jueves, 1 de agosto de 2013



CÁRITAS

Publicado en el Diario “La Verdad” el 1 de agosto de 2013

By Víctor Meseguer

 

La pobreza no es una enfermedad ni un defecto del carácter. Surge como resultado de un conjunto de factores que inciden sobre la forma en que interactúan los ciudadanos con su entorno, generando esquemas de pensamiento que orientan la conducta de los individuos a la satisfacción coyuntural de las necesidades básicas e inhiben su capacidad para construir planes de futuro, esenciales para enmarcar y dar sentido a las actividades de desarrollo personal y familiar.
Dada la perjudicada situación del bienestar social, la lucha contra la pobreza y la exclusión social se ha convertido en una de las prioridades  de nuestra sociedad.  Y como ya les contaba aquí hace dos semanas,  el próximo 26 de septiembre de 2013, en el Auditorio y Centro de Congresos de la Región de Murcia "Víctor Villegas", se celebrará el primer concierto solidario a favor de Cáritas, Cepaim y Cruz Roja.
Tres entidades a las que quiero dedicar tres artículos y un bolero: “Porque a pesar de que vivamos juntos (est.), hoy me parece que andamos distantes...". Me explico; el hecho de que estas tres entidades caminen juntas es todo un ejemplo de lo que más pronto que tarde será la historia del futuro, si es que este, alguna vez, decide llegar. Se está haciendo de rogar.
Más allá de las cifras sobre cuántos murcianos ¿viven? bajo el umbral de pobreza, lo cierto y verdad es que Cáritas atenderá este año a unos 120.000 murcianos, y las demandas de ayuda de las parroquias no cesan de aumentar. No pasa nada, pero José Luis Leante, director de Cáritas en la Diócesis de Cartagena, hizo que las campanas tocaran a alerta o arrebato: si no recibe nuevas donaciones, en septiembre no dispondrá de medios para seguir ayudando a los más necesitados.
Los datos hablan por sí solos: los puntos negros que generan más accidentes, con consecuencias de muerte  para la vida de los ciudadanos, no están en las carreteras ni en las vías de ningún tren. Se distribuyen, como un rosario de fracasos colectivos, a lo largo de la geografía española. Se hallan presentes en decenas de barrios y concentraciones humanas periurbanas, que conforman un modelo imposible de urbanismo y vida social. Crecen en el olvido, viven en el silencio, subsisten al margen de las reglas que nos protegen al resto, mientras se alejan de cualquier futuro. No hay ni tren ni destino. Tampoco existe el presente, lo que hay es otra cosa.
Lejos de las miradas de la mayoría, construyen inframundos que se reproducen de generación en generación, como una pesada herencia inelegible. Se hace lo que se puede, pero no es suficiente, le dije a Israel, un preso que el otro día volvió a entrar en la cárcel, donde le conocí hace más de 25 años. Un día, su madre salió al hospital y volvió con él debajo del brazo. Del pan nuestro de cada día, cuando no había pisos que robar, unas veces se encargaba la Comisión de Asistencia Social penitenciaria y, otras, los de Cáritas. 
Era un bebé  tierno, como todos. Parecía que iba a tragarse un mundo que al final acabo engulléndole a él. Tiene seis hijos y una historia dentro de otra historia, donde hay escenas que se vuelven a repetir: los voluntarios y trabajadores de Cáritas hacen más de lo que pueden y todos los días levantan la persiana para intentar romper el proceso de transferencia hereditaria de la pobreza. Aunque no siempre lo consigan, nunca dejan de intentarlo: “No seáis cobardes, no «balconeen» la vida, no quedaros mirando desde el balcón sin participar, entrad en ella, como hizo Jesús y construir un mundo mejor y más justo, no se queden a la cola de la historia…” (Francisco I: 2013). El Papa de Buenos Aires (en Roma) es consciente de que la modernidad no se importa, se construye mediante un ejercicio cotidiano de convivencia edificante. Amén.  

 

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