viernes, 26 de abril de 2013

POR DIGNIDAD

 
 

Por dignidad

En defensa de las prostitutas del Barrio del Carmen y en reconocimiento al programa de las  Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor

 Díario "La Verdad" 25 de abril de 2012
Víctor Meseguer

El miedo escondió sus rostros y sus nombres y el menor atisbo de morbo. Ese fue el trato. En el transcurso de la conversación, se lamentaban por verse obligadas todos los días a ultrajar su dignidad sin ni tan siquiera poderlo hacer en la intimidad, protegidas de miradas extrañas, de la intemperie, sin condiciones mínimas de higiene y salubridad: “Para mí no es agradable exponerme y, menos aún, en la calle”, afirmó resignada una mujer que intuí llena de dignidad las 24 horas del día  - incluidas las que está ejerciendo la prostitución-, el problema es de quienes nos la quitamos a nosotros mismos y creemos robársela a las trabajadoras del sexo.   

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El ayuntamiento está fabricando en su laboratorio de papeles, una ordenanza para luchar contra la prostitución o para limpiar sus conciencias y así, interiorizar mejor los aplausos de los vecinos.  Ya saben, los políticos, muchas veces, actúan por reacción. Hasta aquí lo entiendo. Pero supongo que -aunque sea a escondidas- en algún lugar latirán las convicciones…

Según la concejala, Nuria: “[Son] conscientes de que muchas mujeres se ven obligadas a ofrecer este tipo de servicios porque están pasando necesidades económicas; por ello, la ordenanza también prevé para estos casos poder incorporarlas a unos programas de reeducación y reinserción, que se están desarrollando con la Concejalía de Bienestar Social”.

 

¿Ha dicho reeducación? ¿Y de dónde saca nadie la legitimidad para reeducar a nadie? La existencia de personas con valores y metas diferentes a los generalmente aceptados, no puede traducirse en un derecho “uniformador” por parte de la cultura dominante. Reinsertar no puede traducirse así en dominar, adoctrinar, dado que pudiera entenderse como una agresión a los derechos fundamentales del individuo. Al derecho a ser diferente, uno mismo o, simplemente, a hacer con su vida lo que le venga en gana.

Por otra parte, es difícil llegar a acuerdos en relación con los valores que deberían modificarse. La sociedad actual no es una sociedad idílica ni armoniosa, chocan en su estructura conflictos y tensiones que se suceden a sí mismos y que, entiendo, no hay por qué resolver.

¿Cuál sería así el modelo y qué valores lo integrarían? Se me ocurren unos cuantos ejemplos que inundan la escena pública de este país pero serían ganas de joder y no es el caso ni el objetivo.

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Dos semanas antes, me había llamado Ángela, directora del Programa de Oblatas de Murcia, para concertar una reunión con ella y María Luisa, la Superiora Provincial de la Región de Europa de la congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. Me dijeron que la sociedad murciana tiene el derecho y el deber de saber lo que está pasando y que había otra forma de mirar a estas mujeres. “Víctor, la voluntad de estas mujeres está condicionada por tantas cosas… ¿Por qué presuponer que sus valores son diferentes? ¿Diferentes a los de quién o quiénes? ¿A los tuyos, Víctor?” [Y se hizo el silencio] Superado por tanta finura y firmeza, así como por la inteligencia con que la monja me había enmendado la plana. No pude evitar pensar en la importante labor de algunas religiosas que, en muchas ocasiones, demuestran con sus hechos profundas convicciones  y una profunda voluntad de entender al otro, al diferente, al estigmatizado, al prójimo.

Tenía razón, al fin y al cabo, las mujeres que ejercen la prostitución en el barrio del Carmen están dispuestas a cambiar las multas por un trabajo, como parece ser que ocurrirá en el súper mega puticlub de Eurovegas, donde las mujeres podrán ejercer y fumar sin ser multadas por ninguna de las dos cosas. Por cierto, aquí ni los vecinos ni las autoridades se quejan ¿Por qué será?

No, la solución no es ni la reeducación ni la reinserción, la solución pasa por la oferta de instrumentos que faciliten una opción mejor para todas aquellas mujeres que lo demanden y quieran cambiar de vida e incluso de oficio.

Esta apuesta, es decir, el interés real de ayudar a estas mujeres, en la práctica, dado que “obras son amores y no buenas razones”, sólo puede reflejarse en la partida económica que el ayuntamiento asigne a programas que acorten la desigualdad de oportunidades de estas mujeres. El ayuntamiento tiene una oportunidad y unas interlocutoras de lujo; como me dijo la directora del Programa Oblatas de Murcia, “nosotras trabajamos para la  defensa absoluta de la libertad de cada mujer y, desde esa libertad, acompañarlas en las decisiones que ellas tomen”.

Alguien debería tomar nota. Sobre muchas mujeres que optan por la prostitución porque es su única opción de conseguir dinero y que lo hacen desde la precariedad y la necesidad económica. Si a estos factores de vulnerabilidad se les añaden la estigmatización, la discriminación y la imposibilidad de acceso a servicios sanitarios, judiciales y sociales las estamos condenando a la exclusión social y a la pobreza al tiempo que las privamos de sus derechos como ciudadanas. Démosles cobertura y  protección judicial, sanitaria, social y, también, un reconocimiento público de su existencia en vez de seguir crimininalizandolas,  condenándolas a la exclusión social, a la marginación y a la invisibilidad. Todo lo demás es pura hipocresía y falsedad. Algo que empieza a ser muy común en esta España que nos ha tocado malvivir.


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