jueves, 20 de septiembre de 2012

Artículo de Joaquín Sanchez, "Los miserables" La Opinión, 15 de septiembre de 2012



Los Miserables

Joaquín Sánchez (cura de la cárcel )

Publicado en la Opinión de Murcia el sábado, 15 de septiembre de 2012

Son esas personas que causan la miseria, la pobreza, la marginación, la exclusión y el empobrecimiento. Los miserables no son los que viven en la miseria y en el umbral de la pobreza, porque en infinidad de ocasiones muestran su dignidad y su solidaridad. Los miserables suelen vestir muy bien, van encorbatados, traje caro, buen reloj, móvil de última generación, perfumados, hablan muy fino, buenos coches. Tienen una gran capacidad de influir en las decisiones que afectan a la ciudadanía. Se sitúan por encima del bien y del mal.
Son miserables porque no les importa la gente, sólo ganar dinero a costa de lo que sea. Desprecian la vida de los demás de una manera encubierta e incluso utilizan la mentira para decir que toman decisiones dolorosas, que son provisionales, para generar crecimiento y empleo, cuando son decisiones que, por una parte, condenan a millones de seres humanos a la pobreza y a la muerte y, por otra, son medidas encaminadas a que los de siempre sigan obteniendo más beneficios.
Son miserables porque manipulan la realidad, diciendo que buscan el bien de los ciudadanos, pero lo que pretenden es seguir enriqueciendo a esa elite social, cuantificada en el 1%, y simultáneamente siguen destruyendo las condiciones mínimas para una vida decente de ese resto inmenso que constituye el 99%.
Miserables son los periodistas que manipulan las informaciones para adecuarlas a los intereses de los banqueros, políticos y grandes fortunas.
Son miserables los políticos porque regatean el derecho a la salud de las personas, utilizando a los inmigrantes como mera tapadera de sus fines privatizadores. Son miserables porque siguen recortando los medios económicos a las personas más desfavorecidas. Miran con lupa las ayudas a los que viven en la miseria, mientras ellos tienen grandes sueldos, privilegios y prebendas.
Son miserables porque a los que viven en la miseria los llaman gandules, vividores de las ayudas públicas, parásitos de la sociedad de bienestar. Son miserables porque se muestran arrogantes, prepotentes, orgullosos y soberbios.
Son miserables porque nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando lo que quieren decir es que no están dispuestos a que la gente pueda tener derechos básicos y fundamentales como la educación, la sanidad, la vivienda, el trabajo, la defensa judicial, y en otro orden de cosas, el ocio. Son miserables porque dicen que se tiene que notar su riqueza sobre los demás. Si un trabajador tiene derecho a la atención sanitaria, que incluya pruebas diagnósticas, tratamiento, operación quirúrgica, medicamentos ¿qué diferencia hay entre el que tiene riqueza y el obrero? Según ellos, ninguna. Por tanto, al obrero hay que excluirlo de una atención médica integral. El que quiera un escáner que se lo pague, como ocurren en los Estados Unidos, para no vivir por encima de nuestras posibilidades.
Son miserables porque dicen que no podemos tener un Estado de Bienestar, sólo el que podamos pagar. Evidentemente, si a los banco, es decir, a los miserables de los banqueros, se les da todo el dinero público, por no tener no podemos tener ni siquiera Estado. Son miserables porque quitan lo necesario para vivir a esa gente que más ayuda necesitan, como son los dependientes, los discapacitados, los parados, los empobrecidos, los mayores, los enfermos, los jóvenes. Son miserables porque se niegan a modificar la ley hipotecaria en el Congreso de los Diputados, una ley que está causando unos 517 desahucios diarios, mientras los bancos reciben miles de millones de euros. Esos diputados que han rechazado la dación en pago, el alquiler social y la moratoria en los desahucios son unos miserables.
Son unos miserables porque hablan de sacrificios, pero, claro, que lo hagan los otros, cuando quienes lo piden viven en la riqueza y el lujo. Que el Rey Juan Carlos pida en el discurso de Navidad esfuerzos y sacrificios a los españoles, y en cambio se permita el lujo de ir a cazar elefantes, con coste por pieza de unos 30.000 euros, muestra un comportamiento miserable. Todavía rechina en mis oídos la frase de una madre que decía que en Nochebuena sólo pudo poner en la mesa un plato de sopa y unas patatas fritas a sus hijos.
Oigo a María Dolores de Cospedal pedir sacrificios y que los españoles van a entender las medidas de estos tremendos recortes, y los que están por venir, cuando ella tiene tres sueldos y ha intentado colocar a su marido en la Red Hidroeléctrica de España para poder cobrar un sueldo anual de 120.000 euros. ¿Será porque no llega a final de mes? Políticos miserables que entienden la política como un medio de enriquecimiento y no de servicio al pueblo.
Me gustaría creer que en este colectivo de miserables aún queda algún resquicio para cambiar su corazón, para ponerse en lugar del otro.

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