miércoles, 29 de febrero de 2012

¿ÉLITES?

DIARIO LA VERDAD DE MURCIA, 1 DE MARZO DE 2012
Víctor Mesguer

¿ÉLITES?
"Mas ahora es el hombre quien fracasa por no poder seguir emparejado con el progreso de su misma civilización. Da grima oír hablar sobre los temas más elementales del día a las personas relativamente más cultas. Parecen toscos labriegos que con dedos gruesos y torpes quieren coger una aguja que está sobre una mesa. Se mangan, por ejemplo, los temas políticos y sociales con el instrumental de conceptos romos que sirvieron hace doscientos años para afrontar situaciones de hecho doscientas veces menos sutiles." (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

Jaume Matas vino a decirle a “El Follonero” que lo suyo era lo de todos pero que a él le habían pillado.  Con el miedo en los tacones, rompió el miedo y nos hizo ver que nada es tan complejo como dicen. Sí, todo es muy simple: hay gente que quiere aprovecharse de otra gente y la engaña. Lo más grotesco no es verle a él o a Urdangarín con la intimidad al descubierto, sino esa triste sensación de que sólo son ejemplos visibles de esa otra parte del ser humano que siempre ha convivido con nosotros, pero que en determinados momentos y circunstancias resulta más indomable. Sobre todo, cuando sabes que otros también han perdido el interés por domesticarla con la naturalidad de quienes se sienten impunes.
Ellos, sólo son una muestra de lo que hoy prolifera. Sí, empieza a dar cierto pudor ver a las élites de este país –políticas, económicas y sociales- arrastrándonos por un túnel que sólo encuentra luz para sus intereses creados.
La política se ha reducido a un escaparate de hipocresía, a un ir y venir de mentiras que no responden más que al interés de manipular voluntades para defender intereses espurios. Sin dejar de otorgarle el valor debido a los últimos anuncios publicitarios de textura progresista del actual Gobierno, que todos esperábamos del anterior gobierno progresista: limitación del sueldo a los banqueros, avance de la fiscalidad progresiva, análisis ¿En serio? de la dación en pago, etc. Lo que verdaderamente me preocupa es el telón de fondo: las políticas que se están adoptando al dictado de Merkel, que nos conducen a  una privatización irreversible del Estado social de Derecho. Es como si todas las razones que durante el siglo pasado llevaron a la Democracia Cristiana y a la Socialdemocracia europeas a la construcción de un modelo social, que garantizase que todos pudiéramos vivir y convivir en un clima de paz social, no hubieran existido nunca. 
La economía ha dejado de tener interés por la economía. Nuestros ahorros y nuestro consumo ya no están al servicio de la economía productiva, sino de una ingeniería financiera al servicio de unos pocos que consiguen amasar grandes fortunas a través de operaciones especulativas. Un nuevo paradigma que ha abducido a muchos empresarios, incapaces de procesar y que estaban escribiendo su propia nota suicida. Quizás, este sea un buen momento para que algunos rompan filas y  reivindiquen su hombría. Los empresarios de verdad tienen que señalar a quienes no lo son, y a quienes los han llevado a un naufragio, que es el nuestro como sociedad. El futuro de nuestras empresas no sólo pasa por la reforma del mercado de trabajo y, sobre todo, por la última reforma que sólo va a servir para financiar a sus empresas a costa de los trabajadores. Su repentina euforia no tiene sentido y es más propia de empresarios con poca molla en la mollera y cortedad de miras: débiles con los fuertes, fuertes con los débiles. Como dice Forges: “Las empresas que perdonen las deudas a la Administración cobrarán antes”. ¿Y con los bancos? ¿No se les ocurre nada? Se buscan empresarios valientes ¿Oigaaaa…hay alguien ahííí?
A los sindicatos no nos faltan razones para salir a la calle, aunque, quizás, deberíamos preguntarnos si nuestra conducta en los últimos tiempos no constituye una razón más. Lo digo sin ánimo de ofender, sólo me inspira la honestidad intelectual hasta donde la falta de ignorancia me alcanza. Aunque los míos esperen de mí que me instale en lugares comunes, lo que la sociedad espera de nosotros es que sepamos aprender de nuestros errores para  volver a ocupar el importante lugar que nos corresponde. ¿Hay sindicatos de parados? ¿Hay que inventarlos? ¿Hacemos una reconversión? El problema ahora no es cómo está el que trabaja. El problema es cómo hacer que señores empresarios hagan feliz a un infeliz. Se nos llena la boca cuando hablamos de lo dramático del paro, las cifras del paro, la desgracia del paro,... a ver quién da más. Pero ¿Quién puede evitar esa desgracia tan desgraciada? Los propios infortunados, convirtiéndose en autónomos, emprendedores o los señores empresarios. Eliminemos el dogma medieval del explotador abusador e impulsemos al héroe que hace feliz a un desgraciado. Démosle aliento a los empresarios, pero, eso sí,  a los de verdad. 
Como cantaba Paco Ibañez: “Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse”. Maldigo a quienes hacen de su supervivencia un fin en sí mismo, maldigo a las élites que no lo son. Maldigo al hombre que no es digno de los mejores atributos que acompañan a su naturaleza. Porque su simpleza, egoísmo y cobardía me rozan y me hieren… ¿Élites? 


