jueves, 21 de junio de 2012

Plan Estratétigico de la Región de Murcia


TENGO OTRO PLAN
Víctor Meseguer.
Investigador de la Cátedra de Responsabilidad Social de la UMU.

Diario LA VERDAD 21 de junio de 2012

Todos se reunieron ayer. Empresarios, sindicatos, entidades financieras, universidades, gobierno, oposición… Su objetivo es elaborar un nuevo Plan estratégico para que se encienda la luz al final del túnel. Como decía Einstein, no podemos resolver un problema utilizando la misma lógica que lo creó.
Cada descubrimiento que desnuda a nuestras instituciones, además de desvelar la realidad, supone una razón más para sonrojarse. Confiar el futuro de nuestra sociedad sólo a unos pocos: los funcionarios del capitalismo (Max Webber), los miembros de la superestructura (Karl Marx), los mediadores…, es un error que difícilmente podremos superar. Pero prescindir de ellos sería un error aún mayor. Nos guste o no, nuestras vidas cuelgan de sus manos porque todo da vueltas como un carrusel, aunque siempre son los mismos pegasos (“Pegasos, lindos pegasos, caballitos de madera…”) los que componen el tiovivo del poder.
La respuesta que están aplicando a la crisis, basada exclusivamente en la reducción del déficit público, conduce, de forma inevitable, a un incremento del paro. Es paradójico y obsceno que, junto al enriquecimiento desorbitado de los compradores de deudas, desfallezcan las esperanzas de millones de personas. Más que paradójico: imposible de mantener indefinidamente porque la desesperación de las masas humanas explota cuando su compresión resulta insoportable.
Es difícilmente respirable, y nunca inteligente, una solución de continuidad económica basada en el incremento del paro. Se hace necesario, más que ordenar las reglas del juego, jugar a algo nuevo, diferente, que nos permita a los españoles tener un futuro deseable.
Sin embargo, no es fácil. Para todos, políticos, empresarios, sindicalistas y banqueros, la realidad actual, su propia concepción de esa realidad, les envuelve en una cápsula opaca, la “cápsula de las garantías”, que les impide ver de otro modo. Y necesitamos traspasar ese límite, inventar organizaciones nuevas, nuevas relaciones capaces de abordar la complejidad que define la concomitancia de contradicciones no resueltas –y que, probablemente, no haya que resolver, sino aprender a convivir con ellas-.
Cuando ya nadie cuestiona el papel esencial de la empresa para crear puestos de trabajo, la sociedad no puede entender un modelo sindical que obstaculice el logro de sus objetivos. Incluso, quienes fundamentan su razón de ser en la defensa inabordable de derechos adquiridos, pierden credibilidad en un mundo en el que los nuevos “parias de la tierra”, se hallan cada vez más alejados del mundo laboral. Sindicalmente, ha pasado ya el momento de la negociación con saldo cero (que las conquistas de unos sean a costa de las pérdidas de otros). Cada vez son más necesarios los acuerdos con saldo positivo. Tú ganas = Yo gano. Los sindicatos deben aspirar a constituir no sólo una fuerza reivindicativa de redistribución de la riqueza (o lo que nos espere), sino de propuesta de todas las medidas relativas a las personas, a su competencia, su capacidad de trabajo, su responsabilidad y su desarrollo integral.
Para ello hacen falta también interlocutores capaces de romper aquella cápsula de sus garantías: “empresas ciudadanas” alejadas de prácticas suicidas (aunque ellos lo vean de otra forma), de políticas de tierra quemada. Es asombroso ver algunas reacciones cuando se conoce de prácticas puntuales (por ejemplo, el negocio de expedición y venta de títulos universitarios 'low-quality') que me niego a reconocer como empresariales. Quienes las protegen, o simplemente las justifican, están imposibilitando el nacimiento de verdaderas empresas ciudadanas. Estas no se identifican con objetivos “solidarios”, sino que es su propio “egoísmo inteligente” el que las mueve a compartir estrategias de desarrollo local. Necesitan, y por ello participan, de proyectos educativos; desempeñan un importante papel en la inserción laboral de los marginados y respetan el medio ambiente. Son conscientes de que su emprendimiento sólo puede ser competitivo si su entorno (capital humano, infraestructuras, clima social) también lo es. Saben también que la batalla por la calidad –única forma de supervivencia- sólo se ganará si cada individuo, por modesto que sea su papel, desea libremente hacerlo cada día mejor.
Difícilmente la sinergia de la colaboración sindicato/empresa puede conseguir empresas cada vez más ciudadanas, limpias, morales, sin una participación activa de la Administración. No se trata de una vindicación del “Big Brother” orwelliano, ni siquiera del Estado paternal. Ciertamente, nuestra Región tendrá muchas más posibilidades de desarrollo con un gobierno activista que invierta (y mida el retorno de la inversión euro a euro) en las personas (porque en ladrillos ya hemos hecho suficiente) y su capacidad transformadora. Un gobierno que también invierta sin ambages en  I+D+i (sobre todo en D), canalizando la participación de empresarios e investigadores universitarios (los que investiguen de verdad); unos gobernantes que se identifiquen por su militancia en torno a la protección de los más débiles: los ciudadanos; que nos faciliten a todos el mirarnos a la cara sabiendo, en definitiva, que estamos abordando un proyecto de futuro como seres humanos… Este es el gran reto de cualquier gobierno que mire adelante y pretenda construir el futuro. Yo confío en nuestra capacidad para superar el presente, si elegimos bien a la gente que nos ayude a mirar el futuro.  



jueves, 7 de junio de 2012

Sólo quiero estar contigo...a tres metros del cielo.


