miércoles, 18 de enero de 2012

¿Qué está pasando?



 Juan Antonio Segura y Víctor Meseguer*

DIARIO LA VERDAD 19 DE ENERO DE 2012

La última lectura que hemos compartido ha sido “Los enamoramientos” (Javier Marías, 2011). También hemos coincidido en una conclusión: leer es como besar, a quien no lo hace con frecuencia se le acaba notando en la boca. Ahora hemos decidido escribir juntos, no sin antes advertirle, querido lector, que somos lo que hacemos y puede que les parezca que hablamos de cosas distintas, pero no es así. Porque, como en la novela, somos más lo que pensamos y sentimos ¿Oiga, y dónde está el equilibrio? Pues pasa como con nuestras novias (una forma cariñosa de llamar a nuestras chicas después de tantos, tantos años…viviéndonos), que cada uno tiene la suya o, quizás, simplemente, que ellas son nuestro equilibrio. Empieza el diálogo.

-  Toc, toc, toc,.. ¿Quién llama? Son sólo las diferencias de los otros.-  Que pasen, que lleguen, que cuenten. Arriba el telón de las diferencias, el valor de los cambios, arriba el telón de la ciudadanía. Es la hora de nuevas soluciones e ideas para los viejos problemas que nos afectan.

- Te ha quedado de lujo, Juan Antonio. Pero no me creo nada. Fíjate en mis colegas del PSOE, siguen instalados en el “gatopardismo” (cambiar algo para que todo siga igual): ¿Rubalcaba o Chacón? Los dos son buena gente, quizás, de lo mejorcico del PSOE, pero da igual. Para quienes conocemos la Organización por dentro, sabemos que la cosa va de élites de número que gobiernan el partido, y una  sustituye a otra. Una con una y así sucesivamente.

El que gane le pondrá cara a sus ideas o a las de otros pero, sobre todo,  a los intereses de quienes no dan la cara y usan la cara de otros para pelear por lo suyo, ¿Y los ciudadanos? Hay miradas ilusionadas pero también incrédulas, escépticas. En cualquier caso, la inmensa mayoría vive ajena a sus cuitas. No han sido invitados. ¡Qué lástima! Porque vivimos tiempos apasionantes, donde lo que importa no es quienes somos individualmente, sino quienes somos colectivamente. Sin embargo, parece que esto le da mucho miedito a un partido de izquierdas. No sé por qué será…

- Pues algo va mal, Víctor. Será, tal vez, por el pánico endémico que tienen al cambio, nuestras administraciones, universidades, nuestros políticos, empresarios, sindicatos, nuestras organizaciones sociales y también los propios ciudadanos. ¿Será porque el cambio de formas de pensar, de mirar y de actuar, lleva también al cambio de personas? Claro, el problema es que el cambio, las diferencias con el otro y las diferentes respuestas nos plantean interrogantes, poniendo en cuestión a los propios protagonistas y responsables de las formas de actuar en escena hasta el momento. 

- Juan Antonio, creo que vas bien encaminado. Aunque, como te decía, es el momento del “nosotros” frente al “individuo”, la realidad evidencia que la política se ha “profesionalizado” y es difícil que un hombre entienda algo cuando su sueldo depende de que no lo entienda, y menos aún, que permitan que se les cuele alguien que no entienda lo que ellos sí entienden. Por eso, los mejores ya no tienen entrada; constituyen una amenaza para el equilibrio del subsistema partidista. El resto, casi tampoco. Un subsistema donde las ideas son una especie en peligro de extinción,… donde la charlatanería sustituye al verdadero discurso político. Es el imperio de la superficialidad de la que las diferentes ejecutivas socialistas han dado sobrados ejemplos.

- Pero, Víctor si perdemos las ideas, si perdemos los valores y los principios, lo perdemos todo y nos encontraremos con un mundo en el que lo material, la avaricia del tener y el individualismo circularán con libertad absoluta, mientras las personas, el valor de lo colectivo y la solidaridad se moverán con la dificultad de un barco varado: un mundo en pleno retroceso en el que resurge con fuerza el miedo al otro, a los diferentes…

- ¡Cuánta verdad dices, amigo! La diversidad hace la diferencia. No podemos permitirnos un mundo donde la ideología sólo sea una excusa para que algunos legitimen sus intereses e invulnerabilidad y donde los intereses corporativos o privados sean los que gobiernen los asuntos públicos. Es una derivada de la estupidez y el egoísmo de los seres humanos. En algún sitio, creo que fue, aunque no me hagas mucho caso, en el “Mundo de Sofía”, leí hace tiempo algo así como que habría justicia en el mundo, si la reencarnación existiera y nuestra nueva vida se desarrollara en un país, en una clase social, en un individuo, de forma aleatoria. Yo opino, sin embargo, que no es necesario creer en ninguna reencarnación, bastaría con que viéramos a nuestros hijos, a nuestros nietos, a veces incluso a nosotros mismos, en ese futuro que estamos dibujando tan absurdamente. Sólo te pido que me comprendas, ser socialdemócrata hoy no es fácil, aunque es más apasionante que nunca: el reto ya no pasa exclusivamente por redistribuir la riqueza, sino también las oportunidades para producirla. Quizás nada sea así, y todo esto sólo sea la lógica consecuencia de intentar pensar cuando la razón viene sobrecargada de tantas y tantas emociones… ¿Qué está pasando en el PSOE? ¿Qué está pasando en nuestra sociedad?  “Se ríen de mi porque soy diferente. Yo me río de ellos porque son todos iguales” (Kurt Cobain, requiescat in pace).


