domingo, 12 de agosto de 2012

LOVE´S AGES: ...Y LOS 90


love´s ages 
PUBLICADO EN LA VERDAD DE MURCIA 13-07-2012
víctor meseguer
Y LOS 90
Nos casamos en 1988 después de cinco años aprendiéndonos. Él irrumpió en nuestras vidas poco antes de que terminase el verano del 90, llegó antes de lo previsto ¿Tendría prisa?
Nosotros, “que nos queremos tanto”, pasamos el verano esperando, preparándolo todo para cuando él apareciera. Yo, ajeno a lo que se me venía encima; ella, como de costumbre, cargando con todo el peso de aquel acontecimiento. La verdad es que nos venía fatal, como siempre suele pasar con quien llega antes de tiempo y casi sin avisar.
Me pilló durmiendo la siesta  y el muy imprevisible me apremió a salir pitando… Y allí estaba, sin despeinarse la lisura de la piel, es decir, calvo; llorando como un descosido: era nuestro bebé.
Sabíamos que los cimientos de la vida que habíamos construido hasta ese momento se verían alterados pero, a la vez, éramos conscientes de que eso era lo menos importante ¿Teníamos instrumentos para ir abriendo, poco a poco, sus ojos al mundo que le esperaba? ¿Seríamos capaces de hacer de él un ser honesto? ¿Acertaríamos a  enseñarle todos los matices de la vida y de la suerte que había tenido por venir al mundo? ¿Conseguiríamos hacer de nuestras vidas un ejemplo para él? ¿Sería paticorto, como yo? Teníamos una mochila llena de preguntas y los bolsillos vacíos por la hipoteca del piso, porque el interés corría al veinte y tantos por ciento (en el fondo fue una suerte, aprendimos 365 formas distintas de cocinar la patata). Estábamos dispuestos a poner toda nuestra voluntad y amor incondicional, pero no dejaba de ser una aventura sobre la que había que dejar hacer al tiempo.
Fueron años irrepetibles. De repente, todo se rompía en casa porque el crío, como su papi, tenía azogue, un no parar; mientras fuera, caía  lo que quedaba del Muro de Berlín y de aquel frío mundo bipolar, pero esto no fue culpa de él. Se suponía que un sol de Coca Cola iluminaría nuestras vidas, aunque la realidad es que las congeló. Los biberones, la hipoteca y las circunstancias me exigían trabajo duro, bien hecho, así como un creciente compromiso político. Como siempre. Entonces, salimos adelante.

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