jueves, 14 de marzo de 2013

Paramount y las cosas del comer


Paramount y las cosas de comer

Diario "La Verdad" 14 de marzo de 2013



¿Ya está aquí? ¿Ya llegó? ¿El proyecto que mejor va de la Región? Parece que ya trabajan para suprimir los signos de interrogación de las tres oraciones y si finalmente lo logran, lo que no parece demasiado fácil, yo… yo… ¡Qué demonios! Yo me alegraría. Sí, como lo oyen, no está la cosa como para  cerrarse en banda a una oportunidad para generar empleo y crecimiento. Eso sí, háganme el favor de no echar las campanas al vuelo, que yo… yo… en fin, yo siempre he sido muy terrenal. El proyecto del futuro Paramount Park no es, en mi opinión, miel sobre hojuelas. No se crean que me ha dado un ataque de equilibrismo, intentaré explicarles mi punto de vista.
Como ustedes conocen, la Región y en general el país, o mejor aún los que aquí vivimos, no pasamos por nuestro mejor momento. Independientemente de cómo nos vaya a algunos, a muchos, muchísimos no les va bien, ni tienen empleo, ni una perspectiva cercana de conseguir uno y eso es una tragedia. Parece lógico que esta debiera ser la principal preocupación de los que nos gobiernan y que la captación de inversiones para distintos proyectos sea una fuente de oxígeno para una economía que roza la asfixia. Pues bien, el proyecto Paramount podría, de marchar tan bien como nos dicen, aliviar a algunos de estos murcianos que esperan un empleo “como agua para todos”.
A la prudencia me conducen la experiencia pasada, si no aprendemos buena la habremos hecho y, por encima de todo, las perspectivas de futuro. La experiencia nos indica que este negocio de los Parques Temáticos no suele ir demasiado bien en este paisito nuestro. No estaría de más mirar a nuestros vecinos valencianos, a los que tanto parecen haber mirado desde San Esteban, y a las razones del fracaso de Terra Mítica; no nos engañemos, un parque mucho mejor localizado que el previsto en la Región. Dicho esto, tampoco nos pongamos tremendos y que cada cual, si es que al final hay cada cual, invierta su dinero en lo que más rabia le dé, pero su dinero, no el nuestro. A este tipo de proyectos debe acompañarle alguna inversión pública (infraestructuras, equipamientos públicos, promoción etc.) pero, visto lo visto, hay que insistir en una obviedad, el grueso del riesgo se lo queda el o los que se quedan con el grueso de los beneficios esperados, ahí queda eso. Y si nuestras instituciones financieras han aprendido la lección, tampoco debieran invertir nuestros ahorros y, en algunos casos, dinero público muy a la ligera, que algún antecedente tenemos, y digo algún porque la generalización nunca es buena.
Como ya adelantaba, el mejor antídoto contra la euforia es pensar en las implicaciones económicas, laborales y sociales de este tipo de desarrollos, en el futuro que vaticinan para nuestra Región. ¿Les suena eso de que los españoles somos menos productivos que nuestros socios europeos? Pues bien, nuestro diferencial de productividad no lo explican tanto la siesta, los bares, la pereza o demás topicazos patrios, como los sectores a los que nos dedicamos, lo que los españoles producimos. No es lo mismo dedicarse a los parques temáticos o a la construcción, que dedicarse a la fabricación de automóviles, de placas solares o de medicamentos. En estas actividades la productividad es mayor, como lo es el valor añadido y, consecuentemente, el precio de los bienes producidos. Tampoco les planteo una disyuntiva, no se me asusten, podemos querer a papá y a mamá, al turismo y a la industria.
Por el turismo y más aún por el de calidad, pasa buena parte del futuro de un territorio bien comunicado, seguro, muy cercano al resto de países europeos y con 300 días de sol al año que inundan nuestras mesas de vinos soberbios y ricas verduras, metabolizadas o no por los gorrinos de don José y don Tomás (que son los encargados de sacarle el quinto cuarto al bicho, porque hasta lo que se tira vale).  El sol o nuestro patrimonio costero y natural son recursos que no podemos dejar de aprovechar, ni tampoco malbaratar o destruir. Lo que sucede, es que a veces da la sensación de que nuestros políticos andan cortos de imaginación y de ganas de transformar el tejido productivo, la sociedad. Sepan ustedes que los monocultivos no suelen ser buena idea. Sepan que el camino corto, el más fácil, no es forzosamente el mejor ni, desde luego, el único camino. Sepan que invertimos poco en I+D y que el sistema educativo no funciona como debiera. Sepan que la industria, particularmente la más intensiva en tecnología, nos permitiría ganar en competitividad sin bajar sueldos, ofreciendo valor añadido. Sepan que el futuro no pasa indefectiblemente por salarios bajos, empleo temporal y de baja cualificación. Sepan que nos jugamos las cosas de comer.
Paramount no está mal, pero ¿Para cuándo lo demás? ¿Para cuándo un modelo que nos conduzca a un futuro mejor? ¿Y la industria, cómo va? ¿Cuánto vale el futuro? Según don José y don Tomás, dos mitades iguales.

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