miércoles, 7 de noviembre de 2012

LA CLASE



Alétheia
(…y Tomás Zamora)

VÍCTOR MESEGUER 

CATEDRA DE RSC. UNIVERSIDAD DE MURCIA

(PUBLICADO EN EL DIARIO “LA VERDAD” EL 08-11-2012)


Decía Ortega que “es posible estar alto o bajo de moral, es posible tener la moral alta o estar desmoralizado”. Ateniéndonos a sus oportunas reflexiones podemos decir que  este país necesita un subidón. Teníamos toda la tarde por delante y nada mejor que hacer, porque era viernes. Por eso, decidimos aprovechar el tiempo de la clase para salir de la caverna. Aplicando el Plan Bolonia, le dedicamos tres horas a la teoría y otras tres a una práctica. Empezamos analizando la realidad, un alumno señaló con su dedo nuestro destino y nos dijo: no es la luz al final del túnel, es un tren que se aproxima… 
TEORÍA.- Hoy, la revolución pasa por el gusto por el trabajo bien hecho. Tenemos que poner el énfasis en identificar los nuevos estándares que necesitamos para casi todo: como ser mejor persona, trabajador, empresario, padre, político… Estándares para la investigación, la movilidad y el transporte, la industria del cine..., TODO. También tenemos que empezar a medir cuanto hacemos en función al retorno de inversión de cada euro que nos gastemos, para hacer eficiente nuestro sistema económico y social (lo cual nos lleva a hablar de productividad, no de más horas, sino mayor productividad). Para una cosa y otra, yo partiría de una idea: invertir en personas (más iniciativas sociales y económicas, más emprendedores, mayor eficiencia de las inversiones públicas, mejor administración pública, mejores cualificaciones profesionales, etc.)
Quizás, pedirle al gobierno que resuelva sólo ese problema es exigirle algo que no puede y que, al menos en parte, también es responsabilidad de otros. Tal vez, los demás tenemos algo que decir y podemos hacer algo.  A algunos nos ha ido tan bien en los últimos años, que no somos conscientes de lo mal que lo tiene la otra mitad del país. Ese país que empieza a tirarse por la ventana antes de ser desahuciado. ¿Qué podemos hacer? Muy simple: ser honestos con nosotros mismos, pagar nuestros impuestos y trabajar mucho para construir una región viable cargada de futuro y más humana. No es un empeño difícil, no hay que hacer grandes gestos, basta con intentar ser mejores y no hacer la vista gorda con quienes no lo son. Dejemos de reírles las gracias a los listillos que se jactan de ganar mucho y trabajar poco o, en general, de estafar a sus conciudadanos. Debemos cambiar las cosas y los sistemas que no funcionan. Por ejemplo, ciertos procesos de cooptación de las élites académicas y funcionariales que patrimonializan la transmisión hereditaria del saber y, consiguientemente, del poder. Así podríamos seguir hasta el infinito.
También necesitamos un renovado compromiso ético-político de las empresas con el desarrollo de nuestra región, apelando al principio de subsidiariedad y, por tanto, a su participación activa en la plena realización de los fines del Estado Social y de Derecho.
¿Y los políticos? En este tema no les pude ayudar porque cada día entiendo menos a nuestras ¿élites? políticas. Sólo alcancé a lanzar a los cuatro vientos dos ideas:
1.- La selección española ganó los títulos europeos y mundiales con el convencimiento de  que la base del éxito no era la furia sino realmente jugar mejor y ser mejores que el resto. Necesitamos ideas y reflexiones de vanguardia para una “Nueva Murcia”; pero las instituciones y la política no se renuevan, las mismas caras, los mismos apellidos, los viejos sistemas. ¿Qué tiene que pasar para cambiar de verdad?
 2.- El juego político se sustenta en el poder de las familias en los partidos para colocar al más displicente con el resto de familia y compañeros. ¿Qué hay que cambiar para aupar al más eficiente, para colocar al que mejor lo va a hacer para todos, para poner al que le preocupa el bien común?
LA PRÁCTICA.- Unos días después, una alumna de la universidad me mando un e-mail para decirme que la lección de Tomás Zamora en el máster de Responsabilidad Social le pareció brillante, de las que no se olvidan. Él nos dijo que  la honradez es siempre muy rentable y que la verdad y la transparencia, también. De sus palabras se deducía que ninguna actividad –política, judicial, empresarial o la de cualquier trabajo- es indigna, que sólo hay formas indignas de llevarlas a cabo. Nos habló de su empresa, no desde un punto de vista analítico sino sistémico: donde el todo no es exactamente igual a la suma de las partes. También hizo referencia a los  “procesos” y como éstos determinan la eficacia (consecución de los objetivos perseguidos)  y la eficiencia (el resultado de dividir ese grado de consecución por los costes que ha conllevado hacerlo).
Sin decirlo, como el que no quiere la cosa, nos dijo qué hay que hacer para distinguirse moralmente. Con su docencia y decencia demostró que una de las diferencias –quizás la más importante-estriba  en los valores, las creencias y en un estilo de vida basado en el ejercicio de la “temperancia” antes que en la demostración del capital económico o la posición.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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