ÁNIMO, LA VIDA SIGUE
(Carta a un joven cualquiera)
Publicado en el diario La Verdad el 7 de junio de 2012
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“Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia, que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que, como las madréporas suboceánicas, echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia”. (MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo, 1905)

Supongamos que la crisis se lleva a este país por delante. ¿O por la espalda? Te cuento lo que yo haría.  Me compraría un cuaderno de dos rayas y anotaría todas las cosas que realmente me importan…una mierda: deuda pública, prima de riesgo, activos tóxicos, etc. También algunas escenas pornográficas protagonizadas por los rostros más significados de los poderes del Estado. Dejaría de mirar la vida en sus trazos gruesos y sólo le prestaría atención a los más difusos, aquellos que sólo se perciben desde la distancia, con los que Matisse contó tantas y tantas historias íntimas. Me aferraría a lo que ellos no me pueden quitar: lo que le da color a los días, el tic tac y el perfume del pecho en el que acurruco la cabeza al llegar las noches, sus sabores…  Los abrazos llenos de quienes me harán vivir en la eternidad más allá de mi existencia. El placer del trabajo bien hecho. La vida.
Los hijos de esta gran nación, somos el resultado de los avatares históricos que parieron buenos o malos maestros. En uno y otro caso, la escuela no ha dejado de ser, un procedimiento institucionalizado de reproducción social. Pero siempre que la historia permitió llegar a los mejores a las aulas, al menos aprendimos quiénes éramos y qué ocurría a nuestro alrededor. Fuera de las aulas, en nuestras calles de hoy, la tesis de la competencia como valor absoluto corrompe de fuera a dentro la bondad innata del hombre, huérfano de guías que le ayuden a construir sueños y deseos, más allá de la satisfacción de necesidades. Consiguientemente, los pupilos no pueden conocer lo que el maestro ignora y el entorno social les niega.
Nuestra herencia no ayuda nada. Siempre dudé de aquellos valores religiosos de la justicia divina, el forzoso valle de lágrimas… cuando en mi entorno, los aprovechados de la desgracia ajena y de la desigualdad siguen siendo los poderosos (parece que estos no renuncian a ningún paraíso, terrenal o mágico).
Cuánto más sibilino y fácil es alienar la mente con dogmas de izquierda o de derecha que arriesgarse a la libertad y al buen juicio de la inteligencia y el análisis racional; sobretodo en las fases más moldeables y receptivas de los futuros ciudadanos.
Los actuales actores (con perdón) educativos han bebido de las fuentes de quienes por acción u omisión hicieron desaparecer las aportaciones de la Institución Libre de Enseñanza y la sociedad laica y racionalista del primer tercio del S.XX. Nuestras instituciones educativas desde ese fatídico momento, tanto en los centros de primera enseñanza como en las universidades, fueron controlados por los principios del “glorioso” movimiento nacional, el dogma, una casta de vencedores y un liberalismo sólo en lo económico, sustentado en un sistema policial y de ausencia de libertades y pensamiento crítico.  De aquellos lodos, nosotros y sobre nosotros nuestros maestros.
Hoy los rectores son elegidos democráticamente por la comunidad educativa universitaria. En los últimos días están demandando recursos económicos para mantener la calidad y autonomía ante los poderes políticos. Sin embargo, ni en sus mejores momentos, nuestras universidades consiguieron los primeros puestos en el ranking mundial. ¿Inocentes?
Sí, hemos vivido un tiempo trivial y lo sustancial necesita madurez, requiere reflexión, pasado y futuro. Hoy no hay tiempo para nada de ello. El presente se instala en el pensamiento como paradigma de lo real: de lo único real. No es verdad. Y, sobretodo, no es verdad para aquellos que como tú tenéis toda una vida por construir.
Nada de lo desconocido, mueve nuestro interés. (Rousseau. El Emilio). Nadie desea lo que desconoce, nadie se afana por lo que no desea, nadie disfruta con lo que no consigue. Para muchos jóvenes aprender a mirar y entender la realidad social y económica, aprender a desear, aprender a discernir y tomar decisiones representa la única posibilidad de alcanzar un proyecto de vida elegido. Todo lo demás es humo. 
Quedará lo aprendido, quedarán los errores,.... y espero que no quede la ausencia de valores que impregna nuestro sistema educativo.  Los valores son los cimientos de una sociedad y la nuestra se construye sobre una base bien precaria. Así nos han ido las cosas, así hemos construido urbanizaciones en el aire y, de seguir así, no hay futuro más allá de la repetición de la historia: un enriquecimiento ficticio que oculta la pobreza estructural de nuestra España.
De nuevo, como después de nuestras grandes crisis de país toca regenerar España y esta vez hacerlo bien, contando con lo mejor de nuestro país, sin caer en la tentación de la mediocridad, cómoda por silenciosa y cómplice. Si algo debiéramos aprender es que los milagros no existen, ni siquiera los laicos;  el camino no es corto (ni tampoco lleva a Marbella), y los valores apuntalan el progreso de nuestra sociedad.
No es tiempo para el desánimo. Todo estará bien al final, si no está bien, todavía no es el final… La  vida sigue. Es vida.  

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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