sábado, 2 de marzo de 2013

Un día fuera de la cárcel




SEGUNDA VIDA

Diario "La Verdad", 28 de febrero de 2012



La primera le explotó a Kalid entre las manos. Él había encontrado 101 formas de dejar atrás el pasado que no le habían funcionado. La última le llevo ante un juez. ¿A veces es necesario fracasar para aprender? Jesualdo Breis, director del Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia, les decía a un grupo de presos  que, en cierto sentido, la decisión de acometer  una idea emprendedora es parecida a la labor de un químico cuando combina sustancias  para obtener un nuevo compuesto o modificar uno ya existente.

Tajir, que antes que preso fue emprendedor, cazó sus palabras al vuelo: para generar una nueva composición productiva o para mejorar una ya existente, el agente empresarial necesita poner en juego  todos sus conocimientos acerca de la demanda  de bienes y servicios, de los mercados de factores, de la tecnología disponible y de las técnicas de gestión empresarial, para poder estimar las oportunidades de beneficio latentes en el mercado y generar combinaciones productivas que le permitan capturar esas oportunidades, o bien, para mejorar  la eficiencia de combinaciones ya existentes. 

David también entendió que para llevar a cabo cualquiera de estas tareas, la posesión del mayor "stock" posible de conocimientos juega un papel clave.  Pero fue Juan Antonio quien me hizo la pregunta: ¿Cómo podemos hacernos con este tipo de capital? Sabia que ninguno de sus amigos atracadores sería capaz de encontrar la respuesta. 

Una alumna le contestó: -Juan Antonio, por un lado, parte de este conocimiento se derivará de habilidades innatas, aunque también podrá derivarse de la experiencia adquirida, bien a través de la participación en el proceso productivo, bien a través de la educación reglada, a través de transferencias intergeneracionales o, incluso, derivarse de algún tipo de externalidad; esto es, a través de una difusión informal de la cultura empresarial. 

-¿Como el taller de emprendedores que Oscar, José y Paz están haciendo en la cárcel?-, preguntó Miguel Ángel. Sí. Les cuento para que cojan el hilo. Los tres andan dándole vueltas a la cabeza para no montar un huerto social y ecológico, que es la mejor manera de acabar montándolo  La idea es sencilla, aprovechar la inanidad de quienes lo tienen todo hecho, porque no tienen nada que hacer, para cultivar tierras improductivas y destinar sus frutos a aquellas personas a las que el porvenir les ha obligado a recoger alimentos de la basura. De momento, sólo se trata de una hipótesis a conjugar con todas las razones para no hacerlo, que  son muchas. De paso, intentan aprender algo para el día que tengan que llenar su libertad, porque saben que fuera la cosa está muy mal y que estos conocimientos pueden, incluso, llegar a transformarse en un requisito para llegar a ser alguien. 

Es cierto, el progreso tecnológico puede provocar que el nivel de capital humano necesario para capturar las oportunidades  de beneficio se eleve, transformándose, en ocasiones, en una auténtica barrera de entrada al desempeño de la función emprendedora. 

Jesualdo Breis nos enseñó el centro, muchas ideas (también nos habló de su grupo de rock y de los conciertos en La Puerta Falsa) y multitud de cosas más, que los presos agradecieron, porque la vida es un permanente tanteo (probar y probar cosas, actividades distintas,  espacios de trabajo, personas, paisajes). Gracias a la posibilidad de experimentar, vas descubriendo nuevas vivencias y despertando nuevos intereses, das con lugares y espacios  que te hacen crecer como persona, como profesional y, sobre todo, como ser humano. 

Era el punto y final a un día que había empezado con una reunión con los alumnos de Trabajo Social en la que se podía mascar la sensibilidad a flor de piel, porque la vida es muy caprichosa y nos suele sorprender cuando quiere. 

A lo largo del día, los presos visitaron distintos departamentos de la Universidad  en compañía de Bea y Gissela (dos alumnas de prácticas de Trabajo Social) y cuatro empleados del Centro Penitenciario. Estuvimos en la Facultad de Trabajo Social, en el Centro Social de la Universidad,  en la Cátedra de Responsabilidad Social, en el chiringuito de la Facultad de Comunicación, etc.

Cuando se despidieron de Jesualdo, emprendieron el camino de vuelta a la cárcel, un lugar donde todo es un poco más difícil por miedo al fracaso. Es muy difícil sacar a las personas  de su zona de confort. 

Ramón me pidió en nombre de todos (los que salen y los que esperan), que diera las gracias a todas aquellas personas que siempre reservan parte de su generosidad para aquellos a los que el destino les ha marcado tanto que les ha arrebatado el derecho de acceder al conocimiento, a una vida distinta y, también, para quienes aún dispuestos de ciertas posibilidades, no han sabido o querido utilizarlas. Tienen derecho a una segunda vida o a una cara distinta de la primera. 

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