jueves, 30 de agosto de 2012

UN PAÍS IMPARABLE


“UN PAÍS IMPARABLE”
Víctor Meseguer & Víctor Meseguer
PUBLICADO EN EL DIARIO  "LA VERDAD" EL 30-08-12


Poco a poco, nuestra realidad va adquiriendo un color ceniza. Es como si algún chambón hubiese tirado por la ventana la colilla encendida de un Cohíba Siglo VI sobre un paisaje donde se acumulan troncos mutilados, ramas secas, restos de cortezas, hojas caídas, pastos yermos, etc. Es como si cada día hubiera más gente pero menos personas.
En un país que parece no tener prisa, el turismo sigue siendo la principal exportación de España, aunque va camino de invertir su tendencia pese a que el gobierno ha retrasado hasta pasado mañana el aumento del IVA en el sector del 8 al 10%.
Las estadísticas son concluyentes: la demanda nacional así como el turismo de segunda residencia y de retorno están en continua caída; sólo un tibio incremento de la entrada de extranjeros con papeles ha supuesto un respiro para la maltrecha economía española. Británicos, alemanes y franceses son los que más se desplazan a nuestro país y pagan por la pernoctación. Sin embargo, la novedad de este año ha sido el notable incremento de visitantes norteamericanos, seguramente como consecuencia de la debilidad del euro. 
Los que visitan Murcia deben ser muy despiertos y por eso duermen menos. Según los datos publicados aquí, las pernoctaciones de visitantes no nacionales caen en la Región un 8,2%, mientras en el conjunto de España suben un 4,3%. Desconocemos las razones, ni idea de este tema.
De todos los territorios que se bañan en la costa mediterránea peninsular, Cataluña es la que registra el mayor incremento. También ignoramos los motivos, aunque no se nos escapa que hablamos de realidades distintas y, quizás, no comparables.
No obstante, les podemos hablar de lo que hemos visto durante nuestras vacaciones en el Baix Empordà (Gerona). El mar y la montaña no se limitan a los famosos arroces o a las albóndigas con sepia. Este territorio explota con acierto la belleza de sus calas y la autenticidad de su interior. Un interior agrario, tradicional, profundo pero al mismo tiempo abierto y preparado para acoger a belgas, rusos, franceses…, que anhelan experimentar la vida rural o, al menos su parte buena, durante sus vacaciones.  
Hay gente que hace bien su trabajo, que no renuncia a la tradición ni tampoco a la modernidad. El carnicero de Sant Jordi Des Valls, un pueblo de poco más de 600 habitantes,  es un buen ejemplo. Un joven que no llega a la treintena y que regenta el negocio fundado por sus padres. Una carnicería fantástica, donde se venden embutidos que él mismo elabora artesanalmente. El letrero de la tienda ya avisa del suculento interior: “Embutidos artesanales de matanza”,  y nosotros, que somos débiles y dados a los pecados de la carne, empezamos a salivar. El chico prepara unos salchichones tremendos pero, además, nos comentó que se ha especializado en todo tipo de cortes: argentinos, brasileños… Un chico de pueblo con la cabeza bien amueblada, con amplitud de miras y con ganas de adaptar el negocio de siempre a lo que viene. Él no es una excepción; por ejemplo, en casi todos los comercios, las dependientas, incluso las más entradas en edad, se manejaban en una tercera lengua.
La cocina de la zona, que hoy alcanza fama mundial gracias a Adrià o a los hermanos Roca, es un reclamo para turistas extranjeros de los que pagan. Visitantes que no vacilan en coger un avión para ir a cenar al Celler de Can Roca y disfrutar de la profesionalidad y cuasi perfección de la cocina gerundense, adaptada por las minuciosas manos de cocineros de altura.  Mientras nos hundimos, las estrellas suben al cielo. En medio de la sangría del sector, ni un solo restaurante con tres estrellas Michelin ha cerrado sus puertas: “La feina ben feta, ni té fronteres ni té  rival” (La faena bien hecha, no tiene fronteras ni tiene rival). 
Del comercio y del bebercio que disfrutamos nos quedamos con el Picasso, en la desembocadura del Ter, y con el  María de Cadaqués, toda una institución en Palamós y en el conjunto de la Costa Brava. Del primero, destacaríamos que es posible ofrecer calidad a precios populares. Del segundo, que la receta del éxito está en quienes somos. Si combinamos lo mejor de nuestras raíces mediterráneas con nuestro campo, nuestra huerta y nuestro monte; si no perdemos el norte, la humildad, “somos un país imparable”.
Mientras nos poníamos las botas en el María de Cadaqués no pudimos evitar escuchar la discusión de nuestros vecinos de mesa: “Lo insostenible (decía con el que más empatizamos) no son los servicios públicos, lo insostenible es el fraude fiscal”. En nuestra mesa añadimos al instante: también  son insostenibles los pelotazos y la falta de profesionalidad.es

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