de la ciudadanía y la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento.

En el ámbito de la Educación Secundaria, el punto g) del artículo 32 establece entre los objetivos de la Educación Secundaria Obligatoria, que el alumno debe “desarrollar el espíritu emprendedor y la confianza en sí mismo, la participación, el sentido crítico, la iniciativa personal y la capacidad para aprender a aprender, planificar, tomar decisiones y asumir responsabilidades”.

Por último, resulta mucho más sencillo ayudar a construir actitudes emprendedoras a jóvenes con un dominio amplio de las competencias propias del pensamiento complejo (titulados universitarios), ya que son capaces de construir hipótesis, anticipar escenarios, identificar y valorar oportunidades y riesgos, gestionar información, construir redes sociales o prever dificultades y oportunidades.

Más allá del manido discurso sobre la transición de una universidad de élites, que otorgaba licencias a una minoría que conformaba el "poder", a una universidad de masas, que pretende garantizar que cada vez más personas participen en el saber y, consiguientemente, en el poder (los hijos de los obreros queremos estudiar), puede que lo que nuestra sociedad precise sea una Universidad Emprendedora que, además de las funciones tradicionales de docencia e investigación, incluya una tercera responsabilidad: la creación de riqueza política, económica y social... 

De vuelta a mi cueva, barrunté que, quizás, la apuesta fundamental para la humanidad no es el hambre, la pobreza, la sostenibilidad, la paz, la salud, la educación, los servicios sociales, la economía, los recursos naturales o un montón de otros asuntos, sino nuestra capacidad para construir nuevos ciudadanos y nuevas organizaciones sociales y políticas, capaces de proveer soluciones. …esta es una cuestión clave en el mundo empresarial también.

Quizás, las clases medias nunca hayan tenido ideología, sólo intereses. Por si las moscas, me estoy reponiendo todos los capítulos de Barrio Sésamo. Voy por el segundo:  ahora estoy aquí (CERCA), ahora estoy allí (LEJOS). ¡Ostias, como Ramón Luis!


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