viernes, 17 de febrero de 2012

(48,7)


…y ginebra aromatizada con (Ñ)ora
La Verdad, 16  de Febrero de 2012
VICTOR MESEGUER 

 ¿Por qué España tiene la tasa de paro juvenil más alta de la UE con más de un 48,7%? 

Antonio -un chaval de veintitantos, con infinita sonrisa y mucha educación- hacía caer la tónica sobre el vaso. El líquido se deslizaba suavemente, a modo de tobogán, por una cucharilla trenzada para evitar que con el impacto se rompiera y perdiera todo el gas. ¿Sabes qué? Falta una buena ginebra murciana a la que especien con ñora”.
Sí, quizás, una forma creativa de cambiar nuestro modelo productivo consista en no cambiarlo sino, simplemente, hacer mejor y más barato aquello que sabemos y podemos hacer. Por ejemplo, somos la segunda potencia turística mundial (por ingresos) y, acaso, ahora, lo más importante no sea ascender sino profundizar.
Un dato: diez millones de visitantes optan por hacer algo más que turismo en nuestro país: turismo gastronómico, enoturismo,…y un buen gin tonic para que se sientan como en casa. El desembolso medio diario de un turista gastronómico creció un 7%, en contraposición con la subida del 1% del turista general ¿Interesante, verdad?
Sí, la cosa apunta maneras. Tenemos una gran riqueza de productos naturales y nos sobra imaginación para transformarlos en una cocina fresca, abundante, colorida, llena de sabores y texturas.  Olla gitana, brócoli marinado, bajocas con nitrógeno líquido, cazuela de almadraba... Pero además de llamar a los turistas para que se lo coman aquí, deberíamos intentar empaquetarlos para venderlas en Rusia, Alemania o Francia. Así, de paso, hacemos industria para emplear a alguien sin formación (que hay alguno que otro).
El problema es que antes tenemos que arreglar algunos asuntillos. Por ejemplo, los turistas son muy desordenados para viajar, se mueven cuando a ellos les interesa y así no hay quien se organice. Siempre faltan camareros para las horas punta como resultante de un simple análisis coste-beneficio. La derivada es evidente: subida de precios o pérdida de calidad o privación de oportunidad de negocio.
Por todo esto, me ha causado cierta perplejidad las razones alegadas para no introducir en la reforma laboral del pasado viernes, la fórmula de los mini empleos (nini  jobs), que tan buen resultado ha dado en Alemania. Para que se haga una idea, lo de los mini jobs es algo muy parecido a lo que hacen muchos jóvenes que se ganan unos euros poniendo copas los fines de semana, pero, en el caso alemán, cotizando a la Seguridad Social para que sepan de que va eso de cotizar a la Seguridad Social, ya que antes o después se van a acabar enterando y se va a liar. La Sra. ministra no lo  ve.  Por eso estos trabajos sólo existen en la economía sumergida,  porque como está sumergida tampoco se quiere ver.
Sin entrar en la lógica absurda, que lleva a algunos a pensar que cualquier empleo es mejor que ningún empleo, ¿No convendría una serena reflexión sobre nuevos caminos de acceso al mercado de trabajo y nuevas ideas para la contratación de colectivos que no encuentran empleos, porque no hay empleos para ellos que puedan encontrar?
