jueves, 15 de agosto de 2013

CEPAIM
Publicado en La Verdad el 15 de agosto de 2013
© Víctor Meseguer
La Fundación CEPAIM es testigo de las historias de muchas vidas. En cierto modo se asimila a esas muñecas rusas que encajan unas dentro de otras, salvando la diferencia de que las  vidas de nuestros protagonistas no están huecas.

Hacía tiempo que ella no era NADIE, y lo sabía. Sus ojos abiertos en la claridad de su noche miraban de frente otro tiempo, cuando la sonrisa encendía su belleza.

Él había recorrido la distancia entre Dakar y Murcia: 3.052 kilómetros. De eso hacía ya muchas noches, interminables madrugadas con los ojos abiertos, infinidad de días oscuros a pleno sol, las tragaderas del mar no dejaban espacio ni tregua ni respiro. Implacable desesperanza.

Pese a todo, el viaje no fue lo peor, antes de empezarlo no había alternativa y una vez en la patera no había vuelta atrás. Lo peor comenzó después de llegar. Aún recuerda la oscuridad que reinaba en aquella nave atestada de colchones en el suelo, donde dormitaban o, quizá como él, miraban muy lejos de allí otros NADIES. Cualquiera que se hubiera fijado podría haber visto la amarga sonrisa de la realidad en el rostro de Mamadou.

Un día, al final de la clase de español,  Bahiza le dio algo que había escrito: “…No grito por placer. Grito porque me ahoga el dolor…”. Había decidido que no quería que la siguieran puteando, había resuelto, por fin, denunciar en los servicios sociales del Ayuntamiento cómo la estaban explotando. Apenas conocía el idioma de este país, pero tenía la firme decisión de no ser esclava de nadie. Sin conseguir que le hicieran gran caso, la derivaron a un sitio llamado UGT. Allí, una señora con buena apariencia la escuchó y, después de decirle que no podía hacer nada, la acompañó a la Policía. También allí la escucharon, le pidieron los papeles, hicieron algunas llamadas de teléfono y le dijeron que volviera otro día… Entonces soñó con quitar la corrupción del vocabulario de la vida.

En la soledad de su habitación, sentía un vacío que no era miedo, tampoco rabia, solo el espacio que deja un esperado “mañana” cuando se ha escurrido entre las manos. 

¿Tú, vienes o vas...?, le preguntó Mamadou a Víctor, un joven voluntario de CEPAIM: “Me voy fuera a buscar algo mejor, el futuro aquí en España se presenta como un cubo vacío”.

Según Mamadou y Bahiza, CEPAIM es una de esas organizaciones sociales que no deja indiferente a quien tiene la suerte de acercase a ella; donde te encuentras con gente que cree en lo que hace y siente lo que dice. Para comprobarlo basta con escuchar a Juan Antonio Segura Lucas, la autoridad moral de una dirección conquistada a base de una continua coherencia entre el hacer y el ser, un hombre construido a golpe de sólidos principios y capacidad demostrada para entregar el tiempo de su familia y el que debería dedicarse a sí mismo a “los nadies, a los hijos de los nadies, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos… Los nadies, que cuestan menos que la patera que los mata”. Los nadies, esos que constituyen la clave para la sostenibilidad del sistema público de pensiones, los que sustituirán a los hijos que nosotros hemos dejado de traer al mundo. 

Encomiable labor la que desarrolla CEPAIM, situando en el centro de todas sus acciones a las personas más vulnerables de nuestra sociedad y, entre ellas, a las personas inmigrantes que han protagonizado un viaje de desarraigo, de sueños truncados, de anhelos y esperanzas. Un viaje que ayer fue de “los otros” y hoy vuelve a ser de los “nuestros”, ¿vienes o vas? Da igual, siempre en el camino queda escrita una historia…

Seguimos sin reparar en que las personas más vulnerables de nuestra sociedad no son el “problema” sino la clave de la regeneración social, política, ética y también económica que nuestra  enferma sociedad está reclamando a día de hoy.

CEPAIM fija su mirada y su acción en los territorios, como espacio local en el que todos los ciudadanos y ciudadanas construimos nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia; donde nos enfrentamos, nos toleramos, coexistimos o construimos la verdadera convivencia intercultural por la que CEPAIM lucha y trabaja en los barrios de nuestras ciudades, en acciones de acogida humanitaria, de vivienda, impulsando la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, atendiendo a las víctimas de discriminación, gestionando la diversidad en las empresas, en las escuelas y en los barrios, apostando por la  convivencia entre los diferentes, frente a la hostilidad, el racismo y la xenofobia; trabajando con las familias y los menores en situación de exclusión social, impulsando la cultura emprendedora, la formación y el empleo, apostando por el desarrollo rural y el codesarrollo con los países de origen de las personas inmigrantes.


A la gente de CEPAIM le gusta platicar mirando a los ojos de la gente, conocer y compartir sus inquietudes, más que hablar con piedras organizadas.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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