jueves, 3 de enero de 2013

Los Paisajes y la Vida



JOSÉ LUÍS DURAN SANCHEZ
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Los Paisajes y la Vida
DIARIO LA VERDAD, 3 DE ENERO DE 2013
La Navidad, lo que se dice la Navidad, es inseparable del calor de un buen hogar, una buena chimenea o en su defecto estufa. Al llegar estas fechas, uno vuelve a recordar aquellas largas tardes de infancia y oscuridad tenuemente iluminadas por el sereno crepitar de la leña fundiéndose en el fuego. De vez en cuando, alguno de nuestros mayores echaba a la lumbre un puñado de hojas secas o de acículas para entusiasmo del entregado público infantil, que vibrábamos con la fugaz llamarada. “Gozos de suegra” se llamaban. Intensos pero efímeros.

Intenso y efímero ha sido también el espejismo de la prosperidad y el despegue económico regional. Nuestro particular “Gozo de suegra”, huertanamente hablando. 

Por si fuera poco, el Tribunal Constitucional acaba de poner fin – al menos punto y aparte- a uno de los proyectos estrella del Gobierno regional. Tras la declaración de inconstitucionalidad de la disposición adicional octava de la Ley del Suelo, Marina de Cope se va a tener que reinventar.  Y el dichoso aeropuerto, la autovía Cartagena-Vera y el Dios que los crió, también. No pasa nada. Lo pagaremos entre todos y la culpa será de Europa, que se ceba con las cosas de Murcia. ¡Cargaditos de sabia mala leche, si señor!

Para colmo de males, el Tribunal Supremo también ha dicho que verdes las han segado con el llamado “teletransporte” urbanístico. Es decir, el Tribunal ha dicho que la ley no permite regalar a los Ayuntamientos fincas protegidas de escaso precio y cuya edificabilidad es cero, a cambio ganar edificabilidad en otros lugares mucho más interesantes. Algo muy sencillo para cualquier niño capaz de sumar cero a cualquier cantidad, pero que aquí alguien no había entendido bien, lo que traerá importantes consecuencias para el urbanismo de la Región.

Es evidente que el modelo de desarrollo felizmente reinante hace aguas por todos lados. No obstante, la cuestión ahora no es criticar ni lamentarse, sino buscar el hilo capaz de sacarnos del laberinto. De nada sirve la crítica estéril y mucho menos el sostenella y no enmendalla. Lo que ahora toca es autocrítica: asumir y asimilar para mejorar.

No pasaría nada por reconocer que hemos seguido un modelo de desarrollo insostenible, aunque el propio mercado ya se haya encargado de evidenciarlo. El suelo es un recurso escaso y no renovable. Dicho lo cual, aclarar que no tengo nada en contra de los resorts, a diferencia de mis compañeros de partido cuando no gobiernan, sigo pensando que la construcción (que no corrupción) ligada al turismo residencial de extranjeros volverá a ser una pieza fundamental para la economía regional, pero de otra manera, más abierta y transparente y, sobre todo, limitando su desarrollo a unas reglas estrictas en términos de sustentabilidad.

Y, también, habrá que hacer cosas diferentes, porque ser un destino turístico de calidad no se consigue a golpe de construcción de resorts. No sé ustedes, pero yo cada vez que hago el esfuerzo de saltar la tapia de mi casa y salir a ver mundo, raras veces voy pensando en resorts. Viajar es buscar lo diferente, lo singular, es recrearse con la gastronomía y el paisaje. Y de eso, aquí tenemos para aburrir.

El pasado viernes, durante la presentación en la Universidad de Murcia de las conclusiones de un proyecto de la Fundación Biodiversidad sobre la protección del paisaje, descubrimos que en contra de lo que pensábamos, el Convenio Europeo del Paisaje dice que paisaje es cualquier parte del territorio que la población considere valioso. Quizá, a partir de ahora, no tengamos que preocuparnos más de teletransportes ni de Leyes del suelo, sino de lo que cada pueblo piense de su entorno. 

En fin, que nos merecemos otro horizonte distinto al que tenemos y, como dijo mi amigo José Luis Durán mientras presentaba un brillante estudio sobre “Derecho y  paisaje: aproximación al caso de la sierra minera de Cartagena-La Unión”, el futuro depende más de lo que cabe imaginar de un urbanismo responsable y de la defensa del paisaje, que no son un lujo ni una moda pasajera, tampoco propiedad de nadie, sino un recurso económico, social y cultural tan importante como cualquier otro, patrimonio de todos, incluso, de los que aún no han llegado por muy año nuevo que sea.

Por cierto, ¡Feliz año! Les deseo lo mejor para el año 2013. No dejen que la vida les haga peor y hagan mejor la vida de quienes le quieren.
Víctor Meseguer. Cátedra de RSC de la UMU.






 





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