Y claro, todo esto se me ocurrió en voz alta y me gané la amonestación de mi vecino de barra,  un profesor que parecía muy puesto en la materia y en Aldous Huxley. Me recordó que los mini empleos (mini jobs) son... pues eso,  para que los empresarios aumenten sus ganancias a costa de la pérdida de derechos laborales ¡Ah! ¿Sí?  ¿Qué derechos? La mayoría de estos chicos  nunca han trabajado o están en la economía sumergida. A ver, y digo yo, por qué todos los que dais consejos a los demás de cómo gestionar las empresas para hacer un mundo feliz, no ponéis en marcha una empresa (al menos uno de cada dos) y sentís lo que significa la responsabilidad de tener que pagar la nómina a final de mes y, de paso, acabamos entre todos con el desempleo. Esta última propuesta tendría, además, un segundo efecto positivo ya que al haber sobredemanda de empleo, las empresas tendrían que competir por incorporar a los mejores y, consiguientemente, mejorarían las condiciones de compensación y desempeño de los trabajadores. Vamos, no me joda.
¿Y si las facultades y escuelas técnicas de las universidades españolas crearais centros de trabajo o mini polígonos industriales, de carácter público/privado, a través de microempresas que pusierais en marcha los docentes? De esta forma, los licenciados desarrollarían competencias profesionales en la práctica y, además, tendrían un empleo de inserción que apuntaría al aprovechamiento de todas sus posibilidades profesionales.
Desenlace: La  reciente reforma del trabajo sólo va a servir para darle más alas al mercado, pero sin aterrizar en las necesidades reales de nuestro país: quebrar el verticalismo empresarial y laboral; situar el foco de la negociación colectiva en las empresas y su realidad económica, organizativa y productiva; rescatar la formación y reciclaje profesional de componendas economicistas; penalizar la economía irregular mediante el castigo a los delincuentes y la amnistía para quienes se acojan voluntariamente a programas “viables” de reeducación y reinserción; perseguir el fraude y el abuso en el disfrute de las prestaciones de nuestro sistema de protección social.. Y todo esto no sólo compete al gobierno, es un compromiso por el futuro que nos convoca a todos, especialmente, Antonio, a aquellos que como tú (trabajadores o emprendedores) tenéis todo por ganar. El resto ya hemos empezado a perder.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Prohibido hablar de la cosa


PROHIBIDO HABLAR DE LA COSA
DIARIO LA VERDAD DE MURCIA, 2 DE FEBRERO DE 2012
VÍCTOR MESEGUER

Hay que ver cómo está la cosa, pues sí que está mal la cosa… ¡Mecaguenelqueno! El dueño del bar empapeló el local de fotocopias: ¡Prohibido hablar de la cosa! 

Para paliar la falta de liquidez, los que estuvieron allí, con Zapatero, subieron el IVA y, ahora, Rajoy ha subido el IRPF por tramos. ¿Travestismo político?  Me tienen más despistado que una cabra en un garaje.

Nicolás Sarkozy (conservador) pide un nuevo orden mundial y la regulación del capitalismo. Obama (progresista) afirma que no apoyará la idea europea de la tasa Tobin y José Bove (líder antiglobalización) pide tumbar el acuerdo del tomate con Marruecos. ¡Esto es para mondarse! Es lo que tiene la silicona industrial: ya nada es lo que parece o, quizás, sí. Yo qué sé.

Aquí no hay quien viva. Necesitamos un discurso humanista frente al activismo capitalista y anticapitalista. Por eso, yo no tiré ninguna piedra en Davos, tampoco en Seattle ni en Praga.  

Los cristales que caen en pedazos de sus ventanas hieren la credibilidad de otra idea de progreso. De que sea así, ya se encargan los dueños de los telediarios.