* Entre otras cosas, Juan Antonio Segura es director-gerente y Víctor Meseguer, patrono, de la Fundación CEPAIM (Acción Integral con Migrantes).




jueves, 5 de enero de 2012

LOS TRES


Víctor Meseguer
DIARIO LA VERDAD, 5 DE ENERO DE 2012

Incienso: Ya no sabía si tenía ganas de ascender, dejar la calle, aquel modo de vestir para parecer uno más de la chusma, con su barba y sus pelos pelirrojos de bote, largos y sucios, disfrazado de indigente, o de camello,  o de él mismo ya.
No sabía si quería poderse poner un traje, como el inspector, no estar todo el día tirado –a veces le acompañaba un compañero-, persiguiendo el humo (porque a nadie le interesaba apagar la hoguera, la borrachera de avaricia de los banqueros es demasiado negocio como para eliminar el efecto “ley seca”). Esa verdad hacía ya demasiados años que le había impregnado la piel de otro humo que también ahoga el futuro, el escepticismo hecho hollín asfixiando todos los poros.
Se había cagado en los 222 euros anuales de subida del IRPF no porque le importara mucho que se lo subieran (que también), sino porque le apetecía cagarse... y de paso partirle la cara a aquel jefecillo de despacho que no abría la boca para que no se le cayera el carnet del PP.
Ahora le habían destinado a la brigada de inmigración. Al principio se había divertido preguntando a los morenos el “padrenuestro” y el “diostesalve”. Al fin y al cabo no hacía sino seguir las consignas de un cardenal, un tal Giacomo Biffi, que afirmó -allá por el año 2000- que “hay que favorecer la entrada de inmigrantes católicos frente a los musulmanes, ya que son culturas incompatibles”.
Dado que él tampoco era católico, el tema le había aburrido enseguida, ahora se dedicaba a perseguir negros de color, que eran fácilmente identificables. Por eso iba detrás de aquel que se disponía a entrar en la sucursal bancaria. Lo único que le jorobaba es la seguridad que tenía de que eso agradaba a su jefecillo; mierda de humo.
Oro: Le escocían desde hacía tiempo las barbas postizas, el puñetero camuflaje que había comprado era evidente que no resistía la prueba del tiempo, aunque éste fuera solo de unas horas. Le habían aconsejado que se comprara unas de pelo natural, pero costaban un dineral.
El mismo consejo que le hubieran dado para la peluca, si no fuera por los ojos de vaca loca que le había puesto al dependiente cuando le dijo el precio de las barbas. Aún así daba el pego, no se sabe bien de qué, pero daba el pego.
Desde luego, no se parecía para nada al capullo ese que hacía ya tres horas había bajado del andamio dispuesto a cambiar la vida para que los Reyes Magos le pudieran comprar un algo a sus chiquillos.
Lo de ayer había desbordado su vaso, un enorme vaso en el que se habían ido acumulando mentiras,  engaños, despidos,  contratos “en negro”, recortes, mas recortes, ya no hay nada que recortar…. Lo que más le tocaba las narices era  tener que seguir pagando la hipoteca después de que el banco le birlara el piso (aunque, bien pensado, se ahorraba el IBI). Lo de menos, los diez cursillos de reciclaje que los del sindicato le habían endiñado en el último año (que si inteligencia emocional, que si responsabilidad social del sector financiero, que si…), números que falsean las cifras del paro para regocijo de políticos que argumentan la existencia en gráficos de ordenador; cortos, inversamente cortos a la angustia de la vida.
Su amigo Jaime había convertido la estadística en gritos primero y luego una inmensa soledad en los ojos de Lola, su mujer. La puta máquina que nunca tuvo nadie tiempo de arreglar.
La pistola no funcionaba, ni estaba cargada, pero tenía que ser suficiente para cambiar su vida en la sucursal bancaria.
Y mirra: Ser negro en España es jodido, si no eres Michael Jordan o Beyoncé, pero éstos no son negros, son blancos peculiares. Porque aquí el color que importa es el del fondo de los bolsillos. Una gama conveniente transforma al “moro” en “árabe” y al inmigrante en turista.
Siete meses de sol a sol, sin salir del invernadero, no da para pagar las deudas que se han dejado atrás, y mucho menos para traer a la familia.
Los empresarios no firman ningún contrato porque eres “ilegal”... para que te den los papeles necesitas un contrato. A muchos compañeros los han detenido y expulsado. No conozco a ningún empresario al que hayan detenido. El capataz siempre nos dice que nos vayamos antes de que vengan unos señores que dicen que son inspectores. Debe ser capataz porque los huele de lejos, inspira profundamente el aire después de sonar su teléfono.
Él lo sabe. Hace tiempo que debió cambiar de oficio. Como dice su mejor amigo, Tutu, al que el incremento de la prima de riesgo y del  déficit público le han obligado a cambiar el trabajo en los invernaderos por el comercio minorista: “Esto es mejor, hierba que me ha dado un amigo para vender, a veces también me fumo algo. Es ilegal, pero yo ya soy ilegal, y me permite mandar dinero a mi familia”.
Cuando se abrió la puerta de la sucursal, y entraron, un niño, ajeno al belén que se iba a montar, gritó tirando entusiasmado del brazo a su madre ¡Mamá, mamá, han venido los tres!


VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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