DIARIO LA VERDAD DE MURCIA, 1 DE MARZO DE 2012
Víctor Mesguer
¿ÉLITES?
"Mas ahora es el hombre quien fracasa por
no poder seguir emparejado con el progreso de su misma civilización. Da grima
oír hablar sobre los temas más elementales del día a las personas relativamente
más cultas. Parecen toscos labriegos que con dedos gruesos y torpes quieren
coger una aguja que está sobre una mesa. Se mangan, por ejemplo, los temas
políticos y sociales con el instrumental de conceptos romos que sirvieron hace
doscientos años para afrontar situaciones de hecho doscientas veces menos
sutiles." (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).
Jaume Matas vino a decirle a
“El Follonero” que lo suyo era lo de todos pero que a él le habían
pillado. Con el miedo en los tacones,
rompió el miedo y nos hizo ver que nada es tan complejo como dicen. Sí, todo es
muy simple: hay gente que quiere aprovecharse de otra gente y la engaña. Lo más
grotesco no es verle a él o a Urdangarín con la intimidad al descubierto, sino
esa triste sensación de que sólo son ejemplos visibles de esa otra parte del
ser humano que siempre ha convivido con nosotros, pero que en determinados
momentos y circunstancias resulta más indomable. Sobre todo, cuando sabes que otros
también han perdido el interés por domesticarla con la naturalidad de quienes
se sienten impunes.
Ellos, sólo son una muestra
de lo que hoy prolifera. Sí, empieza a dar cierto pudor ver a las élites de
este país –políticas, económicas y sociales- arrastrándonos por un túnel que
sólo encuentra luz para sus intereses creados.
La política se ha reducido a
un escaparate de hipocresía, a un ir y venir de mentiras que no responden más
que al interés de manipular voluntades para defender intereses espurios. Sin
dejar de otorgarle el valor debido a los últimos anuncios publicitarios de
textura progresista del actual Gobierno, que todos esperábamos del anterior
gobierno progresista: limitación del sueldo a los banqueros, avance de la
fiscalidad progresiva, análisis ¿En serio? de la dación en pago, etc. Lo que
verdaderamente me preocupa es el telón de fondo: las políticas que se están
adoptando al dictado de Merkel, que nos conducen a una privatización irreversible del Estado
social de Derecho. Es como si todas las razones que durante el siglo pasado
llevaron a la Democracia Cristiana y a la Socialdemocracia europeas a la
construcción de un modelo social, que garantizase que todos pudiéramos vivir y
convivir en un clima de paz social, no hubieran existido nunca.
La economía ha dejado de
tener interés por la economía. Nuestros ahorros y nuestro consumo ya no están al
servicio de la economía productiva, sino de una ingeniería financiera al
servicio de unos pocos que consiguen amasar
grandes fortunas a través de operaciones especulativas. Un nuevo paradigma que
ha abducido a muchos empresarios, incapaces de procesar y que estaban
escribiendo su propia nota suicida. Quizás, este sea un buen momento para que
algunos rompan filas y reivindiquen su
hombría. Los empresarios de verdad tienen que señalar a quienes no lo son, y a
quienes los han llevado a un naufragio, que es el nuestro como sociedad. El
futuro de nuestras empresas no sólo pasa por la reforma del mercado de trabajo
y, sobre todo, por la última reforma que sólo va a servir para financiar a sus
empresas a costa de los trabajadores. Su repentina euforia no tiene sentido y
es más propia de empresarios con poca molla en la mollera y cortedad de miras:
débiles con los fuertes, fuertes con los débiles. Como dice Forges: “Las empresas que perdonen las deudas a la
Administración cobrarán antes”. ¿Y con los bancos? ¿No se les ocurre nada?
Se buscan empresarios valientes ¿Oigaaaa…hay alguien ahííí?
A los sindicatos no nos
faltan razones para salir a la calle, aunque, quizás, deberíamos preguntarnos
si nuestra conducta en los últimos tiempos no constituye una razón más. Lo digo
sin ánimo de ofender, sólo me inspira la honestidad intelectual hasta donde la
falta de ignorancia me alcanza. Aunque los míos esperen de mí que me instale en
lugares comunes, lo que la sociedad espera de nosotros es que sepamos aprender
de nuestros errores para volver a ocupar
el importante lugar que nos corresponde. ¿Hay sindicatos de parados? ¿Hay que
inventarlos? ¿Hacemos una reconversión? El problema ahora no es cómo está el
que trabaja. El problema es cómo hacer que señores empresarios hagan feliz a un
infeliz. Se nos llena la boca cuando hablamos de lo dramático del paro, las
cifras del paro, la desgracia del paro,... a ver quién da más. Pero ¿Quién
puede evitar esa desgracia tan desgraciada? Los propios infortunados,
convirtiéndose en autónomos, emprendedores o los señores empresarios.
Eliminemos el dogma medieval del explotador abusador e impulsemos al héroe que
hace feliz a un desgraciado. Démosle aliento a los empresarios, pero, eso sí, a los de verdad.
Como
cantaba Paco Ibañez: “Maldigo la poesía de quien no toma partido,
partido hasta mancharse”. Maldigo a quienes hacen de su supervivencia un fin en sí mismo, maldigo a
las élites que no lo son. Maldigo al hombre que no es digno de los mejores
atributos que acompañan a su naturaleza. Porque su simpleza, egoísmo y cobardía
me rozan y me hieren… ¿Élites?