No obstante, el estruendo que hacen al caer nos despierta de la siesta del único modelo posible, pues se evidencia que hay quien lucha contra él.

Aquellos que se enfrentan contra la globalización con la piedra de David (es mentira que golpeara jamás el rostro de Goliat), salvan su vida en una transformación de la energía. Convierten la rabia, la impotencia, la inexistencia de caminos, en una explosión liberadora contra “lo establecido”.

Probablemente no tengan alternativas, pero tienen vida. Saben lo que saben y no es poco; aunque no sean capaces de cambiarlo por lo que desconocen, se levantan de su sillón y luchan. 
 
Sí, es probable que a los Goliat del capitalismo les venga bien. Pueden evidenciar la diferencia entre sus armas automáticas, silenciosas, eficaces, y el estruendo salvaje de cualquier intifada. Carreras, saltos, violencia descontrolada contra el orden perfectamente uniformado que protege el orden.

Es como si ante la globalización actual sólo cupiera la alternativa de los cristales rotos. Y no es verdad. No cabe nada porque, según su propio discurso, el liberalismo capitalista puede no ser perfecto, pero es inevitable. Nos dicen que la lucha contra él es la utopía extravagante que sólo incrementa los perjuicios de lo ineluctable.

Pero si la verdad no es patrimonio de nadie, la parte de esta que corresponde al capitalismo salvaje es lo ineludible de la globalización, como proceso inherente al actual sistema  de las comunicaciones.
Su engaño estriba en hacernos asumir el actual arquetipo globalizador como único factible. Desaparecen los instrumentos de control político atrapados en la red financiera planetaria. Con ellos, las diferencias entre izquierda y derecha. 

Pero es imposible que lo que sólo es una relación entre seres humanos, no ofrezca alternativas a la pobreza, la desigualdad y la explotación. Nadie puede creerse que la diferencia entre pobres y ricos deba seguir creciendo un 50% cada tres décadas porque así lo ha decidido un dios inmarcesible.

No existen leyes físicas que determinen la injusticia. Los únicos dioses culpables somos los hombres.

Si la globalización es un resultado de la huella del hombre, hagámosla humana. Destruyamos la actual de la única forma que pueden destruirse las cosas: sustituyéndolas.

El hombre debe constituir el motivo y el eje de la sustitución de la globalización sin alma. Lo demás sólo son instrumentos. En ese nuevo orden carece de sentido crear riqueza si no se adecuan los medios para repartir las oportunidades de producirla.

La aplicación de impuestos a las transacciones financieras y de reposición compensatoria; reglamentación internacional de las actividades financieras y de las empresas transnacionales, la creación de un Tribunal Penal Internacional para quienes violen los Derechos Humanos: civiles y políticos;  económicos, sociales y culturales; medioambientales... Existen instrumentos adecuados para las externalidades de la globalización. Aunque una ínfima minoría ha confiscado el poder y acumula riquezas hasta la obscenidad, los ciudadanos somos más, muchos más y consumimos y nuestro consumo incrementa sus plusvalías.

No son utopías, pero requieren voluntad, participar activamente, pasar de la indignación y del dolor espectáculo (ese que nos hiere momentáneamente apagándose con el mismo interruptor del televisor) al dolor humano que exige respuestas.

Si a usted todo esto le parece especulación etérea, haga un último esfuerzo, levántese del sillón y asómese por la ventana, seguramente verá como sigue supurando la herida del mundo que estamos permitiendo. Se desliza por nuestra propia piel en pateras, naufraga en la economía sumergida y las prestaciones por desempleo: son 5.273.600 personas. Más pronto que tarde, no habrá flotadores para todos. 

No acalle el silencio. Tome conciencia de que el lugar que ocupa en este mundo es el de víctima. Bueno, puede ser el de víctima o artífice de otro mañana en igual medida. La cosa puede cambiar en tan sólo un segundo. ¡Implíquese! Escriba su propia historia y la de sus hijos y la de los hijos de sus hijos.

PD. Acuso recibo de un mail que me envía un joven amigo: “Víctor, la historia siempre la escriben los que se creen vencedores, pero la memoria habita en cada cual y nadie puede escribir encima...” Gracias.

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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